viernes, 25 de enero de 2013

RESEÑAS I - POETAS ANDALUCES. Celia Bautista, " A orillas de la carne"



RESEÑAS DE OBRAS DE POETAS ANDALUCES

A ORILLAS DE LA CARNE  de CELIA BAUTISTA







 


A PROPÓSITO DE "A ORILLAS DE LA CARNE"
 DE CELIA BAUTISTA
PREMIO ANDALUZ DE POESÍA "VILLA DE PELIGROS, 2008"
DIPUTACIÓN DE GRANADA. GRANADA. 2008




Con el verso de Vicente Gallego “Ese instante tan mío que ahora habito”, abre Celia Bautista (Riotinto, 1953)  este poemario A orillas de la Carne, vencedor del Premio Andaluz de Poesía Villa de Peligros 2008,  en el que la memoria  se hace  artífice de una intensa elegía de los mejores instantes del amor hasta el punto que poesía erótica y poesía de la memoria se entrelazan  tramando finamente la urdimbre de un sugerente y apasionado poemario, enriquecido de espléndidas imágenes en las que la luz  y los sentidos juegan un delicado papel de escenario intemporal, detenido en la contundencia de los instantes evocados.

Y ese habitar el instante es un revivirlo, así “Entrar en la memoria es como entrar/ en un sueño lejano…” nos dice , intentando apresar de nuevo  “Esa rosa instantánea/ que quedó/ entre las hojas vivas de las horas./” y la furia de la sangre ,metáfora del espejo de la mar crispada por el levante que se alza como “Manadas de alazanes/ con sus crines al viento…”, que habita en la epidermis de una carne que el tiempo no logra abatir, pues su fulgor es tan intenso como su elegía, que viene cargada de esperanzas de trascender: “Si yo supiera, amor, conformar mis deseos/ a esa caricia tenue que vuela de tus manos/ y esa mirada verde que se crece con la duda,/ seríamos la luz que tamiza la tarde.”

Esa pretensión de futuro, es a veces un resorte de la memoria “¿Te acuerdas de aquel tiempo en que estrenábamos/ miradas encendidas cada tarde..?” y sin dolor, con un recurso al humor más fino , dirá  “ No salen a buscarte,/ como era su costumbre,/ las fresas de mi pecho,/Cuando sienten tu hambre insinuante/ acercarse a la huerta de mi piel.”.  Hermosa conjunción de Eros y Cronos: “ Acudo a mis recuerdos/ de puntillas./ Y hojeo una a una mil imágenes/ capaces de incendiar/ al mismísimo olvido.”   

Incendio cuyos rescoldos permanecen  en Las brasas que aún remueve la badila, poema en dos partes, que comienza en la evocación : “Fue un tiempo rutilante de cerezas,/ de noches embriagadas …/ …/Fue un tiempo del que quedan/ ay amor ,/ las brasas…/”  y continúa con la llamada  al amor : “ Por eso, amado mío,/ no temas si te digo que te asomes/ al abismo entreabierto de mis labios,../” culminando con la  urgencia de la incitación: “Aligera tu atuendo/ y ponte sólo/ las rosas que en la cima de algún sueño/cultivé para ti.” En otros poemas el juego se manifiesta rotundamente: “Cubierta me dejó/ de un tiempo sin fronteras,/ leve como la luz…/ “

Mas, el designio del tiempo hace que lo que ayer fue sublimación sea hoy sólo memoria, pero memoria que aún encierra el deseo de un mañana, así  “Si llegases y vieras que mi puerta/ se encuentra ya entornada,/no llames, ni te apures./ Sólo entra.” Mientras tanto  “Hay un silencio enorme en las estancias/ donde dicen que viven los recuerdos…/”

Un hermoso poemario, rotundo, cerrado, sin estridencias, con la serenidad que da la madurez de una poesía asentada en la certeza del camino.


© F.Basallote
Publcado en Papel-Literario 12/12/2008


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