viernes, 20 de diciembre de 2013

ARTÍCULOS. UNA POESÍA DE LA LUZ



UNA POESÍA DE LA LUZ













Existe una  poesía de la luz, denominación que en la poesía contemporánea  tiene el más claro ejemplo en la poesía de Elytis: “En el principio la luz y la hora primera”. La luz es un elemento fundamental en su lírica basada en  la raíz esencial del arte griego: “los europeos y los occidentales,  hallan siempre el misterio en la oscuridad, en la noche, mientras que los griegos lo hallamos en la luz, que es para nosotros algo absoluto…”, dice el poeta.    En nuestra poesía están y estarán siempre presentes  los versos de Juan Ramón: “Y en esa luz está tú;/pero no sé dónde estás /no sé dónde está la luz.” o “ Luz vertical,/ luz tú/ alta luz tú,/ luz oro;/ luz vibrante, luz tú./ Y yo la negra, ciega, sorda sombra horizontal”, recogido en La estación total con Las canciones de la nueva luz, un libro fundamental en la trayectoria poética de Juan Ramón Jiménez  en su  " anhelo creciente de totalidad".


Su poema: “Luz vertical, / luz tú/ alta luz tú, / luz oro; / luz vibrante, luz tú. / Y yo la negra, ciega, sorda sombra horizontal” nos conduce directamente al último libro de  Andrés Sánchez Robayna,  “La sombra y la apariencia”,(Tusquets, 2010) , sin luz no hay sombra; sin sombra, no hay luz humana: “Donde incluso la sombra/ tiene luz, / allí el verano/ se dice. // Donde la oscuridad/ te dice, / palabra, / aún dices luz”.  Un poeta de la esencialidad que en la luz  realiza su visión poética, en un cierto parecido juanramoniano  en el camino de la totalidad. .


En El umbral,(Pre-textos, 2011), María Victoria Atencia    , manteniendo las coordenadas esenciales de su ubicación poética, muestra una disposición  a incluir algunos aspectos si no nuevos, si con otro sentido- de ahí el nombre del poemario- , un sentimiento liminar en el que el tiempo delimita espacios elegíacos   con una pretendida intención de evocaciones  aunque sin dejar de lado esa pureza del presente tan propia de su poética , “ el fulgor del instante”.   Siempre la luz, la  belleza de la naturaleza: el agua, los pájaros, las flores, los árboles …en una presencia que, dual, se manifiesta al mismo tiempo en meditación, como el íntimo envés del mismo espejo trascendiendo la realidad al canto o al ensimismamiento: “ Los pájaros también, los pájaros que eran/ como una reflexión que mantuviese/ suspensa de las alas su respuesta,…” o “¿ Pues qué podría yo testificar de mí, al margen/ del silencio preciso, para que se cumpliese/ la perfección de un lirio que se alzara en su tallo,/…” , para llegar a la necesidad de la soledad: “ Necesito sentirme a solas de algún modo/ para poner mi nombre en los labios del agua,/…”  y a una entrega luminosa que trasciende de sí hasta la más bella estancia de la belleza:  “ Puedo entregarme a ti, ruiseñor de lo alto y tan ajeno/ a ti que eres un yo que estuviese cantándote,/ sucesiva hermosura que un instante en el alba /se atreve a detenerse/ sobre una tierna rama ya suspensa en la luz/…”


En Oír la luz, (Tusquets,2009) de Eloy Sánchez Rosillo  es dentro de su inconmovible esencia elegíaca un paso más en la senda que él mismo definía en cierta ocasión: “El poeta, en su caminar,…debe despojarse de todo lo que no le es absolutamente necesario…”y en función de ello, adelgaza mucho más la línea en una aproximación al esquematismo temático, sin dejar de lado su alianza perpetua con la luz, combinando certeramente elegía y cántico, memoria y celebración.

  
El retorno es pues una reinterpretación del gozo, incluso de los más elementales: “Por eso es muy hermoso y tiene tanto/ que ver con la alegría/ que, inesperados y resplandecientes,/ hayan querido regresar ahora…”, nos dirá el poeta  en la evocación de los cantos matinales de los gallos en el pueblo lejano, o la evocación de la casa  de sus padres: “ Tenía dos balcones que daban a una plaza./ El sol de la mañana entraba allí a raudales/ y todo lo encendía./ Ahora, en mi corazón lo noto entrar./ Y enciende estas palabras.”  Retornar, es reencontrarse con la luz primera: “He vuelto a este lugar del corazón, y hay/ una luz semejante a la que había aquí /en mis años primeros…”,  hasta tal punto que “Siempre es nueva la dicha de los ojos/ cuando vuelve la aurora...”. La dicha, que a veces es en su elementalidad tan grande que hace decir al poeta: “Ojalá que esta tarde, tan amarilla y dulce/  como un topacio que se va apagando/ no se pierda del todo cuando acabe.”


En este retorno a esa luz  hay un reencuentro consigo mismo  y “ ...me pregunto aún quien soy/ y por qué todavía/ al mirarme de cerca en el espejo/ sigo viendo un enigma,..” reencuentro en el que surge un cierto descubrimiento “Me aproximo al que acaso soy, a ese/ que intuyo o sueño y se me desdibuja/ en confusos afanes todavía.”..


En  Aluvial (Poemas 2007-2008),(Pre-textos,2010)  de Tomás Segovia, hay una presencia  luminosa de la naturaleza, - en la que se adivinan trazas del paraíso de Aleixandre-   tratada de una manera casi franciscana. Dirá:  “Las hojas allá arriba están danzando/ Balancean sus ágiles racimos/ de indolente minucia…”, y al modo de Issa Kobayashi le hablará al viento: “No te quedes allí en esa media altura/ leve viento indeciso…” o “ Tendré que poner algo de mi parte/ Este tímido soplo embebecido…” y gozára con los árboles en primavera: “ Están los chopos ya metiendo la cabeza/ En este limpio sol tan de primera agua…” y con los pájaros: “Los pájaros saltando revolviéndose/ Dentro del blando seno del follaje/ Que traspasa un sol aúreo…” .


La trascendencia ontológica de la poesía de Enrique Barrero (Sevilla, 1969),  se nos muestra en Instantes de luz (Ateneo Jovellanos, 2011)  de forma  metafísica, y hondamente humana en la sincera expresión de una intensa  e incesante inquietud que se derrama en estos poemas transidos de  “ la luz alta de mi propio extravío…”.  Y , es que la luz de estos instantes es una luz interior, personal, dócil al pensamiento del poeta, así dirá en su primer poema La luz en las vidrieras : “ Sólo con la caricia/ que hasta el tacto elevara el pensamiento / viene la luz a las vidrieras solas,/…” , es una luz que “…Acude mansamente a nuestro encuentro/ sin alumbrar apenas, Ignorando/ que el corazón la aguarda…”, luz que en su inmaterialidad carece de la alegría tangible de las cosas y en la perspectiva que impone la distancia es a veces tenue destello en lo sombrío:  “ He visto en estos campos/ la tristeza abatida de la luz como un silbo/ sobre el cansancio ocre/ de la tierra…” , una luz del mundo que difiere de la  que en su corazón espera: “ He visto sin quererlo la pobre luz de cieno/ que entre las calles oscuras  esculpe la miseria…” . Porque el poeta sólo vive para una luz pura, así dice claramente: “Si entre todas las luces yo pudiera/ elegir una luz os pediría/ la eterna luz del agua…”


Facetas de la luz, como reflejos de un diamante que a través de la voz de los poetas, nos llega desde la rotundidad vertical al segado vuelo rasante de su brillo.


F.Basallote

martes, 17 de diciembre de 2013

ARTÍCULOS. POESÍA DE LA COTIDIANIDAD II




POESÍA DE LA COTIDIANIDAD II














Ya hemos tocado en anterior artículo algunos poemarios que se podrían incluir  en la denominada  poesía de la cotidianidad . Hoy incidimos en el tema , incluyendo en la relación autores de acusada personalidad que tocan aspectos de lo cotidiano con su impronta , en esta corriente  motivada, sin duda alguna, por el peso y trascendencia de la actualidad en la vida de las personas y consecuentemente en la poesía, como siempre pegada al mundo..


Matar a Narciso,(Alfar, 2012), de Alejandro Pérez Guillén es una obra de madurez  y de superación. Y es en esa lucha cotidiana de superación poética donde consigue eliminar esas reminiscencias de mito de la liviandad, volviendo la vista al mundo abierto de lo cotidiano, como una especie de descubrimiento en la otredad el sentido verdadero y trascendente de su poética. Tanto es así que afirmando esa mirada a lo circundante comienza por su propia raíz en la tierra y en la historia: “En la prehistoria del hombre,/ en los hogares de la cueva/ el sueño de la tiza/ duerme fiel bajo el fuego de la piedra./…/Allí en la historia de un pueblo/late la poesía/ como un corazón en silencio.” .  Y se detiene en el paisaje, no como apropiación estética, sino como espacio común: “…/En otoño el río Ubrique es/ una mancha de sombras empapadas/ que todavía el sol no ha conquistado,/ errante hilo de sangre/ que da vida al paisaje,…”;. Sin embargo triunfa la cotidianidad,  la constancia del instante: “Ahora mismo regreso al presente./Salgo a la calle y siento el olor de la vida…” y todo se hace repique de campanas, “balada del balón en la alameda”,la lluvia haciendo caligrafía en el suelo,  “ el gris cansancio del camino…”, elementalidad cotidiana .


Manuel  Senra , en El libro de la sed, (Guadalturia, 2012), , habla de un tiempo presente, del instante de la cotidianidad, “…Viajo solo/ Pero dame, en el cuenco de tu mano, / el agua de mi sed, para el regreso.”,   aparente contradicción pero es que “…voy camino de otra parte,/ de otro tiempo de sombras….”, y es aquí donde el poeta muestra la verdadera raíz de su encrucijada, viene del pasado a otro tiempo, y en este instante  se manifiesta la constancia de la sed y la claridad del peregrinaje de la búsqueda: “ No es el agua, es la sed/ -dura angustia de dardos en mi pecho-” y hay como un presagio de futuro : “ Como si yo ya fuera…Como/ si mi boca estuviese en las esquinas/ redondas de sus besos…” , que se manifiesta en el despertar de un tiempo nuevo “En la quietud dormida de la noche/ se disipan los sueños, y amanece/. Y comienza la sed de cada día…”; un tiempo nuevo en el que  “…Aúlla la inasible sed del beso,…”


En Las palabras acostumbradas, (Guadalturia,2012) , Lola Crespo escribe  una tercera parte, “En la esquina de los días”, en la que la poesía se hace desgarradamente cotidiana, como un inventario de catástrofes, en el que la palabra yace y emerge en grito, en espejo de desolación., tiempo del Apocalipsis en el que “Tras unos ojos enjaulados/ sólo te observan tus miedos.” , aunque la palabra es aquí no solo lamento, sino denuncia como en el poema “Hora de cristales, tiempo de vidrio” en el que los desalojados del sistema, los desarraigados, tienen su representación  : “En esta hora de cristales,/ una mujer duerme/ en el cajero de un banco,/ en el centro de la ciudad./…”   Un bellísimo poema- acusación a esta sociedad mercantilizada y materialista en este tiempo, en el que a pesar de todo, “…no hay climalit posible que aísle de la nostalgia/…”  que representa el grito unánime, las palabras cuchillo para esta sociedad  en la que “un presentador de TV traduce el sonido de la muerte.” Y es que la cotidianidad , hoy, viene cargada de sangre y desgracias.


Onia Valero, nos presenta  un poemario “Galería de mundo y olvido”(Ed .En Huida, 2013) en el que demuestra con una acertada perspectiva sobre el paisaje que la cotidianidad le ofrece una poesía llena de madurez  en el camino emprendido hacia la búsqueda literaria de su verdad, que se abre ante sí prometedoramente. Se expresa en un rico lenguaje, lleno de afortunadas metáforas e imágenes que bordan el surrealismo, la fuerte cotidianidad expresada como un medio agreste, incómodo y lacerante para  su fragilidad , con el que el poeta  dialoga y a veces transmite las angustiadas cuestiones que la vida le presenta: “…/A veces quiero hablar sólo mitades/ para abrirme el hígado la sonrisa limpia/ que traza el escalpelo y ver brotar así/ el hemisferio de negrura que me completa/ en la cara lavada del espejo./…”; “…Sé que frente al espejo no soy más / que este puñado de rutinas,/ estos zapatos gastados/ y, sin embargo, estoy viendo mis ojos/ redondearse en un asombro ignoto,/….” , aunque en la normalidad de lo  cotidiano tenga que encontrarse consigo mismo en la ciudad: “ Es normal caminar y desandar/ las avenidas anchas y templadas: / Pisar como a palomas muertas, fechas/ que nos relatan quiénes hemos sido…”   ; “ ..Qué viento urbano te suspende,/ balancea tu anatomía/ de cadáver novato/ por la tarde en ciernes ./…”. Y en este escenario se hace patente la poesía: “… cuando aún/ la poesía no era el labio duro/ donde llagarse,/ la carne abierta por la que decimos./…”, que será “ Búsqueda …/…/ susurro táctil que permita ondas/ un instante…” .


En  Explicaciones no pedidas (Visor, 2011), de la escritora colombiana Piedad Bonett está presente la propia experiencia cotidiana: “Ahí están. Deambulando/ como deambula Pedro por su casa…”, dirá en “Los viejos inquilinos” , haciendo de un asunto de convivencia una meditación sobre la misma. La vida, bien  familiar :  “Al otro lado del teléfono/ mi hermana habla de fiordos, de glaciares,/ de rías, de bahías…/…/ No le digo a mi hermana lo que en su fondo sabe/ que lo que quiere atar allá se queda;…” o ciudadana : “Con sagrada puntualidad/ vuelven los mendigos a ocupar sus lugares…”, es presentada de una forma de ninguna manera indiferente.  En Cuatro historias minúsculas, partiendo de lo cotidiano, en cuatro partes distintas del mundo, llega a lo trágico. No hay como en la primera parte una especie de rutina vivencial, aquí cada poema presenta dos tiempos, una fractura de la emoción que termina en la muerte: “ Se trata de Sun Danyong, un joven chino./ Dicen que tenía veinticuatro años/ que ensamblaba piezas de aparatos electrónicos/…./Nadie sabe otra cosa/ salvo que saltó por la pequeña ventana de su cuarto de dos por dos/…/ Leo la noticia en Google…/”. O las dos caras de la convivencia: “ Era feliz/ Así opinaban todos/…/…ella /consciente de su dicha, la exhibía/ como una colegiala exhibe una medalla./…/ Él, que era desdichado, vino a saberlo tarde./ Bastó una frase, / una pequeña piedra desprendida/ del túmulo formado por los años./…”.

 No cabe duda que esta nómina  sería extensa; pero no es nuestro afán antologar, sino mostrar algunos de los poetas que actualmente ciñen a esta corriente su creación actual.

F.Basallote,



ARTÍCULOS. LA HERMOSURA DEL INSTANTE



LA HERMOSURA  DEL INSTANTE












Junto al amor y la memoria, en cierto modo uncidos  a él, el paso del tiempo es una de las constantes en la Poesía. Desde siempre han cantado los poetas la fugacidad del tiempo. El “tempus fugit” cuya expresión aparece por primera vez en los escritos de las Geórgicas, de  Virgilio: «Sed fugit interea fugit irreparabile tempus».o sea: "Pero entre tanto huye, huye irreparable el tiempo…”.  Ante ese fluir del tiempo, Horacio  dirá en sus Odas: “Carpe diem quam minimum credula postero”," Aprovecha el día, no confíes en mañana". Para el problema irremediable no existe otra solución que aprovechar el tiempo como sea…  Aunque lo verdaderamente necesario, sería detener ese paso implacable… Así Goethe, en el gozo del instante llegó a pedir: ¡Detente, instante! ¡Eres tan hermoso! y otro poeta, distante en el tiempo y en el espacio, el mexicano José Emilio Pacheco llegará a decir: “Minuto, enigma irrepetible”  .Encontramos en la poesía actual casos en los que destaca ese brillo fugaz del instante:

En  Aluvial (Poemas 2007-2008),(Pre-textos, 2010), de Tomás Segovia(Valencia, 1927)    hay una presencia  luminosa de la naturaleza,     tratada de una manera casi franciscana. Dirá:  “Las hojas allá arriba están danzando/ Balancean sus ágiles racimos/ de indolente minucia…”, y al modo de Issa Kobayashi le hablará al viento: “No te quedes allí en esa media altura/ leve viento indeciso…”   y gozára con los árboles en primavera: “ Están los chopos ya metiendo la cabeza/ En este limpio sol tan de primera agua…” y con los pájaros: “Los pájaros saltando revolviéndose/ Dentro del blando seno del follaje/ Que traspasa un sol aúreo…” , deteniendo el tiempo en sus versos claros.

Es El umbral, (Pre-textos, 2011),  un poemario de Mª Victoria Atencia (Málaga, 1931), en el que, manteniendo las coordenadas esenciales de su ubicación poética, muestra una disposición  a incluir algunos aspectos si no nuevos, si con otro sentido- de ahí el nombre del poemario- , un sentimiento  en el que el tiempo delimita espacios elegíacos en los que la función de la memoria participa de una manera más intensa aunque sin dejar de lado esa pureza del presente tan propia de su poética , “ el fulgor del instante”. Y late en esa búsqueda el ansia de posesión de ese fragmento de tiempo: “Qué puedo hacer en lo que va de instante/ de un tiempo sucedido y ya hueco de ti/…/ qué puedo/ hacer sino inventarte…”,  y se preguntará: “Y cómo he de nombrarte, hallazgo mío, /…/…fulgor de ese instante/ en que fueses haciéndome y rehaciéndome…”.  ´Siempre la luz, la  belleza de la naturaleza: el agua, los pájaros, las flores, los árboles en una presencia que, dual, se manifiesta al mismo tiempo en meditación, como el íntimo envés del mismo espejo trascendiendo la realidad al canto o al ensimismamiento: “ Los pájaros también, los pájaros que eran/ como una reflexión que mantuviese/ suspensa de las alas su respuesta,…”


.En Mundo dentro del claro (Tusquets,2012), Vicente Gallego (Valencia,1963) alude al mundo en relación con el espíritu.   Este libro es una celebración total del  universo: una profunda oda a lo natural, a lo puramente sensorial, dentro de una armonía. Hay dentro de esta  poesía una serie de elementos que la hacen distinta, muy cercana a la forma oriental  ya vigente en la frase zen que encabeza el libro: “ El verdadero vacío, la maravilla de las cosas”  y presente en todo el poemario por esa aproximación al haiku, no solo por la consagración de lo  instantáneo y su imbricación absoluta en la naturaleza, sino por su sintetización formal: “Se hizo sin pensar/ me vi partiendo, al borde del camino/ la rama del hinojo/…”, toda una “iluminación”  al más puro estilo zen. Hay en todo el poemario un tono celebratorio, una especie de canto al mundo y a sus elementos: “Suavidad de este aire,/ beso audaz de la tierra,/ perdón claro del fuego,/abismo de la luz,/ murmullo de las aguas,/ ¿no ha de alzarse mi estrofa?/…”  y al mismo tiempo una clara intención de depuración poética: “ ¿Se puede con el hueso del poema/ -pelado del decir, servido en blanco- / convidar su pulpa, darlo pleno?/…”, para llegar a decir: “descárname, palabra, y abre mundos.”, como sistema de profundización en este territorio de la pureza del poema, que se ciñe al misterio de lo sencillo y de lo instantáneo, para la mejor interpretación del mundo: “En este eterno instante/ todo está comprendido, lo grueso, lo sutil,/de la cósmica noche y de su día.”. Y al mismo tiempo una comunión con él: “ Bajo la dejadez del cielo azul,/ a orillas del mar, cumplido el día,/ arena entre mis dedos, sal de amor/ en esta intimidad de la ola blanca”, tan hermosamente definida y tan contundente: “ En el pecho sufrido de la noche,/ la plata del lucero.”,  bajo el poderoso influjo  del  instante luminoso: “…Antes, antes, entero y vivo, un destello –la avispa-/ prendió fuego a los mundos.”.
En “Canción errónea”, (Tusquet, 2012), Antonio Gamoneda, escribe unos poemas que dejan al margen su hondo pesimismo y su constante aproximación al vacío, en los que de pronto aparece una especie de contemplación de la belleza del mundo, de ese “accidente” entre dos inexistencias, que él canta en la gloria de su belleza efímera. Y en este canto hallamos poemas en los que ese instante es magnificado como sucede en este poema a Venecia:  “…Veo el perfil de las ojivas cárdenas/ y grandes lámparas sobre el agua nocturna./ Vivo la incandescencia y me invade un clamor: un mar de música/ se aloja en mis cabellos./ Es/ la hora sin tiempo/…Mira ante ti/ como si fuera a amanecer.”,  en esa “hora sin tiempo”  aparece el milagro luminoso del instante, el tiempo en su máximo esplendor.
Lola Mascarell , (Valencia, 1979), con “Mientras la luz” ha obtenido el XIII Premio Internacional de Poesía Emilio Prados, del Centro Cultural Generación del 27. Editado por Pre-Textos (Valencia, 2013), “Mientras la luz” es una constante celebración del instante, ese espacio breve e intenso entre la luz que aparece y su despedida, ese “mientras la luz” permanece en el fulgor de su exuberancia esplendorosa. En el primer poema del libro que se titula de igual forma, dice: “… Todo está en la ventana, soy el marco/ que reúne y contiene los compases/ de este instante inmortal, de este intervalo./…”. Y en esta celebración hay un cierto paralelismo al haiku, en cuanto la poeta se coloca fuera del suceso, como aquellos haijines recorre su camino y descubre el  espíritu del mundo: “ …Frente a mi, en el jardín, sobre la hierba,/ hay un pájaro muerto/ con las alas abiertas hacia el cielo.” ; llegando a aproximarse tanto al haiku como en: “…El oro atenuado de la tarde/ dibuja en el vacío/ un camino de polvo y de nostalgia  , “…Recuerdas, y es muy nítido el recuerdo,/ las palabras leídas tantas veces,/…” .  
Susana Benet, (Valencia, 1950)s una de las mejores escritoras de haikus de España,. Es autora de los siguientes libros de haiku: Faro del bosque, (Pre-Textos, 2006; Lluvia menuda, (Ed.Comares, 2007), Huellas de escarabajo (Editorial Comares, 2011), y numerosos “libros de artista”, de tirada limitada, con acuarelas y haikus. Sus haikus están recogidos en las principales antologías de España como: Brisa del mar y Perro sin dueño (ambas de la Universidad de Castilla la Mancha (2007,2008), Poetas de corazón japonés (Celya,2006) y Tertulia de haiku, (El Taller del Poeta, 2007), así como en algunas obras colectivas  como el libro La muerte, (Ed. Krause, 2009), donde aparte de haiku, escribe poemas de estilo occidental.

En La Durmiente, usa el formato poético español, en verso libre, sin dejar de sentirse en todo el poemario la presencia de un hálito de instantaneidad y de contacto con la naturaleza propios del haiku, al mismo tiempo que de búsqueda de la belleza que, simple, y al estilo del gran maestro Buson se manifiesta en todos ellos. Poemas hermosos, generalmente breves, en los que el magistral empleo de la síntesis y  la sugerencia derivadas indudablemente del mundo haiku, provoca instantes poéticos de brillante esplendor, llenos de inmediatez.   Poeta íntimamente ligada al haiku, no puede prescindir en su obra de la sombra del pequeño poema japonés, que aporta a toda su poesía sus parámetros esenciales como instantaneidad  y naturaleza, manifestándose en algunos poemas con toda su claridad: “Inmóviles las hojas en sus ramas/ se sumergen en la extraña quietud/ de los troncos dormidos,…”; “…Ya oscurece. También  mi corazón, /  / cierra sus pétalos”

Perteneciente a la generación de los noventa, Coriolano González (Santa Cruz de Tenerife, 1965). es un referente de la nueva poesía canaria. Coriolano González es un perfecto conocedor, mejor dicho maestro o haijin , como demuestra su inclusión en los más prestigiosas Antologías del haiku en España como son : Poetas de corazón japonés (Antología de autores de “El rincón del haiku) (Editorial Celya. Salamanca, 2005) y  Perros sin dueño, Antología de haiku. Facultad de Derecho, Univ. de Castilla- La Mancha.  Albacete, 2008. Para Bashoo, considerado el padre del género, “ Haiku es lo que está sucediendo en este lugar en este momento…” , de acuerdo con la doctrina Zen que  predica la iluminación súbita o satori  , afirmando que el estado satori es aquí y ahora mismo, un instante que es todos los instantes, momento de revelación en que el universo se manifiesta.  Y en ese estado de plena iluminación, Coriolano González nos entrega  La luz, nombre acertado para la  plenitud escrita en más de cien haikus y en catorce tankas, con los que se acerca a la inmediatez de la tierra , de su tierra, haciendo real la frase del maestro. A lo largo de sus haikus detiene el tiempo en el instante  de lo únicamente numinoso.



En estos poemarios no se consigue del todo detener el tiempo; pero si mantener el fulgor de sus instantes más prodigiosos, su belleza detenida.


©F.BASALLOTE