domingo, 6 de octubre de 2013

POETAS ANDALUCES EN LA MEMORIA.RICARDO MOLINA





POETAS ANDALUCES EN LA MEMORIA











RICARDO MOLINA


Puente Genil, 28 de diciembre de 1917 - Córdoba, 23 de enero de 1968), poeta, flamencólogo y académico numerario de la Real Academia de Córdoba.

 . Cursó estudios universitarios en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Sevilla, que debió interrumpir a causa de la guerra civil española. Muy joven le atrae la tertulia de la casa del profesor Carlos López de Rozas donde se encuentra con Pablo García Baena. Se licencia en Historia por la Universidad de Sevilla en 1941 y comienza a impartir la enseñanza en las academias cordobesas Hispana y Espinar. De su amistad con el poeta Pablo García Baena nacería la idea de la creación de la importante revista Cántico dentro del grupo donde se había integrado ya Juan Bernier.
Ricardo, con su gran personalidad, pronto se convertiría en el alma de la revista cuyo primer número apareció en octubre de 1947. Ya en 1945 había aparecido su primera obra poética El río de los ángeles en la revista Fantasía, tres poemas en la colección "Norte" de San Sebastián y su importante libro Elegías de Sandua en la colección Adonais.
Corimbo fue premiado con el prestigioso Adonais en 1949. Conoció después al cantaor Antonio Mairena y juntos emprenden la gesta del Primer Concurso Nacional de Cante Jondo en Córdoba el año 1956. Esta amistad le llevó a investigar en el campo del flamenco siendo alma del concurso y autor de importantes libros sobre esta manifestación andaluza. De su gran talento fueron saliendo Mundo y formas del cante flamenco en colaboración con Mairena en 1963 en la Revista de Occidente y Misterios del arte flamenco en 1967.
Siempre vivió en Córdoba entre la enseñanza, la creación literaria y el afán de indagación en los cantes de la tierra. Mantuvo durante años su colaboración en el diario local firmando con el seudónimo de Eugenio Solís. Su obra se caracteriza por una fuerte interiorización de la naturaleza, un innegable sensualismo vital y el arraigado amor a su tierra. Profesa una gran respeto por la palabra y por la estructura bien cincelada de sus poemas. Guillermo  Glosario andaluz, Tierra y espíritu y Función social de la poesía son obras importantes en su quehacer último.



Elegía VII

En Sandua aúlla el viento por los viejos tejados
por los muros ruinosos y la negra veleta.
El avellano esfuma su contorno en la niebla
y el torrente ensordece los valles desolados.

Los nogales sacuden sus mil hojas de agua
anunciando el otoño en los campos aún verdes.
Las nubes se derrumban como un trono solemne
sobre la silenciosa calma de las montañas.

Los violentos despojos de la oscura tormenta
en las aguas salvajes se destiñen y flotan.
En los rosales queda todavía una rosa
y al aspirarla mi alma se inunda de tristeza.

Y no sé si esa rosa solitaria y tardía
es acaso la pena que quedó aquí una tarde
y que luego en silencio dio un aroma suave
y ahora me pone triste después de tantos días.

No lo sé... Sin embargo, me detengo en la puerta
de la casa en ruinas perdida entre los montes
y la sombra angustiosa de los próximos bosques
cae sobre mi vida cada vez más espesa.

He cruzado el umbral... La soledad recorre
el patio oscurecido con sus plantas de musgo:
El suelo está mojado. Los muros están húmedos.
En las ventanas fulge un instante la tarde.

Oh abrir esa ventana al viento y a la lluvia,
a los fuegos del cielo y a las hojas marchitas
y sentir al pasar las largas galerías
seguirme mis pisadas pavorosas y oscuras.

Oh llegar al lejano dormitorio que abre
al campo dos balcones con cortinas de nubes
y besar en la sombra los recuerdos más dulces,
los recuerdos aquellos que no sospecha nadie.

Oh Sandua en ruinas al borde del torrente
que en los avellanares se despeña estruendoso
¿qué busca en tus tejados y en tu veleta el viento?
¿por qué la lluvia azota tus rotas cristaleras
y se sienta en tus bancos, fatigado, el otoño?

Oh Sandua de muros negros y amarillentos
que un solo rosal tienes y una rosa tan solo
¿por qué mi corazón lo mismo que un arroyo
quiere besar tus pobres paredes derruidas
como cuando la Sierra se desborda en otoño?

Oh Sandua a la sombra del nogal milenario
que da calma y frescura por las tardes al pozo
¿por qué está siempre el cielo nublado sobre ti?
¿por qué la soledad pasea por tu patio
y en tu torre suspira desolado el otoño?

¿Qué frases de otro tiempo se extinguen en tus salas,
qué recuerdos pesados y dulces como lágrimas,
qué dicha temblorosa, qué apagados sollozos,
qué risas como flores en los labios cansados,
qué esperanza amarilla como un cielo de otoño?

Oh Sandua que mueres un poco cada día,
conserva tus fantasmas: yo no he de despertarlos.
Conserva ese misterio que alienta en tus ruinas
que no he de profanar tampoco tu misterio
ni turbar tu silencio con mi melancolía.

No he de abrir a la vida tus ventanas cerradas,
no he de evocar tu historia junto a la chimenea
y no he de recorrer tus largas galerías,
pues algo que se siente y que nunca se explica
me detiene en el patio igual que en una tumba.

Y cuando vuelvo a Córdoba, que brilla en la llanura
entre los encinares, al fin de la cañada,
me digo que la vida es tan indiferente
como el valle desierto donde mueres, oh Sandua,
y me digo también que en un valle tan dulce
y sombrío, mi vida sería semejante
a tus grises ruinas ahogadas por las nubes.

Y al volver la cabeza para ver por vez última
tu torreón lejano bañado por la luna
me parece que mi alma es ese triste arcángel
que gira en la veleta al impulso del viento,
y mi vida una casa que ya no habita nadie
que invaden las malezas y las brumas de otoño,
una casa en ruinas perdida entre los montes,
olvidada en un valle salvaje y melancólico...


RICARDO MOLINA
De ELEGÍAS DE SANDUA

 




sábado, 5 de octubre de 2013

POETAS ANDALUCES EN LA MEMORIA. JUAN BERNIER



POETAS ANDALUCES EN LA MEMORIA- JUAN BERNIER












Juan Bernier (La Carlota, 1911 - Córdoba, 1989), poeta y arqueólogo. Fue uno de los fundadores de la revista Cántico, en torno a la cual se unieron un grupo de artistas conocidos como Grupo Cántico.
Fue cofundador de la revista Ardor, en la que colaboraba Ricardo Molina, y uno de los miembros fundadores de la revista Cántico (1947). El grupo Cántico (así llamado por la revista) compartían la idea de otorgar la primacía a la estética antes que al «mensaje».
Escribió un duro y claramente autobiográfico Diario, que la revista de poesía "Antorcha de Paja" en el nº 13-14 de marzo de 1980 publicó varios fragmentos que van desde julio de 1938 hasta febrero de 1947.  

Sus poemas se caracterizan por la riqueza expresiva y sensorial.   
Pero sobre todo nos hallamos ante uno de los poetas andaluces más puros, más descontaminados y más sinceros de la posguerra española. Para Bernier la poesía nunca se cumple en sí misma sino como expresión de una forma de ver el mundo y de situarse frente a la realidad. El Sur como raiz y vocación está en su obra, junto a un amor telúrico por el hombre y su entorno social.
El más social de los poetas del grupo Cántico mezcló un paganismo iberorromano a una cierta y contenida intención social más que política. Contrario a todo sistema y a toda norma, pidió permiso a Ortega y Gasset para este plagio: "Yo soy yo y mi disidencia".
Entre su obra poética, no muy extensa pero sí intensa, destacan 'Aquí en la tierra, Poesía en seis tiempos, En el pozo del yo'.




 



CANTO DEL SUR

Tu letra, oh! Sur clavada sobre la cal blanca de las espadañas
junto a la bota de un férreo arcángel enmohecido,
tu letra bajo el paralelo 38 con una aguda flecha cortante
desde las torres de Córdoba a la azul espuma de Cnosos,
faja de plata y oro en el triunfal pecho del mundo,
mar donde los delfines juegan o desierto donde los esqueletos brillan,
verde y amarilla bandera desplegadas hasta las palmeras de Tombuctú;
dos mares de agua y arena por el mismo sol cauterizados,
sol que chorrea su oro sobre los limoneros y naranjales de Tarsis,
blanco como un cuchillo de plata para herir la gruta en sombra de las higueras espesas,
sol del Sur, gladiador entre el agudo acero de los setos,
donde las moreras deshacen la esmeralda densa y dulce de su sangre,
y las vides salvajes retuercen el estéril himeneo sin fruto de sus pámpanos.
Tu nombre, oh Sur, en los fustes inmóviles o en las rotas cariátides del Olimpo,
en la altiva pereza de las veletas donde las campanas gritan su nupcial exhalación de alegría,
 Sur, inmenso Sur, con el mismo rostro en los huertos del Hedjaz
donde el agua es como una muchacha a quien cuida un amante
donde cada gota es como una moneda de oro que el avaro guarda en su cántaro de barro.
El mismo en los jardines de Granada donde sólo se oye la líquida voz de las fuentes,
en los parques de Sevilla entre cuyas sombras crece el hormigueo burbujeante del sol,
y más allá, en la tentación desnuda del seno azul y lechoso de Nápoles,
en el que las sirenas y las estatuas yacen sepultadas bajo el abrazo verde de las algas,
donde no hay brumas ni tristezas y aún los cementerios son blancos;
rostro del Sur cuyo color es el de un brazo desnudo que recoge conchas entre la espuma y la cal cegadora,
moreno como la entera desnudez de los pequeños pastores
que se bañan cuando no suena sino una insondable vibración de silencio,
en la siesta sin límites, cuando el oído escucha el rumor de la vida en la caracola infinita del espacio
sobre el mar y el desierto; entre los olivos y los naranjales el canto estival de la chicharra
como el ruido de una sangre que hierve a borbotones: sangre del Sur, mosto que cuece su embriaguez de luz y de oro;
sangre e los hombres del Sur, sin cualquier sombra en sus almas
ni otro paraíso que este de la tierra caliente donde maduran los frutos,
la melada aspereza de los dátiles, las higueras y las granadas escarlata,
donde crece y madura también el más maravilloso fruto de la tierra,
el druto moreno y tostado de los hombres, de las mujeres y los niños,
de los seres del Sur, como estatuas de húmeda arcilla dorada que empapa el soplo seco del levante o la brasa viva del simún;
y que como palmeras al mediodía no tienen sombra en sus almas,
sino una aspiración profunda para llenar sus pulmones de la densa voluptuosidad de la tierra,
de la brisa de sus montañas, de sus mares o de sus ciudades sin tiempo, fundidos con la alegría de las terrazas blancas o de las cúpulas de oro,
almas sin sombra, sonrientes de cualquier metafísica sin perfume,
porque no hay ningún deseo que no pueda satisfacer aquí abajo,
en el huerto inmenso, en el paraíso del Sur, donde los ríos para la sed son setenta veces siete.


JUAN BERNIER
CÁNTICO nº 1. Octubre 1947.

miércoles, 2 de octubre de 2013

ARTÍCULOS. EN EL JARDÍN MÍSTICO.















EN EL JARDÍN MÍSTICO


La Poesía Mística tiene hoy día bastante vitalidad, aunque a decir verdad limitada a poetas que sin estar anquilosados en el pasado;  trasladan  las vías de acercamiento a la divinidad  a la literatura actual,  conservando,  con savia y vitalidad propias una poesía que no desmerece de su larga tradición. El término mística procede del verbo griego, "muein", que significa "cerrar"; hace referencia a algo oculto, secreto. Mística, pues, etimológicamente, sugiere la vida espiritual secreta, íntima, no ordinaria.   La pervivencia de este género, en el espacio particular de la literatura de signo espiritual, se hace realidad hoy en la producción de varios autores.
 Existe en el ámbito de la literatura española un Certamen que ha cumplido tres decenas de convocatorias y que a su calor ha consolidado un destacado número de poetas que han escrito con verdadero acierto una poesía mística de nuestro tiempo. Se trata del Premio Mundial de Poesía Fernando Rielo, convocado anualmente en Madrid y fallado en Roma y del que mencionaremos  a un ganador, Francisco Mena Cantero, que lo fue del XX Certamen con su obra Esta fe que nos lleva y a  Estrella Bello, que obtuvo Mención de Honor en la   XXVII edición por Atormentada luz. Hay además, muchos poetas que se acercan a esta poesía con las mejores armas de su poética, y en general, utilizando la estructura poética por antonomasia, el soneto, tal cual hiciera en los años cincuenta del pasado siglo Julio Mariscal, con aquel hondo poemario en sonetos,  Quinta Palabra,  en el que el poeta dirá: “Así es como te quiero. Así, Dios mío:/ con el dogal de “Hombre” a la garganta./...”   .Entre estos poetas destacamos a Enrique Barrero, hábil sonetista que con una concepción muy particular de esta poesía logra un bello poemario en  Liturgia de la voz abandonada.
En Esta fe que nos lleva,  Francisco Mena Cantero ,(Ciudad Real, 1934), nos sumerge en una obra , de profundidad y de luz, de musicalidad y ritmo, de pureza formal y limpieza absoluta del fondo, donde nítida luce la razón de su aventura y la búsqueda de esa verdad tras la que a lo largo de su intensa obra ha sido   su vocación y designio, no sólo manifestación sino invocación, no sólo cotidianeidad sino transparencia, no sólo rito sino trascendencia: “…Tu conoces, Señor. Sabes que es mío/ este río de gozo y de tristeza./ Es alma que en silencio escucha y reza/ porque yo soy de Ti un escalofrío./…”y acentúa su voz para definir su clave personal: Darle nombre a una cosa/ es crearla otra vez, una manera/ de otorgarle la vida/…/ ..somos/ hijos del Dios de la palabra/ y de su misma estirpe,/…”. Todo ello con el cuidado uso de las formas clásicas, con su recurso a la elementalidad de las cosas, con diversidad de fuentes de las que siempre mana agua clara, urde en su sencillez la trama de un emocionante universo de riquezas múltiples, luminosamente decidido a esa trascendencia que si bien ha sido patente en toda su obra, aquí es claramente manifiesta.  Como sucede en otro libro reciente del mismo autor, que pone de relieve que en su poética hay una constante de misticismo. Nos referimos a El pájaro y su vuelo, humilde y callada avecilla que emprende un alto vuelo y   nos abre de un modo sutil el complejo mundo de su poética.  Y en el vuelo de ese pájaro que   se abre en “claridad que apenas nos incendia/en rescoldo de tiempo, no de fuego/..” y que permanece ya que “Nada se extingue y nada se destruye,/…/ La eternidad …Es algo/ que con su mano toca / el lento atardecer, …”.
Por eso “…las cosas/…/ llevan en su trasluz/ la infinita belleza/ que las encela a un Dios/ cuyo oficio es la vida y no la muerte.”

Con Atormentada luz,   Estrella Bello    pasa  a engrosar esa lista de la Fundación Rielo que contiene lo mejor de la poesía mística escrita en nuestra lengua en los últimos decenios.   Constante mística del abandono que en la segunda parte se hace realidad en el jardín de la noche, que “ sabe a musgo enamorado / y a concha matutina de lucero…”, donde encuentra al amado: “Estás aquí, Señor,/ latiendo entre la arena…”,  manifestándose en la belleza del mundo: “ Sembrado está mi huerto de amapolas,/ tulipanes, claveles, nomeolvides,/ y rosas…”, “…Espigas y racimos consagrados…”,  “,,,Hay alas golpeando entre las nubes/ guirnaldas de alhelíes…” , un mundo que es el espejo del jardín místico : “ como un nuevo jardín de las Hespérides…” en el que la música pone el colofón de lo excelso: “ La música de Bach en las alturas/ y tu nombre, Señor, entre las bóvedas…” .Sin salir de este esquema, antes bien redondeándolo poéticamente, demuestra Estrella Bello su alta calidad de sonetista: “ Y otra vez esta cruz que se levanta/ como lirio morado de la tarde,/ como rosa doliente donde aguarde,/ el dolor que te asfixia y se agiganta…”,

En Liturgia de la voz abandonada, Enrique Barrero (Sevilla, 1969), a diferencia de tantos sonetistas místicos desde Góngora a Unamuno en los que hay una especie de verticalidad de relación de hombre a Dios, se nos manifiesta humanamente horizontal en el diálogo con ese Dios cercano, al estilo profundamente humano: “…porque me asola/ como al mar el murmullo de una ola/ este viejo cansancio de ser hombre.” . Y hay en estos sonetos un diálogo del poeta con su Dios, cuyo nombre deletrea “…lentamente/ como el agua escondida de una fuente/..” y en su busca “… Nado en pos de la luz, contracorriente/..” y se pregunta: “¿Cuándo solos Tu y yo?...” Hay también una conformidad en los designios : “ Tu quisiste que fuera quien he sido..”, que es abandono de sí, y para el que pide ayuda: “De entre todas las dádivas te pido/ la callada virtud de la paciencia/…”. Y hay una hermosa invitación: “Vente conmigo aquí, al Sur que habito/ -Señor de los sedientos olivares-/…” que una vez más nos trae a la memoria los versos del Julio Mariscal de “Quinta Palabra” : “La artesa y el olivo; el hormiguero/ de afanes por la yunta o el verano..”

En este espacio silencioso,  como una especie de jardín místico, se escribe una poesía tan sincera  y tan pretendidamente trascendente  que no cabe duda que en el callado diálogo del poeta místico, se establece una honda liturgia íntima, una celebración misteriosa que sólo el puede comprender y nosotros acatar.

F.Basallote










TEXTOS
Francisco Mena. Esta fe que nos lleva . Fundación Fernando Rielo. Madrid, 2002
Francisco Mena. El pájaro y su vuelo. Los Cuadernos de Sandua. Córdoba,2008
Estrella Bello . Atormentada luz. Fundación Fernando Rielo.  Madrid, 2009
Enrique Barrero. Liturgia de la voz abandonada. Los Cuadernos de Sandua. Córdoba,2009