miércoles, 21 de agosto de 2013

SOBRE EL HAIKU. 4. LOS GRANDES MAESTROS.



SOBRE EL HAIKU






4 LOS GRANDES MAESTROS

4.1 MATSUO BASHÔ (1644 - 1694).





El primer gran "haijin" , escritor de haiku, fue Matsuo Bashô (1644 - 1694). Basho escribió numerosos haiku, así como varios libros de viaje en los que se combinada prosa y poesía entre los que destaca el titulado Sendas de Oku, relato sobre su periplo por el norte del Japón. Bashô desarrolló un haiku inspirado fundamentalmente en la contemplación de la naturaleza:
 Sobre la rama seca
 un cuervo se ha posado ;
 tarde de otoño.
Bashô ejerció una gran influencia en su época y hubo gran cantidad de poetas y discípulos que se formaron en sus principios literarios y espirituales. e entre todos ellos, cabe destacar el grupo de los llamados "10 filósofos": Etsujin, Hokushi, Joso, Kikaku, Kyorai, Kyoroku, Ransetsu, Shiko, Sanpu y Yaha. Casi todos ellos fueron, a su vez, maestros de otros muchos nuevos poetas, manteniendo encendida la llama del venerable Basho durante muchos años después de su muerte.
La escuela de Bashô no era la única que producía haiku en aquella época. Cabe destacar también en calidad literaria, aunque con menos seguidores, la escuela de Onitsura (1660 – 1738), poeta que bebió en su juventud de las mismas fuentes de Basho, co n el que comparte significativamente muchos detalles de su vida y de su concepción del haiku.
 Coincidentes en el tiempo y en el espíritu renovador del viejo haikai, no coincidieron  en el espacio, ya que aunque Bashoo se caracterizó por su vida itinerante, Onitsura  se afincó en Itami, cuidando de sus padres, de tal modo que llegó a ser célebre la frase “Bashoo en el Este y Onitsura en el Oeste”.  Es conocido asimismo el respeto y veneración que tuvo por Bashoo, a quien en la conmemoración de su muerte escribió el siguiente haiku:

 Sueños sin rumbo;/
 en páramos quemados,/
 la voz del viento”,

 en alusión al famoso haiku de despedida de Bashoo:
 “Habiendo enfermado en el camino,
 mis sueños/
merodean por páramos yermos.”.

4.2 YOSA BUSON (1716-1783)




Buson, pintor de acuarela japonesa, adoptó en sus poemas una actitud esteticista proponiéndose reflejar la belleza sensible del mundo. Los poemas de Busón se caracterizar por un sentido más agudo de observación de la naturaleza. Propone un estilo que es observación pura, sin intermediarios, de la propia naturaleza; es el llamado estilo descriptivo. No en vano fue pintor además de poeta, y como muchos otros maestros de haiku, acompañaba algunas de sus obras de una haiga o pequeña pintura a la aguada que ilustraba el sentido del poema. 
Su sentido plástico influyó en muchos de sus haiku que dan la sensación de un cuadro acabado. Es el caso de:
Línea de gansos en vuelo;
al pie de la colina,
la luna puesta por sello

Buson tiene en su retina el instante en la naturaleza, pero con sus electos dispuestos espacialmente como en un cuadro.
Como última y vital característica de su poesía, Buson explora la imaginación y se inspira en ella para componer algunos de sus haiku más importantes. Su escuela seguirá produciendo haiku durante algunos años después de su muerte.


4.3  ISSA KOBAYASHI.- (1762-1826)







Issa Kobayashi, comienza su producción poética en el último tercio del siglo XVIII. El rasgo sobresaliente de su labor poética es su profundo amor por el mundo y por todas las criaturas que lo habitan, hasta las más insignificantes. Compuso alrededor de 1000 haiku dedicados a caracoles, moscas, ranas, bichos de luz, pulgas, cigarras e insectos varios. 
Plasmó su visión franciscana del mundo y de sus criaturas en una obra poética llena de ternura y humanismo; Issa era consciente de su propia insignificancia como podemos apreciar en algunos de sus haiku más conmovedores. Su estilo directo transmite la naturalidad propia del poeta que desnuda su espíritu en cada uno de sus poemas y que se reconoce en la propia naturaleza que retrata.
 Cayó bocarriba
 la cigarra de otoño,
 y sigue cantando.
Fue un hombre extraordinariamente solitario y llevó una existencia muy desgraciada hasta su muerte. Un incendio en su casa le obligó a pasar los 5 últimos meses de su vida en un almacén sin ventanas con piso de tierra. Issa lo explicó así:“Las pulgas se han salvado del incendio y han venido a refugiarse aquí conmigo”.
Murió en mitad del invierno; bajo la almohada se encontró su último haiku:
"Gracias sean dadas a lo alto; 
 la nieve sobre mi manta
 también viene de la Tierra Pura
Issa no creó escuela. Por este motivo, su estilo es muy personal y no se puede comparar a ningún otro poeta, anterior o posterior.
A diferencia de otras disciplinas artísticas, el haiku entra en un período de franca decadencia que se acentúa desde 1826 con la muerte de Issa; esta particular edad oscura se alargará hasta la llegada del cuarto "grande" junto con Bashô, Buson e Issa: Shiki Masaoka, el último pilar fundamental hasta nuestros días de la historia del haiku japonés.







4.4 .SHIKI MASAOKA (1867-1902) se convirtió en el último gran representante de la tradición haikista japonesa. Poeta de muy corta vida, es el gran renovador de las formas clásicas de poesía de Japón. Esto lo consiguió desde su doble faceta de poeta y crítico literario. Acuñó el término haiku (antes haikai o hokku), y combatió durante su vida muchos prejuicios de la época hacia el haiku clásico.
 Shiki comienza pronto a componer poesía. A los 23 años se le confirma el diagnóstico de tuberculosis, enfermedad incurable. A consecuencia de dicha enfermedad muere a los 35 años tras una lenta y amarga agonía.. Shiki mantuvo una fructífera actividad artística hasta el último soplo de su vida: nunca dejó de pintar a obra de Shiki destaca por su coherencia y su brillantez formal. Introduce su punto de vista agnóstico en el mundo del haiku, dominado en la época clásica por una profunda religiosidad de la que él siempre se alejó. Sus haiku están muy marcados por la terrible vicisitud de padecer una enfermedad incurable desde tan pronta edad, y su obra es por ello marcadamente autobiográfica. Sus haiku siempre se orientan a la pura objetividad, a la observación directa, muy al estilo de Buson..Aunque también ha sido definido como impresionista.
Velas enormes
tiene el barco holandés.
Cumbre de nubes
Este haiku se ha comparado con el de Bashô
Sobre la rama seca
 un cuervo se ha posado ;
 tarde de otoño.
En el que todo era oscuridad y negrura, mientras que el  de Shiki, dentro de esa definición impresionista, es un canto a la luz.
Shiki consiguió abrir el haiku de nuevo a todos los poetas del país. Nos legó una obra de indudable belleza y propició la aparición, como en otros tiempos, de distintas escuelas que durante todo el siglo XX han mantenido en plena vigencia esta peculiar manera poética japonesa.









4.5   TANEDA SANTOKA
Taneda Santoka nació el 3 de diciembre de 1882 en el pequeño pueblo de Nishisaware (actualmente Hofu) en la prefectura Yamaguchi (SO de Honshu, la isla principal de Japón). Su nombre de nacimiento fue Taneda Shouichi, siendo el mayor de cuatro hermanos. La de Santoka era una familia de pequeños terratenientes, empobrecidos a causa de la mala  administración  de Takejirô, el padre del poeta. El suicidio de la madre, ocurrido en 1893, sólo sería la primera – como lo refiere en su diario – de múltiples tragedias que azotarían en lo sucesivo la historia familiar de los Shouichi: cansada del la vida disipada y de las infidelidades de sus esposo, la madre del poeta se arroja al pozo de agua de la residencia familiar. Años más tarde, Santoka escribiría en su diario: “Mi madre no puede ser culpada. Nadie puede serlo. Si se ha de culpar a alguien, se tiene que culpar a todos. Es la condición humana a la que se tiene que culpar. Oh mi madre! que recuerdo”. El niño Taneda Shouichi queda, a partir del suicidio de su madre, al cuidado de su abuela. En 1902 abandona la casa paterna para dirigirse a estudiar literatura en la Universidad Waseda de Tokio. Sin embargo, Santoka no progresa en sus estudios: la persistente melancolía que lo acompaña desde la muerte de su madre y sus incipientes problemas con el alcohol (tal vez herencia paterna) lo obligan a abandonar Waseda, dos años más tarde, tras un colapso nervioso, como quedó consignado en los archivos de la institución. La vida familiar continua, para el poeta, sin asentarse. En 1909, el padre de Taneda arregla su matrimonio con una muchacha de Nishisaware, Sakino Sato. De esta unión nacería, un año más tarde, Ken, hijo del poeta. La vida matrimonial y las relaciones con su esposa le resultan insoportables. Confesará en su diario que la imagen del cuerpo de su madre siendo extraído del pozo, tras su suicidio, le perseguiría para siempre en sus relaciones con las mujeres. Es en esta época, en la que Santoka inicia sus primeros trabajos literarios: publica, en 1911, una serie de traducciones de Turgenev y Maupassant en la revista literaria Seinen (juventud). Ese mismo año, ingresa a su primera cofradía literaria, integrándose, en 1913, al grupo de poetas Ogihaara Seiwensui, estudiosos de la tradición del haiku y de los haijin Masaoka Shiki y Kawahigashi Hekigoto. El grupo se caracteriza por sus exploraciones formales respecto la estructura silábica del Haiku (un terceto único estructurado silábicamente 5 / 7 / 5); experimentando con las formas libres (shinkeikô) y prescindiendo del Kigo, palabra que acompaña al Haiku tradicional, asociando el texto a una determinada estación o evento. Santoka colabora activamente con el movimiento, publicando con regularidad en la revista del maestro: Sôun. Es en este punto en que la segunda de las tragedias familiares irrumpe en la vida de Santoka. Los negocios de su padre fracasan, llevando a la familia a la bancarrota y a la pérdida del remanente de dinero y propiedades. La familia se traslada a la ciudad de Kumamoto en la isla de Kyushu, al sur de Japón. El padre, Takejirô, inicia una serie de proyectos fallidos en los que involucra a su hijo: una tienda de sake, una pequeña librería de segunda mano. En 1918, el menor de los hermanos de Taneda, Jirô, se suicida, agobiado por la situación familiar. Muy pronto le sigue, la abuela, quien fallece unos meses más tarde. En 1919 Santoka abandona a su familia, con miras a encontrar un trabajo en Tokio, lo que se materializaría un año más tarde – en 1920 – con la separación definitiva de Sakino. Muere el padre. Durante dos años trabaja como bibliotecario, hasta ser despedido a causa de un nuevo colapso nervioso. La vida del poeta se vuelve en extremo inestable: permanece en Tokio, en donde es acusado de actividades políticas inapropiadas y encarcelado; vuelve brevemente a Kyushu, con su familia, pero escapa. En 1924 intenta, borracho, arrojarse al paso de un tren; salvado en el último instante es llevado por un monje a un monasterio. Cinco años más tarde, Taneda Santoka es ordenado monje Zen. Escribe en su diario: "En febrero de 1929 fui ordenado monje y me convertí en residente en Mitori Kannon-do. Era una verdadera vida solitaria en el bosque, en lo que concierne a la quietud era quieta, y a la soledad era sola, tal era allí la vida". Santoka inicia una serie de viajes por Japón, como bonzo mendicante; sólo lleva consigo: su cuenco (tazón) de mendigar, una toalla y sus hábitos. Tras el peregrinaje se asienta, en 1932, por un breve periodo en una villa (Gôchuan) en la prefectura de Yamaguchi. Publica su primer libro de poemas: Hachi no ko. Es un periodo de gran pobreza en lo material. Santoka sobrevive gracias al apoyo de admiradores y amigos y al dinero que le envía su hijo Ken. En 1934 intenta iniciar un nuevo viaje, pero cae gravemente enfermo y debe regresar. Intenta suicidarse sin éxito. Dos años más tarde, proyecta un viaje por la senda de Oku, siguiendo la ruta de Basho. No completa la ruta, regresando a Gôchuan ocho meses más tarde. En 1938 Santoka abandona Gôchuan para dirigirse a un pequeño monasterio cerca de la ciudad Matsuyama, el que se convertiría en su última residencia. En abril de 1940 publica Somokuto “Entre Pagodas de Hierba”, su obra más importante. Fallece seis meses más tarde, el 11 de octubre de 1940.
Temas
Los temas de la poesía de Santoka son esencialmente los trazados por él en el esbozo que propone como inicia de su autobiografía: “Los infortunios de mi familia comenzaron con el suicidio de mi madre”. La historia de la familia Shouichi y la muerte de su madre, entregaran al poeta los temas clave de su escritura: la muerte, la pobreza, la soledad, el alcohol, la decadencia.
Escribe a propósito del recuerdo de su madre en el 47º aniversario de su muerte:
Ofrendando fideos
Madre
Yo también comeré
Dos años más tarde, en un nuevo aniversario:
Dientes de león cayendo
La muerte de mi madre
Aquello en lo que pienso incesantemente
La pobreza, recuerdo del pasado familiar y del presente, como bonzo mendicante:
Sin dinero, sin posesiones
Sin dientes
Totalmente a solas
(De El cuenco vacío de Taneda Santoka , por Roberto Gárate)



4.6 KYOSHI TAKAHAMA





Kyoshi Takahama, ( 1874 -l 1959) fue un japonés poeta activo durante el periodo Showa de Japón .  Su verdadero nombre fue Kiyoshi; Kyoshi era un seudónimo .
Takahama nació en lo que hoy es la ciudad de Matsuyama , Prefectura de Ehime , su padre, Ikeuchi Masatada, era un antiguo samurái .. A los nueve años que heredó de la familia de su abuela, y tomó su apellido de Takahama. Conoció a Masaoka Shiki a través de un compañero de clase ( Kawahigashi Hekigoto ), y fue Masaoka Shiki, quien le dio el seudónimo de Kyoshi.  Ignorando los consejos de Masaoka, dejó la escuela en 1894, y se fue a Tokio para estudiar  literatura japonesa . En 1895, se matriculó en la Senmon Gakko Tokio (actual Universidad de Waseda ), pero pronto dejó la universidad para un trabajo como editor y crítico  de la revista literaria Nihonjin.
En 1898, Kyoshi Takahama asumió la dirección en la sección de haiku de “Hototogisu” (el cuco) que Kyokudo Yanagihara (~ 1867 1957) y Shiki Masaoka habían co-fundado el año anterior.Muchos haijines apoyaron su opinión del haiku, y Hototogisu se convirtió en una sección importante a la cual una gran cantidad de poetas contribuyeron con sus haikus.
Los haikus de Kyoshi no se limitan a un estilo fijo. Entre su haikus, varios son espléndidos y viriles, mientras que otros son sutiles y delicados; varios dan rienda suelta a su imaginación, otros describen hechos simplemente diarios.

Según Rodríguez-Izquierdo: “ Kyoshi ha sido el hombre que ha convivido con Shiki y con todas las generaciones posteriores, enarbolando siempre la bandera del haiku más puro…Apreciemos su lirismo, su sentido de la observación, su cordial conpenetración con la naturaleza. A veces nos recuerda a Bashoo…””





martes, 20 de agosto de 2013

SOBRE EL HAIKU. 3. LA ESENCIA DEL HAIKU




 SOBRE EL HAIKU







3   LA ESENCIA DEL HAIKU









 LA AUSENCIA DEL YO Y LA INSTANTANEIDAD.
.
Fuera del haiku el yo del poeta. Si está dentro ya no es haiku. Los maestros de haiku nos enseñan que el poeta debe eliminarse de su poesía para que sus versos capten la esencia de la realidad. A este respecto dice Vicente Haya: "Todo poeta honesto tiene la intención de describir algún aspecto del mundo lo mejor posible, pero cuando se recrea demasiado embelleciendo el instante ha perdido el haiku". Esto es así, en castellano si quieres hablar de amor escribes un poema libre, un madrigal o incluso un soneto, y cada uno de ellos tiene sus reglas. Si te quieres quejar amargamente escribes una soleá y si quieres cantar y bailar, una seguidilla. Es más, la mejor poesía castellana es la que se escribe desde el sentimiento, o no existe en Neruda o en Salinas?








Instantaneidad: Bashoo dijo: "Haiku es lo que está pasando en este instante, en este lugar.." Puede ser una bella flor que nace o un atardecer; pero su belleza la veo y la disfruto interiormente, gozo de la belleza del mundo, pero no la describo, a lo sumo la sugiero...






Vicente Haya define el haiku como "Una instantánea de la realidad" , Blyth dirá que el haiku es " la poesía de la sensación" y Rguez.-Izquierdo que "Es una imagen hondamente sentida en un momento de iluminación" .

El Haiku como camino



El haiku es “do”, camino: quien lo siga ha de hacerlo con respeto tanto a los otros caminantes como a sí mismo; un camino puede ofrecer diferentes estadios, moradas, paradas y descansos (estoy pensando en las polémicas acerca de temas y formas). Siempre habrá quien busque atajos, distracciones, pero eso no ha de importar a los que se ocupen honradamente de su propio viaje y sepan que el haiku aguza la mirada, abre los brazos, enseña a recibir lo inesperado, acepta la divergencia (no todos los grandes poetas de haiku han tenido los mismos intereses, para Bashô fue la compañía perfecta para su vida de monje zen, Issa puso su sello de rebeldía, amargura y melancolía, Buson y Shiki tendieron


 El haiku y la filosofía 





Como corresponde a una literatura que es algo más, el haiku tiene también relación con filosofías orientales como el Zen ("Tu mente ordinaria; ése es el camino"), el Confucionismo ("Sólo aquel que ha alcanzado la perfecta sinceridad bajo el cielo puede consumar las infinitas potencialidades de su naturaleza") o el Tao (cuyos principales libros, el Tao-Te-Ching o el Chuang-Tsé, describen el estado espiritual del haiku bajo otras formas).
El propio haiku, en sus inicios, había buceado en la poesía china y japonesa, y siempre creció cercano a otras artes como la pintura. Uno de sus estudiosos, Ebara, afirma: "El espíritu que sustenta la base de todo arte tiene que ser uno".



































lunes, 19 de agosto de 2013

SOBRE EL HAIKU. 2. LAS ESTACIONES



SOBRE EL HAIKU









2 .-LAS ESTACIONES
Ha sido tradicional mantener una alusión dentro del haiku a alguna de las estaciones del año, ya que en el transcurso de cualquiera de ellas la naturaleza adquiere un carácter especial, distintivo, que hace de nexo entre el instante captado y el flujo natural de la vida cósmica. Hoy en día ya no se considera necesaria, si bien suele flotar en el haiku gracias a cualquier detalle que a través de él se observe.

La palabra de estación
Kigo es una palabra referente a las estaciones del año. Es pieza clave en el haiku, hace referencia a una estación.  Según Fernando Rodríguez-Izquierdo :” Tal vez el más importante de los valores formales de haiku es su cristalización en torno a un tema de estación.”  Para Bashoo la estación era el elemento más importante del haiku.
Respecto a estas palabras estacionales (kigo) recordaremos:





Con la primavera iban asociadas las siguientes ideas: la floración de ciruelos, cerezos, sauces; las golondrinas; el ruiseñor, el rebrote de las yerbas; la mariposa; la bruma (kasumi), las flores de la primavera 






Relacionados con el verano: el canto de la alondra, las chicharras, ranas, luciérnagas, la plantación del arroz, las lluvias estacionales…





Propios del otoño eran: el plenilunio, los crisantemos, las llamadas siete flores del atoño (Lespedeza, miscanto, chilca, pueraria, ruiponce, clavellina) los ánsares, garzas, las libélulas, las tormentas, las largas noches, la cosecha del arroz.





El invierno se caracteriza por : la nieve, la escarcha, la niebla, las ventiscas, la lluvia, el viento glacial, los campos desolados, los árboles secos…

Lo que la naturaleza transmite a través de las estaciones es, según Bashô: "la verdad inmutable en forma cambiante". Matsuo Bashoo  defendió al tema estacional como elemento necesario de aprehensión intuitiva, pero aconsejó a sus discípulos que intentaran enunciarlo con la mayor libertad: ``Si es claramente invierno o verano por el significado del verso, no hay necesidad de discutir. No es deseable una excesiva consideración sobre las palabras que se usan.'' La exhortación es consistente con otra de sus enseñanzas: ``No sigas las huellas de los antiguos. Busca lo que ellos buscaron.''

domingo, 18 de agosto de 2013

SOBRE EL HAIKU. 1. INTRODUCCIÓN



 SOBRE EL HAIKU






  

1.- INTRODUCCIÓN


El haiku es un poema de origen japonés, singularmente breve (tres versos de 5-7-5 sílabas, por lo general), nacido al cobrar importancia la estrofa introductoria de un poema más largo, el tanka, que se improvisaba entre varios poetas.
En realidad el término haiku es relativamente reciente, el primer poeta en emplearlo fue Shiki en el siglo XIX. El haiku proviene de una evolución de unas canciones cortas denominas tankas.

Las tankas eran unas composiciones formadas por tres versos (de 5-7-5 sílabas), seguidas de dos versos (de 7-7 sílabas). La evolución hacia el haiku tiene lugar en la paulatina separación que se va produciendo entre la primera estrofa (llamada hokku) del resto del poema.
No obstante, hay un estado intermedio, y es que con el paso del tiempo el hokku se asoció a un estilo de composición poética tradicional llamada renga donde ren significaba “ligar una secuencia” y ga, quería decir, poema, de esta manera nacieron una serie de canciones o poemas encadenados (un género que hizo de eslabón entre las tanka y el haiku, en el siglo XII).

De esta manera, el renga consistía en una cadena de tankas compuestas por varios poetas en un ambiente festivo y de relajación. No obstante el hokku fue alcanzando cada vez más importancia hasta que terminó por independizarse por completo del resto de la composición, a su vez también dejó atrás ese tono ligero, festivo o trivial, que lo caracterizaba, para llenarse de trascendencia, eternidad y espiritualidad.





El haiku aspira a captar el momento, el aquí y ahora, de una forma tan radical que los límites entre el observador y lo observado, el sujeto y el objeto se disuelvan, para procurar, en sus mejores manifestaciones, una experiencia mística de no dualidad, de totalidad.

El poeta, en el momento de la creación del haiku, se identifica con la naturaleza en su labor creadora, pero esta identificación no le encumbra, sino que le sumerge en la sensación captada, en la absoluta complejidad de la total presencia y captación del momento





Al escritor de haiku no le importa la belleza, al menos como es concebida en Occidente, de forma restrictiva y selectiva. El poeta abre los ojos y cuenta lo que ve, sin excluir nada. Bashô dice: "Haiku es simplemente lo que está ocurriendo en este sitio, en este momento".

sábado, 17 de agosto de 2013

ARTÍCULOS. Una poesía de los sentidos.




UNA POESIA DE LOS SENTIDOS








Siendo la poesía  conocimiento del mundo, aprehensión de su esplendor y de sus misterios,  y siendo los sentidos la puerta del conocimiento, no cabe duda que en toda creación poética se haya implícita la acaparación  sensual del mundo y en el misterioso proceso transformador en el interior del poeta    no caben fronteras entre lo sensorial y la puramente intelectual, no siendo lo sensorial sino el sendero que transita el poeta en la aventura personal del descubrimiento y que en la embriaguez de su emoción creadora quiera hacer partícipe al mundo de sus hallazgos a través del gozo de los sentidos. En esta revelación hay una poesía en la que lo sensual se percibe directamente, ya que el poeta no intenta en sus versos sino  definirse,   expresar la emocionada sensación de sus instantes, el maravilloso descubrimiento del mundo.





En Huesos de pájaros, Manuel Jurado ,  con su fluyente y rico lenguaje , lleno de metáforas felices, río de versos donde los sentidos disfrutan de ocultos reflejos paradisíacos  “Huele el campo a roja/corteza de alcornoque, a zarabanda y valses/ alocados, febriles….”, “La fruta que se cierra/ y se abre como el ojo/ de una perdiz oscura/ que no sospecha el vuelo/ del azor…”, “El labio se detiene,/separa su perfume,/ saborea su pulpa/ de cuerpo adolescente./”, “ …esa llama interior de cuarzo puro/ que fulge y se deshace/ en una fuente ígnea…”, deja en unos cuantos poemas la espléndida emoción del goce sensual, los olores del bosque, el sabor de la fruta que la naturaleza oferta, la lenta delectación en su gusto…

En ese mismo sentido, Aurora Luque nos ofrece en  su libro La  siesta de Epicuro,   “… esta cesta hay uvas esenciales,/cerezas infantiles/ húmedas fresas que prometen bosques,/…”  . Y este frutal contenido se derrama plácidamente en un lento derroche sensorial, demorado en el degustar de la crátera de los días florales y en el tacto de la luz sobre los cuerpos  en la noche   que se acaba en la embriaguez absoluta de sus horas: “ A vivir y a gozar, que son dos días/ y uno sale nublado, mi Catulo” o “los muslos relucen embriagados:/ oro limoso, enigmas, / pirámides de luz…” por detrás de los vehementes deseos que provocan “…las serpientes de ámbar,/ las medusas de fósforo, las furias…”, “...sus aullidos carnales…”

En La aljaba de Eros, Daniel Lázaro Abolafio , en un poemario de hermosos sonetos, habla    de la sensación del tacto en las caricias    :“Delicado placer gustoso y quedo/ que se enrede en mi mano tu melena,/ silencioso placer y dicha plena/ que se enrede en la mano, en cada dedo./”y del fuego amante de  sus ojos: , “Quiero que me abaniquen tus pestañas/ con la gracia ligera, casi alada,/ de esos ojos que entornas descuidada/ ignorando quizá tus propias mañas.” o “Tienes que controlar la llamarada/ de tus ojos quemantes, porque luego/ ya no querré abrasarme en otro fuego…/”




Aunque el tacto, la sensación del tacto, se sublima cuando se abre como un océano de sensaciones , como ocurre en el poemario de un fino erotismo de Nerea Riesco, Desnuda y en lo oscuro: “…el mar que soy lame tus orillas, / te recubre de agua, provoca sacudida de olas, / te arrastra a lo más profundo…/hasta que pueda escuchar un murmullo de caracolas/ anunciando que vas a espumarte en mi…” ., “Vivo y muero febril, jadeante,/ escuchando susurros en verso/ hasta que el vientre se me vuelve océano/ y las olas me arrastran/ al punto sin retorno…”  , el éxtasis del placer  “ …vigila / en la frontera de la piel que habito/…/ y busco la paz/ avanzando a tientas por mi vientre/ refugiándome en la piel mojada y sedosa/ sondeando el húmedo pasadizo/ que me empuja a imaginar tus dedos/ hurgando en mis esencias encendidas.”

Y, en el hermoso libro reeditado por Visor, de Luis Rosales, Diario de una resurrección,  ese tacto es plenitud en el deleite de los cuerpos: “El tacto es como el mar/ y el cuerpo amado es de agua despacísima que no se muere sino hacia adentro,/…/...y el agua de tu cuerpo está muy junta y muy temblada/ ascendiendo de la sombra a la luz/…”, “…y tu cuello de miel agonizante, / y tu cintura que es de agua/ y recorro, una vez y otra vez el corto territorio de tu vientre…” Y plenitud del instante, el gozo de lo efímero: “Tú, mi instantaneidad, mi únicamente/ la lluvia que vino a vivir conmigo…”, “Tal vez sólo es posible que podamos amarnos/ mientras que dura un beso/…/ pero/ sólo puede durar/ mientras que dure un beso.”





A veces este descubrimiento es quizás desconcertante porque es una lúcida mirada en el tiempo, el recurso de revivir la emoción olvidada, el gozo yacente en su ceniza , el aire que aprisiona la memoria, en el deseo de recuperar la fragancia y las músicas primordiales de lo que pudo ser paraíso, como sucede en el poemario de Luís Pérez Oramas  Prisionero del aire:“ Será el mar sólo su espuma/ sin que haya Dios o mensajero/ alado ni ángel alguno que lo explique./ Será su canto sin canto como oleaje/ una música añadida…” y “…entre ramas florecidas/ con el olor de las magnolias/ tilos húmedos, pan/ verde y oro de la leche en las mañanas/ entre manglares secos, sales, cuerpos/ efímeros como el amor…” llegando a ser: “ Prisionero del aire, ahora estás en su silbido/ que te aturde, / y en la urdimbre callada de los tiempos/ nada te sostiene: /sólo la voz que te llama a caminar / sobre la espuma…”

Cuando Balzac dijo que  El amor es la poesía de los sentidos, no hacía sino constatar cómo en la silenciosa música de los cuerpos que se aman, se entrecruzan las gozosas sensaciones que un mundo primordial y cósmico transmite en los versos eternos de la eterna pasión del hombre…

F.Basallote



Textos citados:

Manuel Jurado. Huesos de pájaro .Agua Clara. Alicante, 2009
Daniel Lázaro Abolafio. La aljaba de Eros.  Cedma. Málaga.2008
Aurora Luque. La siesta de Epicuro. Visor. Madrid, 2008
Luis Pérez Oramas. Prisionero del aire Pretextos. Valencia, 2008
Nerea Riesco. Desnuda y en lo  oscuro. Ed. En Huida. Sevilla, 2010
Luís Rosales. Diario de una resurrección .Visor .Madrid,2010


miércoles, 14 de agosto de 2013

RESEÑA SOBRE "LA MANO ABIERTA", ANTOLOGÍA DE JULIO MARISCAL, por Alejando Pérez Guillén.




Una magnífica reseña de la Antología  de Julio Mariscal “La mano abierta”, de Joisé Ponce y prólogo de Pedro Sevilla, que nos ofrece el poeta de Benalup, Alejandro Pérez Guillén.








LA MANO ABIERTA, JULIO MARISCAL MONTES

Cuando dos magníficos poetas como José Mateos y Pedro Sevilla se alían para homenajear a uno de sus maestros, Julio Mariscal Montes, los aficionados a la poesía no tienen más remedio que sentirse satisfechos por tres motivos fundamentales: en primer lugar, porque sale a la luz la figura indiscutible de un escritor indispensable; en segundo término, por la cuidada selección y por el cariño que se le ha dispensado a esta antología; y, en última instancia, por la apuesta decidida de una editorial como Renacimiento por la buena literatura.
En La mano abierta el pasado y el presente se entrecruzan  en una historia de amor en la que el sabor antiguo de las serranillas medievales brota con fuerza en pleno siglo XX, con una vitalidad tan sorprendente como acertada, en la que el recuerdo se teje con los hilos dorados de la ternura, de una naturaleza que descansa entre los brazos del poema, como si las ramas del paisaje cayeran ante nuestros ojos tal versos desmayados. El poema late entre las sílabas. Es un corazón que sobrevuela las conciencias al modo de una mariposa que se niega a posar sus pies en el suelo, pues siempre queda revoloteando en el estrecho cerco de la memoria. Una memoria que lucha contra las ausencias, contra los mordiscos implacables del olvido.
La infancia cabalga a lomos de un caballo que repite de manera incansable el ciclo de la vida, navega en un barco de papel que describe las estelas de unos sueños y regresa a la orilla del verso a través de un Ubi sunt cuyas olas arrastran el peso de una inocencia que nos empapa las entrañas, que moja de rocío las flores tristes del recuerdo. El poeta se pregunta dónde están los años perdidos, al mismo tiempo que intenta recuperarlos con la palabra. Piensa que dejar de creer en los reyes magos es dejar de ser un niño y el hombre no puede crecer si deja atrás sus raíces. En estas líneas el lector puede oír el grito desconsolado de la melancolía, de unos tiempos que se reproducen, dulces, en la lectura, que en la escritura se reconstruyen palmo a palmo, con el dolor salvaje de la pérdida.
Muchos hablan de poesía urbana, mientras que en estas páginas danza, al ritmo de la cosecha, al paso continuo y lento de los jornaleros, una lírica tan íntima, tan distinta y distante de la ciudad que podríamos denominar poesía rural, sin ningún atisbo de menosprecio, sino con el único fin de elevarla al lugar que se merece. Pedro Sevilla me contó una vez que la mayor enseñanza de su padre, tanto en la literatura como en la vida, fue el reclamo de la espera, ya que un campesino nunca puede precipitarse. Hay un momento para arar la tierra. Un instante para plantar las semillas. Un tiempo imprescindible para regar la sed del esfuerzo. Un instante para el florecimiento. Un momento para la recogida. El hombre de hoy en día ha perdido el reloj de la paciencia,  la capacidad para la reflexión y la necesidad de esperar a que el agua y el sol maduren entre estaciones. La poesía de Julio Mariscal Montes, en su aparente sencillez, madura con la lógica del tiempo, sin prisas, salvo las que dicta el corazón.
De la sentida evocación de la infancia y de otros tiempos, el poeta se detiene a mirar de frente a la muerte, cara a cara, como los dos extremos de una interrogación que es la vida. Mira a la muerte para rescatarla del olvido, sacando a la luz no sólo personalidades del mundo de la literatura, sino el anonimato de personas cotidianas. El quehacer diario de nuestras existencias es más común y corriente de lo que suponemos, pero no por ello menos importante. El diario íntimo de cualquier individuo de a pie no está formado por un compendio de heroicidades, sino por detalles pequeños que conforman su personalidad. Corral de muertos arranca con el símbolo del ciprés que permanece erguido más allá de lo razonable en contraste con la horizontalidad de los cuerpos yacientes y termina con el homenaje a un médico, incapaz de dar cura a sus males. Su condición católica se enfrenta siempre al pecado de la manzana y la serpiente corrosiva de la culpa amenaza la figura del poeta como un demonio que está al acecho en cuanto uno baja la guardia.
Cuando afronta el tema de la muerte, poemas elegíacos dirigidos a personas de carne y hueso, más hueso que carne por desgracia, no llega a mencionar los tres tipos de vida que desfilan por las Coplas a la muerte de su padre, de Jorge Manrique. Se centra fundamentalmente en la vida en la tierra y muestra un sentido dolor por la pérdida de una belleza que se marchita con el fin de la existencia. En algunos personajes se ensalza la vida de la fama, un repertorio de méritos que el finado ha contraído a lo largo de los años como una moneda falsa de una futura inmortalidad. Sin embargo, Julio Mariscal Montes pasa de puntillas por la vida eterna. Prefiere la rosa efímera de la vida terrenal y le recrimina a Dios cierta despreocupación por el ser humano. El último día asume la condición de que el hombre nace condenado a  morir y de nada sirven las quejas por conseguir un grito mayor de protagonismo. Nacemos con fecha de  caducidad. A estos parámetros llega el poeta no por convicciones políticas o ideológicas, sino por la asunción de una religiosidad que se hospeda en su alma gracias a la intercesión de Jesucristo, en ese aspecto humano en el que el poeta se refugia cuando empieza a faltarle la esperanza.
Tras abordar el tema de la muerte, se eleva el motor de la existencia. Pasan hombres oscuros es un poemario en el que el amor le otorga el colorido que le falta al título, en el que el amor empieza a darle sentido a la rueda misteriosa de los días y a través de esa luz el poeta se siente más capacitado para contemplar el mundo que lo rodea, las injusticias que claman al cielo y las justicias que nos devuelven los espejos reflectantes de sus poemas. A través del amor Julio Mariscal Montes busca su salvación social, aunque sigan latiendo con fuerza esa poderosa fe religiosa y su condición homosexual, una lucha interna que nunca tendrá fin. Una visión cristiana y humana de la vida de Cristo que se halla en todo lo bello que encontramos a nuestro alrededor. Un fatalismo tanto más acuciante cuanto menos vitalismo poseemos.
Poemas de ausencia es un juego de renuncias y proclamación del amor. Es un recuento del pasado donde solo sale ileso el fuego de la pasión, el único motor capaz de darle sentido al mundo, a la vida. Cuando ya no queda nada a lo que aferrarse, brota la flor de un beso para recordarnos que, incluso en las peores circunstancias, puede haber un motivo para la sonrisa. Los ojos de la persona amada sirven de faro a través del cual se puede contemplar la belleza de este mundo, la existencia cotidiana de cada uno de nosotros.
Tierra de secano presenta un verso árido, seco, sobrio y hambriento como símbolo del día a día en un pueblo donde el hambre y la miseria nos impiden llegar a plantearnos otras metas, otros sueños. Cuando uno lucha de sol a sol y de tierra a tierra por una miserable hogaza de pan, para cubrir las necesidades primarias, no le sobra ni un ápice de fuerzas para otros menesteres. Tierra de secano es un poemario de denuncia donde también surge el amor hacia aquellos que no tienen otra salida más que la supervivencia.
Tierra canta al amor homosexual. El amor oculto, el amor clandestino es un amor que nace muerto. Debemos tener en cuenta que la España de los años 60 y concretamente la vida en un pueblo del sur es poco propicia para nadar contracorriente. Cuando la sociedad establece unas normas y el hombre no quiere enfrentarse a la opinión mayoritaria de la población, se ve abocado a vivir la pasión de cuerpo hacia adentro sin poder sacar a la intemperie un corazón herido. Estos versos son las únicas bofetadas que el poeta propina a un universo poblado de prejuicios.
Poemas a Soledad no es un poemario que recorre el presente del poeta, sino una visión lejana del amor cuando la inocencia poblaba nuestras conciencias. Salen a flote los días de colegio, esos días azules, proclives a la sorpresa, las tardes de ternura con su madre, los cuerpos tumbados al hambre de las prostitutas en un intento de dotarlas de la dignidad necesaria para continuar adelante, un pasado cargado de vitalidad que nos empujaba a llevarnos la vida por delante y cierto desencanto por el paso del tiempo, por un corazón minado por el sabor agridulce de las pérdidas. La imposibilidad de volver atrás es una herida que se cura, en parte, gracias al poema.
En Trébol de cuatro hojas se acentúa el pesimismo vital del poeta y se intuye el calor cercano de la muerte, una conversación a media voz entre Dios y los recuerdos, entre Mariscal y su pasado, entre el poeta y Dios, de modo que estos  elementos se erigen en el sostén que lo mantienen con vida, la fuente de la que bebe y el agua que se expande por la garganta de la memoria. Vuelve al igual que en Poemas a Soledad a concitar en el verso el eco remoto del primer amor y sus días de colegio, de esa infancia que encarna la inocencia del ser humano y la presencia de un corazón intacto. Sin embargo, en Trébol de cuatro hojas hay mayor espacio para el desengaño, para la desesperanza. Es como si el poeta no encontrara las palabras exactas para desandar el camino hacia sus primeros pasos y se ocultara bajo la alfombra dolorosa del silencio. Regresa al hogar de sus primeros días en busca de esas huellas que le permitan reencontrarse con su familia, con esos objetos cotidianos que el tiempo se ha encargado de borrar, de esos objetos que seguirán su curso más allá de nuestra existencia. Aparece un Mariscal inconformista que no halla más escapatoria que la muerte, más futuro que la lápida y un confidente mudo que es Jesucristo, clavado en la madera. Aparece un Mariscal vencido, cansado de luchar consigo mismo, ante la vacía soledad del desencanto.
Aún es hoy se tiñe de negro, pues el poeta se hace sombra, se acerca de manera peligrosa a la muerte y en esos momentos en los que ve próximo su destino final convoca la ternura de su madre en el papel, deshoja la margarita del amor en unas ansias por seguir vivo, en una desgana por seguir sufriendo, como el niño, temeroso del agua, que se asoma a la orilla y sale corriendo en cuanto el agua moja sus pies. Una necesidad de amor que trae consigo el dolor punzante de sus espinas. 
En definitiva, La mano abierta es una metáfora gráfica de un pueblo como Arcos tumbado tristemente sobre la campiña, es un gesto de denuncia ante el poder abusivo de los terratenientes, un grito desconsolado ante el hambre y la miseria en la que el hombre del campo se veía envuelto cada día, un canto alegre en las ramas de la esperanza, una copla desgarrada hacia el amor, un gesto noble de perdurar más allá de la inevitable muerte, el gesto claro de entender que la muerte es un estadio más de la vida. Un dios humano que nos sirve de consuelo en las noches en vela. Una trayectoria poética que aborda todos los aspectos del ser humano.


ALEJANDRO PÉREZ GUILLÉN