lunes, 24 de marzo de 2014

ENTREVISTAS. HABLANDO CON JESÚS CÁRDENAS



HABLANDO CON JESÚS CÁRDENAS

Jesús Cárdenas es Licenciado en Filología y profesor de  Literatura. Ha colaborado en distintas publicaciones y revistas literarias  y obtenido algunos premios de poesía.. Es autor de los  libros de poesía: “Algunos arraigos me vienen” (Diputación provincial de Sevilla,2006); La luz de entre los cipreses”, (Ediciones En Huida, 2011) y “Mudanzas de lo azul”,(Vitrubio, 2013. Hoy nos acercamos a él indagando en su poética, y en especial en su nueva obra: “Después de la música”















HABLANDO CON JESÚS CÁRDENAS


Jesús, entre “ La luz de entre los cipreses” y “Mudanzas de lo azul”, hay una gran diferencia ya que entre ambas, manteniendo íntegras las líneas básicas de tu poética, se palpa una ascensión en el proceso personal de tu propia identificación poética a la par que una unificación temática ¿Podríamos decir que “Después de la música” viene a culminar ese proceso y tiende a cerrar una etapa en tu poética?


Como todo poeta que escribe en un ciclo de varios años consecutivos se suele crear, sin saberlo, períodos o etapas. Como bien dices, Paco, en mis tres libros publicados hasta ahora se da un proceso íntimo por atrapar la sustancia poética, y, quizá, sin saberlo, este último, venga a cerrar una etapa, pues lo siguiente que he escrito –que permanece inédito- se encuentra a un escalón más alto en depurar la expresión y la anécdota, en la condensación de la idea que concurría en mis anteriores libros, aunque sin llegar a la abstracción.


De tu obra anterior, en la que se presentaba una visión amplia, con más horizontes del mundo, aunque también cargada de intimismo, queda una cierta visión reducida al mundo personal, absolutamente íntima, llegando a ser, a veces desgarradora. ¿Eso significa además una depuración interior? ¿Qué se ha caído?


Entiendo que supone una purificación, una forma de tamizar mi interior, de atrapar mis inquietudes, emociones y experiencias… Purgar y después sanar. Las cosas importantes siguen estando ahí: la palabra poética, el amor, el tiempo, la soledad, el dolor, el consuelo y la esperanza. Ahora, quizá, en poemas más limpios. He dejado atrás las notas más pesimistas de libros anteriores; menos oscuros en el fondo.


¿Qué significa “Después de la música” en tu poesía?



Lograr un buen título es complicado, añade carácter a la obra. Es lo primero que puede convencer. Con un título se busca mantener la coherencia y unidad del libro, pero, además, debe ser un título abierto y llamar la atención a los lectores. Para el hallazgo de este título agradezco los consejos de amigos poetas, de mi pareja y de Alicia Arés, editora de Cuadernos del Laberinto.

Provoca una reflexión. Este paso representa algo novedoso en mis poemarios: ponerme en contacto con el lector mediante el descubrimiento y la libertad para transitar por el libro, para confundirse con las distintas emociones que derramé. Como señala atinadamente Enrique Gracia Trinidad en el “Prólogo” del libro, “cada poema, casi cada frase ha sido un ir y venir del deslumbramiento al desamparo, de la alegría a la tristeza, de la nostalgia a la esperanza, de los recuerdos al olvido”.  



Eres un poeta que viene de la Universidad y de las teorías del Lenguaje. ¿Qué significa para ti la palabra?


En la Universidad, como es sabido, se experimenta poco por desgracia, lo que aprendes son las teorías del lenguaje, a este respecto debo decir que han hecho mucho daño las teorías “biográficas” o “históricas” (desde las teorías del New Criticism al Estrucutralismo), porque no han tratado el texto en sí mismo. Me decanto por las teorías del lenguaje poético formuladas por Jakobson y continuadas por S. R. Levin.

Es cuando sales de esta institución el momento de experimentar con el lenguaje. Para mí reunir palabras, conjuntarlas -tal vez sea exagerado decirlo-, es casi una profesión de fe, de fe en la palabra y en la música. La palabra se hace cuerpo una vez escrita. Lo desconocido no parece tener lugar si no se ha escrito. Un par de palabras bien expresadas podrían cambiarlo todo.



Eres filólogo y profesor de Literatura, ¿hasta qué punto ambas profesiones inciden en tu poesía? 


Curiosamente el membrete profesor-poeta tan utilizado en la llamada “Generación del 27” se ha vuelto a poner de moda. Hay una buena revista llamada “Cuadernos de Profesores Poetas”, editada en Segovia. Dicen que el conocimiento es un grado, pues eso. He estudiado y he analizado los mejores poemas desde la Antigüedad, me he acercado a la poesía de otros países y he ahondado en la poesía contemporánea española. Puede que el conocimiento suponga un tamiz más en mis intentos de ofrecer algo decente y no trillado en el panorama poético.


¿Qué es para ti la Poesía? ¿Qué buscas en ella?


La poesía es un conjunto de respuestas. Es la percepción de emociones, sentimientos y experiencias reales e imaginarias; la creación de otra realidad más sensorial, menos cruel; el diálogo con uno mismo de la realidad; una aventura por zonas hostiles de la memoria de la que difícilmente salgo ileso; una búsqueda permanente e inagotable por las palabras –mejor diré una batalla-; una cadencia armoniosa; lo que se calla cuando se ha dicho; una lucha constante por lo previsible… Presentimiento y nunca olvido.

Busco en ella mi expresión, mi forma de estar en el mundo, mi forma de existir, incluso. También busco encontrarme, hallarme perplejo en un verso y conmoverme con su luz por segunda vez.


¿Crees que tu poética está en el camino cierto? ¿Has explorado todos los senderos de la intimidad? 

No sabría yo decirlo, lo que sí diría que desde la sinceridad y la honestidad trato de transitar por la palabra de una manera seria. Es necesario preguntarse el porqué escribir poesía antes de componer versos, mantener un diálogo consigo mismo acerca del cauce poético. Me faltan muchos senderos por los que transitar con mi intimidad. En lo que se refiere a los cauces poéticos, me falta la soleá, las formas orientales, y otras tantas cuencas.


¿Qué hay de Juan Ramón en tu poesía? 

Partiendo de que dejaríamos un enorme hueco si no nombrásemos a Juan Ramón Jiménez, especialmente, por sus libros posteriores a Diario de un poeta recién casado (1916), lo que me lleva a la etapa “suficiente o verdadera”, desarrollo de la búsqueda de la belleza y la perfección, donde la depuración es total. Me interesa el concepto de intensidad, el valor de la búsqueda porque entiendo la poesía como un proceso a largo plazo, minucioso, detallista hasta revivir las emociones múltiples veces. Antes de enseñar el bonsái hay que podarlo, reconstruirlo muchas veces, dejarlo reposar.


Hoy día, salvo contadas excepciones, los poetas jóvenes han abandonado por completo la forma, la métrica. ¿En tu caso es una cuestión circunstancial o esencial?


Considero que habría que escindir el concepto de “métrica” en dos: por un lado, el cómputo silábico y la rima, que para mí no es fundamental; por el otro, el ritmo, que es totalmente necesario. De hecho, no entiendo un poema sin ritmo. El ritmo es una parte consustancial a la poesía tanto como la subjetividad o la intensificación del lenguaje. La musicalidad no es circunstancial en el poema, sino determinante. Dada su importancia, no es una cuestión que se aprenda de la noche a la mañana, más bien se trata de un proceso indefinido, siempre experimental y nunca consabido o rígido. De ahí que la forma deba acompañar al fondo.


¿Cómo ves el panorama poético sevillano? ¿Y el andaluz?

Un escritor de fuera de Andalucía me dijo una vez que si levantaba una piedra en Andalucía saldrían al menos cien poetas. En parte me parece cierto, somos muchos los andaluces que nos dedicamos a escribir poesía. Tal vez tengamos una especie de gen (o de tradición) que nos lleva a envolver el lenguaje en papel de regalo (con metáforas, empleando el ritmo…). Además de ser numeroso, el panorama poético andaluz actual es muy atractivo. Sevilla, Cádiz, Granada y Córdoba conforman un gran cuadrado de buenos poetas. Viene siendo histórico. Hay poetas andaluces contemporáneos (Antonio Orihuela, Álvaro García, Felipe Benítez Reyes, Luis Muñoz, Alejandro López Andrada, Manuel Jurado, Javier Egea, José Luis Rey, María Sanz, Josefa Parra, Raquel Lanseros, Domingo F. Faílde, Dolors Alberola) que no pueden pasarse por alto, y siguen estando vigentes sus libros. La cantidad y la calidad de poetas sevillanos es bastante alta. Considero que hay buenos poetas en Sevilla que deberían estampar un hueco en las antologías.


¿Crees que el poeta debe definirse ante la crisis y sus consecuencias sociales, comprometiéndose?  

El poeta sabe de la crisis y de sus consecuencias sociales. Se resiente en sus propias carnes. Todo deja su marca. Por tanto, las preocupaciones no nos son ajenas. Ahora bien, permíteme realizar un par de apreciaciones. El poeta, como literato que es, crea mundos representativos de la realidad. Es un fingidor, un buen simulador y su mirada suele tener algo de impostura. De ahí que distinga entre el autor del texto (o persona), y al poeta. La persona se muestra comprometida con los muchos problemas sociales que les acecha. El poeta, por su parte, tiene la palabra, pero en muchos casos encuentra la palabra manchada por los medios de comunicación, por la política, por la religión y por otros estamentos. Entiendo que el poeta tiene la capacidad de purgarla y de sacarle el máximo esplendor. El poeta puede tratar de temas sociales con mayor o menor acierto, puede pretender ser una conciencia inquieta y una voz que evoque a las conciencias. Es lícito que alce su voz, pero hasta qué punto esta voz no es impostada. Déjame cerrar esta pregunta con otra pregunta, ¿cómo puede la poesía remover conciencias si no interesa?


¿Quieres añadir algo a estas cuestiones?

Ha sido completo y atractivo el diálogo entablado, así que solo me queda darte las gracias.



©Francisco Basallote


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