miércoles, 19 de febrero de 2014

RESEÑAS I. POETAS ANDALUCES. ANTONIO HERNÁNDEZ "CANTE CHICO"



Antonio Hernández , “Cante chico
Edita ACE-A, 2013
















El Premio de las Letras Andaluzas “Elio Antonio de Nebrija” 2012, de la Asociación Colegial de Escritores de Andalucia (ACE-A), le fue concedido a Antonio Hernández. Con tal motivo dicha Asociación editó el poemario “Cante Chico” en el que se recoge una breve Antología de su obra, en la que prevalecen los poemas dedicados a su pueblo y a su tierra andaluza.


Antonio Hernández (Arcos de la Frontera ,1943) es poeta, novelista y ensayista. Tras sus estudios de pedagogía y antropología se dedica a la creación literaria y al periodista, profesión que ejerce en todos los periódicos de Madrid, llegando a escribir más de mil artículos y obtenido por ellos los premios José María Pemán y Manuel Alcántara.
Como poeta, con más de cuarenta obras publicadas , ha recibido , entre otros, el Premio Adonais, el Miguel Hernández, el Vicente Aleixandre, el Tiflos y en 1980 fue reconocido con el Premio del Centenario del Círculo de Bellas Artes de Madrid, que recibió de manos del rey Juan Carlos I.. Ha recibido también el Premio Nacional de la Crítica (1994) y el Premio Andalucía de Novela. Algunos de los libros de su vasta producción han sido traducidos a otros idiomas (árabe, italiano, francés, catalán, portugués, etc.). . Su obra es objeto de estudio en diversas instituciones internacionales de prestigio, como la Universidad Athens de Estados Unidos. En 1999 el ayuntamiento de su localidad natal le otorgó el título de Hijo Predilecto.


Para él su ciudad natal es elemento primordial de su poética generando el núcleo de su poesía como motor de la memoria de tal modo que como señala Antonio Garrido : “ Arcos es Andalucía y el mundo”. José Lupiáñez dice de él: “Otro elemento sustancial de su obra es la reivindicación permanente de un territorio: la patria natal, Arcos de la Frontera y, por extensión, el sur, Andalucía. Antonio Hernández no ha dejado de tener presentes sus orígenes andaluces a lo largo de toda su producción poética. A ello debió contribuir la belleza de Arcos, su cuna, y cuna también de Julio Mariscal y de los poetas de Alcaraván. Arcos, un lugar mágico "entre la realidad y el sueño". Él mismo en su Guía secreta de Cádiz (1979) decía también que Arcos "es un suspiro para las gargantas y una absolución para los ojos. Cientos de poetas al contemplarlo, se han apercibido de la estrechez de su musa. Y cientos de poetas se han perdido para la poesía en sus calles en desigual competencia con su espectro sonámbulo de callejas, hornacinas, patios, abismos, empedrados, plazas y pájaros como de anunciación"... Se comprende que el escritor acuda una y otra vez a éste, su predio, en el que sus ojos vieron la luz primera.”

Arcos y Andalucía , Andalucía y Arcos, el mundo según Garrido, brillan en su obra con luz propia.

El poema “Coronarias” que abre el poemario Cante Chico es definitorio:


Siempre que he visto un trigal
me ha dicho mi corazón
que él se llama Andalucía.
Y hemos temblado los dos.

Siempre que yo he visto un río
ceñir su agua a una peña
he notado por los ojos
mi corazón dando guerra.

Y siempre que he visto un pueblo
encima de una montaña
se me ha ido de la mano
mi corazón a mi casa.


Casa, peña, río, pueblo,
Andalucía lejana...
¡Son los latidos que tengo!



Asimismo en el poema “El nombre de mi patria” define su concepto de nacionalismo:


Hablo de España
y se me llena la boca
de Moscatel, de Lágrima, de Málaga.
Si su costa me habla
Cádiz emerge sus campanas.
Y si Sevilla me canta
tiembla mi corazón,
se entretriana.
Yo sé bien lo que me pasa
si Córdoba pronuncio:
llego al centro de mis casta.
Porque Huelva es un rumbo que atestigua
sus sílabas en libertad me embarcan.
Si Jaén entretengo por los labios
se me llena en la boca su palabra.
Hablo de España
y el paladar se cuaja
de Almería, bella y áspera,
de Granada meciendo
su figura noctámbula.
Si digo Andalucía
estoy diciendo el nombre de mi patria.


En su libro Indumentaria, (El Observatorio, 1986) están algunos de los poemas recogidos en esta breve Antología y éste que a nuestro parecer constituye con los dos anteriores la triada elemental de su poética:


CONTRAMILAGRO

Yo vine desde el Sur una mañana. Ausente
de mí, vine y dejé el caserío blanco
rodando en la memoria que el río traspasaba,
mi novia que tenía ojos tristes sin cuerpo,
la tarde haciendo incendio recordado el crepúsculo.
Flores lució la luz desde el primer instante,
pues nacimos frotados por estrellas. (De pueblo
minúculas señales eran y luz del río
o por las noches frescas del verano nos daban
noticias del secreto universal, cantando
con los grillos y acequias).
Yo dejé aquel abismo
conocido y sin trampa y me infiltré en el vértigo
de lo imantado apenas: la gran ciudad veloz,
sin alas de caricia.
Y me ocurre en el pulso
que, cuando con su aroma, la primavera tiende
a volver lo perdido, obro en gesto de adiós
en lo que no es mi cuna, desaparezco en vilo
como sombra de agua, vuelo inerme hacia el Sur
de verdes compañías.
Yo vine desde el mar
y mi expresión lo sabe, lo delata en su gesto
mi reserva de alondras, de nubes reposteras,
de árboles mostrando la elección de una patria.
Pues es sabido, y clama, que el hombre que no muere
donde nació no crece, no canta en otra vida,
no juega con el barro al pie de los arroyos,
continuado Adán.
Yo vine desde el Sur
a dividir mis panes y mis peces, un día.


Este “Cante Chico”, que nos ofrece Antonio Hernández es poesía mayor, una intensa joya de intenso brillo y un acierto de la ACE-A.

© Francisco Basallote

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sábado, 15 de febrero de 2014

RESEÑAS II. POETAS HISPANOAMERICANOS. DAVID GONZÁLEZ LOBO. DULCAMARA.



DULCAMARA de DAVID GONZÁLEZ LOBO
ED. EN HUIDA.  SEVILLA,2013















David González Lobo,(Barinitas, Venezuela,). Licenciado en Letras (Universidad de los Andes, Mérida, Venezuela). Cursó estudios de doctorado en la Facultad de Filología de la Universidad de Sevilla, ciudad donde reside desde 1991. Ha sido profesor de Lengua y Literatura. Es autor de los poemarios: No hay casa fuerte (Premio Solar de Poesía), Mérida, Ediciones Solar, 1991; Casa de fuego (selección) en AA. VV.: El Sobre Hilado, Sevilla, Padilla Libros, 2003; Casa de fuego, Mérida, Mucuglifo-CONAC, 2005; Fragmentos de vigilia, Barinas, Asociación de Escritores del Estado Barinas, 2005; Dulcamara y otros poemas, Caracas, coedición de Ediciones Mucuglifo y El perro y la rana, 2012. Poemas suyos figuran en Andina, Antología de joven poesía de Mérida, Táchira y Trujillo, edición y notas de Julio Miranda, Caracas, Fundarte, 1988. Ha participado en distintos actos relacionados con la difusión y el estudio de la poesía, entre los que destaca el Ciclo "Intersecciones", organizado en marzo de 2009 por la Universidad de Salamanca. Entre 2009 y 2010, realizó para la radio una serie de entrevistas a destacados escritores y poetas, con lecturas de fragmentos de sus obras, bajo el título de Dulcamara. Colabora en diversas publicaciones, como los diarios El Nacional y El Universal y las revistas Solar (Mérida), Revista Nacional de Cultura de Venezuela, Pequeña Venecia y El Fantasma de la Glorieta.

Poeta de hondas convicciones define así a la Poesía:”La poesía, afincada en la interioridad de las personas, en sus sentimientos, capta la realidad, la traduce, y expresa, mediante un objeto artístico, el poema, el deseo de transformarla; es decir, a través de ese texto nos desvela de nuevo el amor, la vida y la muerte; refresca, revive y nos alerta ante estos temas fundamentales y todos los subtemas y motivos que lo forman. La poesía enciende la luz de la atención, remueve, nos coloca frente a nosotros mismos, frente a los otros, con los otros, nos identifica; por eso la individualidad del poema se hace legión, porque es vida de uno que es vida de todos; la poesía es comunión. La poesía nos da la mano y sirve de piel mojada o de paraguas.”

De este libro Dulcamara dice el poeta: “Este libro está dividido en tres partes y se plantea como un viaje hacia la transformación de un escritor; es un viaje hacia la confianza en la voz, un planteamiento hacia la madurez en el tratamiento de los temas que ahí se tratan: el conductor de rebaños de Fernando Pessoa, las dudas existenciales de ese mismo sujeto poético y la infancia como punto de inflexión, de meta y de recomienzo cíclico”

Y Miguel Florian, su prologuista, nos define así  su poesía: “Estamos ante una poesía dotada de la capacidad demiúrgica que poco tiene que ver con el prosaísmo o el formalismo hueco y estéril, tan frecuente hoy en día; David González Lobo acierta a desnudar el decir común, liberando la palabra de la costra que el uso ha ido depositando sobre su superficie(…) González Lobo es heredero de una tradición muy generosa: de la fuerza, del riesgo del verbo vivo y nuevo americano y, también de la solidez de siglos de la palabra europea. Es el suyo un español que concilia las voces atávicas que nos llegan de Rubén Darío, César Vallejo, José Gorostiza, o Eugenio Montejo, pero también de Juan de la Cruz, del Romancero, Góngora, Quevedo, Juan Ramón Jiménez, Cernuda, Pessoa… Esta simbiosis equilibrada entre la palabra más libre y arriesgada de América y la más endurecida y veterana de Europa, se nos muestra en este poemario…. “

Sobre el título, González Lobo cuenta que “dulcamara es el nombre de una planta de las familia de las solanáceas, como la papa y el pimiento. Un arbusto que echa una bella flor, el fruto es venenoso para las personas pero no para los pájaros, y es de sabor amargo y dulce. Y es una metáfora de la vida, de la creación. Representa el gozo y el dolor de vivir y de crear…”,

Sus tres partes se titulan: Éxodo,  Poemas mediterráneos y La flor del café. La primera parte es un delicado canto de viaje en el que la memoria es compañera ineludible: “Del agua de la madre/ el agua del río nos aleja./ Entre las sombras de la hierba/ los ojos de un niño/ Luciérnagas en un cesto” , y se hace versículos de un canto profundo del río y de la selva, del campo y de la piedra, mundo descubierto: “ La hiedra/ o el agua oscura/ de tu voz que madura/ en la pared”, “ Era una piedra / de agua y sol/ neblina/ hojas de oro blando/…”, y la senda  abierta al prodigio de las cosas : “ En el camino/ aquellos cántaros de perfumada miel/ el cordero/ el queso envuelto en hojas/ la plata y el oro de las joyas/ los rebaños en riguroso orden/…” , hasta llegar a su destino: “ Aquí planto la tienda/ Esta es la tierra/ el río de mis ojos/…”.La segunda parte , Poemas mediterráneos, comienza  así: “ Tú me preguntas/ sentado en una silla de algarrobo/ me preguntas / por el valor / y la importancia de partir/…”.y se hace lírica realidad, imágenes luuminosas : “…La niebla entra/ como una bailarina suave/…”, “…En los roquedales/ el viento/ las cenizas/ y unas hojas de hierba/ bajo el sol intenso/….”.La tercera parte es fundamentalmente memoria:  “Como el pasado se borra/ he regresado al cielo de mi pueblo/…” donde  el recuerdo se hace vida: “…Cuando mi madre nos dibujaba el bosque/ no llovía como entonces/ o toda el agua se apaciguaba/ como una laguna/ en su regazo/…”, honda nostalgia: “ Mi padre/ estaba sitiado/ lloraba siempre de perfil/ Mamá en silencio/ de espalda a los helechos/ Llovía en lo alto del mundo/…”que se hace  presencia de un tiempo pasado: “ Hoy se multiplica el instante elemental/  en el que la lluvia azotaba una y otra vez/ las hileras de casas de mi pueblo/…”

Un hermoso poemario construido desde la sencillez mágica de la palabra exacta, desde la música de su claridad y cargada de emocionante misterio, en unos poemas donde solo queda el hueso, su médula maravillosa en un juego de alquimia que transforma en sueños la estela de las sombras.

©F.Basallote   




miércoles, 12 de febrero de 2014

MEMORIA DE DOMINGO FAÍLDE





EN  MEMORIA DE UN HOMBRE
DOMINGO F.FAÍLDE, POETA











Con Domingo Faílde, perdemos no solo a un magnífico poeta, sino un especial referente ético para nuestra Literatura y para nuestra sociedad.  Hombre de convicciones  humanistas veía cómo se descomponía el mundo, adivinaba una destrucción absoluta de los valores humanísticos, desde su perspectiva ética dominada por un concepto filosófico en el que lo clásico convivía con los más destacados filósofos de la contemporaneidad.


La situación de este país, y de la sociedad europea en general, en esta crisis impuesta, hirió profundamente sus sólidas convicciones políticas y abominaba de sus generadores en términos apocalípticos. Estableció subliminalmente una metáfora entre su estado físico y las circunstancias externas. Y hacia ya algún tiempo en que premonitoriamente  se obstinaba en esta visión terminal. En ocasión de la muerte de su hermano, que tanto le afectó, me dijo: “Somos seres para la muerte, como bien decía Sartre.”, seguro ya de una meta que se acercaba.

Era ya una lucha contra el tiempo en la que presentía su derrota: “ …Tarde o temprano, el tiempo, en su ejercicio,/ acaba descubriendo sus naipes y las trampas/ de la sucia partida que juegan en pareja/ él y la muerte….” Dijo en “La mala letra” ese libro liminar que como él decía   era“poesía en fase terminal”,  que se manifiesta crudamente en poemas como “Forever”: “Alguna vez, si antes/ locura o desmemoria/ no nos retiran…/ habrá que poner punto/ final, guardar los bártulos/ y dejar para siempre la escritura./ ¿He dicho “para siempre”?/ Para siempre es la muerte/ y eso ya estaba escrito.” Aceptación, conformismo: “ Sé que me iré, algún día, ligero de equipaje/ -para variar-. Ahora,/ en la sala de espera de lo oscuro, me he cortado las venas: perdonadme,/ esta vez fue tan sólo un simulacro.” . Y  revisión, como en “A modo de inventario”, dirá: “He quemado las salvas de mi vida/ en ferias de suburbio, tan oscuras/…/ todo suena a canción de despedida/ y estoy cansado, la certeza a cuestas/ y una vida detrás.”.  Inventario de glorias y derrotas que la memoria se encarga de administrar en ese tiempo liminar:   “ Cuando ya se han perdido las guerras, sin remedio,/ la fama, la fortuna, la esperanza,/ la virtud –desde luego- y el decoro,/ uno vive tranquilo,/ toma de la memoria, como un pájaro,/ su mínima ración de agua y alpiste/ y deja que la vida, sin esfuerzo, escriba los renglones que le quedan…”

Amante de la vida, dejó claro sus preferencias: “ ……, los cisnes, las magnolias,/el rumor de las fuentes, la música, los libros,/ las mujeres desnudas, el vino, los manjares,/ las vajillas antiguas y el amor; / amo todo/ lo que habrá de extinguirse, …/…”, para terminar en el poema “Lluvia” diciendo: “…Sigue lloviendo, es tarde, tu vida se derrama./ Lo demás, solamente silencio, un paso al frente,/ ser dueño de ti mismo,/ no ser nada tal vez.”

Y en un día de lluvia, de este fatídico invierno, la vida derramó su último vino….para dolor de todos nosotros y pérdida inexorable de esta Poesía y de este país tan necesitado de hitos de luz y de ética. ´


F.Basallote

domingo, 9 de febrero de 2014

RESEÑAS IV. EL TERRITORIO DE LA LUZ DE LUCÍA RUÍZ BERNAL



CUANDO COMIENZA LA AURORA,
SOBRE EL TERRITORIO DE LA LUZ DE LUCÍA RUÍZ BERNAL
Ed.  En Huida, 2012















Lucía Ruiz es profesora de filosofía y poeta, o poeta y filósofa, para ella ambas actividades van unidas, pues: "La filosofía también es poesía. No puedo desvincular una cosa de la otra.” Para ella "la poesía es un bálsamo" que le permite bucear en sus vivencias más íntimas, pero también tratar temas transcendentales.  Dice que : . "No me reconozco si no puedo escribir. La poesía me nutre y me hace vibrar, tanto como si escribo como si la leo" y hace hincapié en el valor solidario y de comunicación que encierra la poesía: "Escribir poesía es un acto generoso con los demás y con uno mismo".

Íntimamente relacionada  con el mundo de la literatura, ha dirigido la tertulia literaria Malaletra, en la ciudad de Sevilla, donde participa en actividades relacionadas con la cultura y el pensamiento.  Es coautora de los libros Haz de palabras, La mujer en la poesía hispano-marroquí,  Versos para derribar muros y Miradas sin fronteras 2012. Ha colaborado en la revista digital de arte y pensamiento Artegnos con relatos y en la revista En sentido figurado con poemas.

“El territorio de la luz”, es su primera obra en solitario y en ella nos entrega su sentir poético y, con ello, parte de su vida. Como afirma Borja de Diego en el prólogo, éste es “Un abrazo de náufragos, un texto dispuesto a acoger, a recibir, refugiar. Textos dispuestos a sanar, que olvidan esos tópicos de “poesía es describir un sentimiento” para transmitir calor.”Siendo también: “Una celebración vital  y la creencia –esperanzadora- de que no basta con vivir, hay que celebrarlo”. . El territorio de la luz es un libro de amor que canta al gozo de vivir, a la emoción del mundo, que no se sustrae al guiño filosófico.

La autora define su obra asi: “…Se divide en tres partes. la primera habla del amor como forma de ser; la segunda parte de los otros, aquellos en los que me miro a modo de espejo y me ayudan a situar y a perfilar mi persona; y la tercera, el eterno retorno y el ser como tema latente". Estas tres partes se titulan: El amor, Con los otros  y Eterno retorno.
En la primera, el más exacto tiempo del amor, es no solo descubrimiento sino intensa celebración : “Llegas/ levantas mi corazón/ la belleza de tu vuelo/ la quietud con la que cortas el aire.”, celebración ,y enajenación: “ …y sentimos la locura./ Descubrimos el terror de la belleza.”, en poemas de intenso lirismo con resonancias del Cantar de los Cantares: “ Tu boca nombra mi desnudez,/ tus ojos  levantan mi aliento, tus manos tatúan mi cuerpo/  tus dedos atestiguan mi presencia, tus labios sanan mis heridas,/…”. La segunda parte, es una especie de relación biunívoca con los demás, que comienza por un reconocimiento del espacio que media entre la poeta y el mundo: “¿Cuál es la distancia/ entre mi ser y lo demás?”, diferenciando soledades : “Tu soledad no es igual que la mía, /ni tu tristeza, ni tu dolor,/…” ; pero al mismo tiempo una voluntad de solidaridad : “Ven cuéntame la derrota/ vamos a deshacerla/…” .La  profesora de filosofía  que es, titula  la tercera parte de su libro con el nietzscheano título de Eterno retorno. Si en el "eterno retorno" nietzscheano  los mismos acontecimientos se repiten en el mismo orden, la poeta nos dice: “Entré en el mar por la parte más profunda,/ donde las olas danzan desordenadas,/ donde no se divisa la orilla./ En él quiero seguir.”  Y en su propia búsqueda : “ Cuando no me reconozco/ en ningún espejo, de nuevo comienza el hechizo./”. Culminando en el poema “La aurora” que es todo un símbolo de retorno a la pureza de lo sencillo, del estoicismo austero de la vida: “…cuando no se necesita equipaje,/entonces, solo entonces, / es cuando comienza la aurora.”

Late en el fondo de este bello poemario, no solo la fina factura poética, en una forma sencilla, clara, que acierta en la transmisión de la emoción y sobre todo en el sapiéntisimo uso de los mínimos elementos, sino ese mensaje filosófico de aceptación de lo vivido, de reconciliación con el mundo cuya aurora comienza en la luz de lo sencillo.


 ©F.Basallote