martes, 7 de abril de 2015

POETAS ANDALUCES. JOAQUIN ROMERO MURUBE I



POETAS ANDALUCES. JOAQUIN ROMERO MURUBE I













JOAQUIN ROMERO MURUBE ,  (Los Palacios y Villafranca (Sevilla), 18 de julio de 1904 - Sevilla, 15 de noviembre de 1969), fue un articulista y poeta de la Generación del 27. Nació en el municipio actual de Los Palacios y Villafranca, en la calle Real de Villafranca (para los palaciegos "Calle Real"), en el actual número 25.
Funcionario del Ayuntamiento de Sevilla y custodio de sus Reales Alcázares, desde su puesto como redactor-jefe de la sevillana revista poética Mediodía se vinculó a las Vanguardias poéticas relacionadas con la Generación del 27, de la cual formó parte. Impulsó la revista El Ala del Sur de Pedro Garfias, uno de los puntales del Ultraísmo. pero también perteneció a la generación de 98.

Obra
Entre sus libros poéticos destacan Prosarios (Sevilla, Imprenta Gironés, 1924), Sombra Apasionada (1929), donde el autor alterna el Creacionismo, el Surrealismo, el Neopopularismo y el Clasicismo. La crítica ha señalado también el influjo de Ramón Gómez de la Serna, Valle-Inclán, José Bergamín y Pedro Salinas. La impronta de Federico García Lorca es visible en su segunda etapa poética, integrada por Siete Romances (Sevilla, 1937), Canción del Amante andaluz (Barcelona, Luis Miracle editor, 1941) y Kasida del olvido (Madrid, Editorial Hispánica, Adonais, 1945), continuado y ampliado en Tierra y Canción (Madrid, Editora Nacional, 1948).

De sus ensayos destacan Dios en la ciudad, de 1934, incluido luego en Sevilla en los labios (Sevilla, Colección Mediodía, 1938); Discurso de la mentira (Madrid, Revista de Occidente, 1943), Memoriales y Divagaciones (Sevilla, Gráficas Tirvia, 1951) y Los cielos que perdimos (Sevilla: Hermandad... Soledad, 1995). Investigó además sobre la figura de Francisco de Bruna y Ahumada (1965). En el género narrativo, iniciado muy pronto con novelas como La tristeza del Conde Laurel (1923) y Hermanita amapola (1925), hubo un largo paréntesis inactivo que se cerró con.Ya es tarde (Sevilla, Gráficas del Sur, 1948) y Pueblo lejano (Madrid, Ínsula, 1954).



Joaquín Romero Murube




En Memoriales y Divagaciones, Romero Murube afirmaba que la vida del sevillano emergía en dos medidas puras: la luz y el horizonte. Claridad -visión- interior y espacio universal y trascendente marcan -a su vez- la personalidad de este autor y ateneísta que entendió a Sevilla como ámbito inigualable donde viven reunidos los ángeles, las musas y los duendes, rectores dulces y abismos claros de la eterna Andalucía.

La trayectoria humana y literaria del que fuera redactor-jefe de la revista Mediodía está vinculada a las vanguardias (fue de los primeros en apoyar El Ala del Sur, del ultraísta olvidado Pedro Garfias), a la visión artística y meditativa de un nuevo Edén recobrado y a la dimensión ética e histórica de una singular geografía literaria (Sevilla y, por extensión, el ámbito meridional). Temprano escritor de La novela del día con La tristeza del Conde Laurel (1923) y Hermanita amapola (1925), sus inicios narrativos y líricos tienen como referencia a Prosarios (Sevilla, Imprenta Gironés, 1924), una obra traspasada por ese ideal juvenil de silencio y pureza de alma, que él mismo dejó traslucir en el prólogo: Seamos humildes, sinceros, fervorosos. Amemos nuestro amor con el más exaltado de los delirios. Y nunca olvidemos que si junto al rayo de sol la perla quedó oscurecida, no por eso deja de ser la más preciosa entre las piedras. Impresiones y visiones de fondo juanramonianas y d'orsianas, con amores campesinos, alternan con estampas familiares, jardines de ensueños y sendas urbanas traspasadas por la melancolía y el amor, según la norma de Amiel (Diario íntimo), recogida coma epígrafe: Cualquier paisaje es un estado de alma. Estas reflexiones -que incluyen incluso un poema como "Coplas de mar amargo"-, no esconden -por contra- la crítica sobre la ciudad falseada: Desacertadas normas edificias, afán de seudosevillanismo, o, las más de las veces, inopias de gusto, tanto en particulares como en corporaciones, van poco a poco, así material como espiritualmente, despojando a Sevilla, a nuestra Hispalia, de su gracia natural, fina e ingenua. La muestra primera tendrá su continuación lógica en Sombra Apasionada (1929), libro mosaico -dedicado a Gabriel Miró- donde su autor alterna prosas sensitivas y creacionistas-surrealistas con aforismos de estética, poesía clasicista (décimas) y neopopularismo (canciones, romances). Todo traspasado por la visión de la 'ciudad a distancia' que será característica asimismo de Cernuda en estos años. Las influencias de Ramón Gómez de la Serna (greguería), de Valle-Inclán (esperpentos), José Bergamín (aforismos, El cohete y la estrella) y Pedro Salinas (prosas, Vísperas del gozo) son evidentes en esa colección de textos, de los años 1925 a 1927, publicada como 5º Suplemento de Mediodía y que responde -como el poeta dejó escrito- "a la tesitura entonces desusada de que el fenómeno lírico no necesita para su expresión del receptáculo cristalino tradicional del verso y de la rima".

En 1934, el también funcionario del Ayuntamiento sevillano dará a la luz José María Izquierdo y Sevilla (Sevilla, Imprenta Municipal), fruto de la concesión del "Premio Izquierdo" de dicho año, otorgado por el Ateneo Hispalense. La investigación realizada supone una perspectiva de la "universalidad y excelsitud" que el abogado, profesor y responsable de varios ensayos -Izquierdo- quiso para la ciudad que le vio nacer. El ensayo nace como un reto: cómo explicar a los mismos sevillanos los conceptos fundamentales -con biografía incluida- del autor de Divagando por al ciudad de la Gracia, con el objetivo de universalizarlos: El divagar es artizar sin artificio, hacer sin técnica, expresar sin forma; es traducir una sensación por otra, una imagen por una idea, una idea por una emoción, una emoción por un ensueño...divagar es sentirse crítico en la creación y artífice en la contemplación. Por otra parte, en ese mismo año, de 1934, publica su ensayo Dios en la ciudad, más tarde incluido en Sevilla en los labios (Sevilla, Colección Mediodía, 1938). Es éste uno de los libros centrales de Romero Murube: y no sólo por la filosofía expuesta en sus páginas, sino por las líneas estéticas apuntadas, que serán después ampliadas en entregas posteriores: vitalismo sevillano, con sus mitos y leyendas; recuento de vida y literatura en torno a maestros (Bécquer) y al grupo generacional (Mediodía); recreaciones de jardines y de la gracia misteriosa y secreta de los bailes; el temblor de campanas y oraciones que supone la emoción religiosa, etc. Todo ello, con la huida del narcisimo localista y la exposición directa de las limitaciones de una geografía tópica: Queremos una Sevilla universal, dentro de esas normas propias y características que hacen de las ciudades valores apartes y comunes como rosas de distintos aromas y colores. Creemos que, literaria y artísticamente, los sevillanos deben esforzarse en lograr expandir esa enorme fuerza centrífuga que contrae la sugestión de la ciudad al encanto de un patio, al primor de una página, o al círculo mínimo y cordial de una copa de vino. Hay que hacer Sevilla para el mundo, ya que también sabemos hacérnosla- recreación- para nosotros. Así, en esa dirección creativa, en lo concerniente a la prosa, nueve años más tarde se imprime Discurso de la mentira (Madrid, Revista de Occidente, 1943), y -de nuevo- Sevilla trasciende su propio mito -vuelven a reproducirse páginas ya dedicadas a Izquierdo de 1934-, ahora en encuentros con Europa, con esa construcción armoniosa de la ciudad a la que se refiere Ortiz de Lanzagorta, en 1985. A lo largo de tres décadas, el autor publica Alcázar de Sevilla-Guía Turística (Patrimonio Nacional, 1943), Pregón de la Semana Santa (Sevilla, Católica Española, 1945), Memoriales y Divagaciones (Sevilla, Gráficas Tirvia, 1950, colofón 1951), Lejos y en la mano (Gráficas Sevillanas, 1959) y Los cielos que perdimos (Gráficas Sevillanas, 1964). Los tres últimos forman una trilogía sobre los espacios de la memoria, donde la divagación alcanza a ángeles, musas y duendes andaluces, al gozo dionisíaco de la ciudad -realidad inmedita, hondura vital-, y al cuerpo y espíritu de jardines y escritores evocados, sin olvidar el tiempo de Dios y la propia poética. Una última obra de investigación, con la que consiguió el "Premio Ciudad de Sevilla", en 1964 (Sevilla, Publicaciones del Ayuntamiento), se centra en los avatares y logros de Francisco de Bruna y Ahumada, responsable durante 42 años (1765-1807) -como el mismo escritor, dos siglos más tarde- de los Reales Alcázares de Sevilla.

Romero Murube recoge además tres narraciones "novelísticas" en ...Ya es tarde (Sevilla, Gráficas del Sur, 1948), y -seis años después- compone -al modo juanramoniano- una hermosa elegía de su pueblo, visto a través de los ojos de la niñez, bajo el título de Pueblo lejano (Madrid, Ínsula, 1954).

Como contrapunto a la labor narrativa y ensayística, la creación poética fue acrecentándose con el paso de los años. A Sombra Apasionada sucedió Siete Romances (Sevilla, 1937), dedicados a Federico García Lorca, sin nombrarlo: "¡A ti, en Vizna, cerca de la fuente grande, hecho ya tierra y rumor de agua eterna y oculta". Desde la bailarina, el enamorado, el jardín, el torero, hasta el Gobernador de Sevilla Cruz Conde o el famoso "Romance del crimen", publicado anteriormente en el n. 14 de Mediodía ( febrero 1929), como "Aleluyas del crimen", que bien podría aplicarse a la muerte del poeta granadino: "Los niños llevan a casa/ pistolas, bombonas, guantes.// La sombra quedó cosida/ con el cuchillo, a la carne.// Por el asfalto resbalan/ serpientes de verde sangre.// En Tokio y en Marsella/ en Liverpool y en el Havre.// Y en todo el mundo la prensa/ llevará con gran detalle// a los hogares honrados/ cinco columnas de sangre". Pasados cuatro años, Canción del Amante andaluz (Barcelona, Luis Miracle editor) significa la vuelta del jardín interior, espacio de soledades y sueño, bajo una polifonía de claridad y misterio. "Libro que pone orden, aclara confusiones y fundamenta certidumbres", y donde se encuentran secretos del taller de los maestros, "refrescan las mejores gracias de nuestros primitivos del Cancionero de Baena y los geniales prosaísmos de Villón", según anotó su compañero de grupo, Rafael Porlán. Un nuevo testimonio poético supone Kasida del olvido (Madrid, Editorial Hispánica, Adonais, 1945), continuado y ampliado en Tierra y Canción (Madrid, Editora Nacional, 1948). En el primero, la reescritura de la poesía arabigoandaluza delimita otras líneas ya apuntadas en los años veinte; en el siguiente, se amplian los registros -tonos-, con recuerdos portugueses y florentinos, logrando su autor -una vez más- esa inmensa elegía del recuerdo que constituye el espejo de su obra. Muy significativo es que -en el poema final de dicho poemario ("En el Cementerio del Suroeste en Barcelona") y por tanto al final de toda su obra lírica publicada- Romero Murube oponga la muerte a la Sevilla de sus sueños: "¡La muerte, aquí, frente a esta augusta calma/ del mar antiguo, en soledad sonora!.../Pero algo bulle en mi raíz de tierra/ que opone, dulce, su repulsa leve.../¡Sin mares ni colina, allá en la dura/ tierra caliente, en mi Sevilla eterna!".

En una conferencia leída en el 'Club La Rábida', de Sevilla, en el ciclo 'Poetas vistos por ellos mismos' (Los cielos que perdimos), el que fuera amigo de Paul Morand exponía las esencias, la razón, de su obra poética, referidas a su infancia: Sí, la soledad como algo denso y palpable que nos une y relaciona con el fondo de la vida y con el universo. (...) Había descubierto la soledad que nos une con las entrañas misteriosas de todo lo creado. (...) La soledad que nos funde con el alma de todo lo existente. El misterio tangible del mundo como creación y como belleza. Y el amor.

De esa soledad radical que enlaza vida con universo -conocimiento y belleza- nace la conciencia de su creación poética, la trascendencia de toda su obra literaria.

JOSÉ MARÍA BARRERA LÓPEZ










POEMAS

De Canción del amante andaluz.

Sin saber por qué he venido.
Esta es mi alcoba y mi cuarto.
En la ventana el herraje
eterniza el mismo cuadro.
Se adivina, negra, el agua
en el pozo ensimismado.
Entre las ramas del cielo
tiembla el sueño de los pájaros.
La casa grande, esterada,
mata mi voz y mis pasos.

¡Soledad de mi niñez
por el pueblo y por el campo!
¡Yo nunca supe tu nombre
ni nunca te di la mano!


Soneto  en honor de Federico


He subido las calles de Granada
para buscar tu voz y tu gemido
y en fría soledad ya voy perdido
por muro blanco y tarde desolada.

Mudo el rumor del monte y la llanada.
Sin flores ni canción, sin luz, tu nido.
Busco jardines altos que has vivido
y sólo encuentro pena soterrada.

¿Y aquel caudal de vida, aquel potente
ritmo de voz humana poderoso
hecho yema del mundo y luces bellas?

Ya no te ve Granada ni te siente.
Tu sangre es caño de agua silencioso.
Tu luz y tu temblor, de las estrellas.




LUGAR

La luz agria de tu barrio
me ronda con tus cristales.
Por entre mis manos fluye
el agua añil de la tarde.
El aire queda vencido
en la pared de mi carne.
Las esquinas giran locas
alrededor de mi talle.
Pájaros perdidos cantan
porque mi lengua no hable.
La llama de mis cabellos
negra se tuerce en el aire.
Por el cielo va deshecha
la flor de mis voluntades.
¡Ay, se me corta la vida
en el cristal de esta tarde!.





A Sevilla
( De Tierra y Canción)


Sevilla, cuando yo muera
no quiero ser tierra tuya.
Aire fino de tus barrios.
Soledad de tus clausuras.
Vuelo y canto de campanas
que suben a Dios su música.
Luz de la tarde dormida.
Jazmín de novia. Ternura
de madre joven, contenta.
Caridad dulce y oculta
que besa llagas y heridas
y no pregona sus luchas.
Casta de tu señorío.
Claridades sin penumbras.
Aroma, canto, saeta,
júbilo, oración, profunda
sabiduría sin norma.
Sencillez que nada oculta.
Sevilla, cuando yo muera
quiero ser tu gracia pura


SEGUIDILLAS DE MONJAS

Quisiera ser monjita
de Santa Clara.
Y subir a la torre
- cara tapada -.
Y ver el río
cómo abraza en sus ondas
al cielo mío.

Quisiera ser monjita
de Santa Inés.
Una rosa de fuego
la Coronel.
Si yo pudiera
por vencer al demonio
mi vida diera.

En el jardín los pájaros
guardan silencio.
Las novicias contienen
hata el aliento.
Y en la cancela
- ¡Sor Ángela dormida! -
un ángel vela.

Quisiera ser monjita
de San Clemente.
En el patio de mármol
cuatro cipreses.
La fuente llora,
si esta triste y callada
madre priora.

Desde el mirador
en el conventito
de la Encarnación
las monjas han visto,
al ponerse el sol,
cómo su Eminencia,
triste y solitario,
cerraba el balcón.

GIRALDA 

Veinticuatro campanas
repican altas.
Veinticuatro campanas
dentro del alma.
¡ Ay quien lograra
ser de plata y de música
en la Giralda !


viernes, 3 de abril de 2015

MANUEL MOYA. SALIDA DE EMERGENCIA.



MANUEL MOYA. SALIDA DE EMERGENCIA
ISLA DE SILTOLÁ., SEVILLA, 2014.












Manuel Moya nació en 1960, en Fuenteheridos (Huelva), lugar donde reside. Estudió filología hispánica en la Universidad de Sevilla. Poeta, narrador, crítico literario, editor, traductor, ha publicado una docena de libros de poesía con los que ha obtenido premios de relieve como Ciudad de Córdoba (1997), Ciudad de Las Palmas (2001), Leonor (2001) o más recientemente el Fray Luis de León (2010). Su antología Habitación con islas ha sido traducida íntegramente al francés y al portugués. El libro de su heterónima Violeta c. Rangel "La posesión del humo"(ed. Hiperión, 1997) es propuesto como objeto de estudio en universidades españolas y norteamericanas, habiendo sido traducido al inglés, al portugués o al euskera. Como prosista ha editado varios libros de cuentos, La sombra del caimán (Ed. Onuba, Huelva, 2006),  Caza Mayor (2014) o Ningún espejo (2014) y las novelas La mano en el fuego (Ed. Calima, Palma, 2006), La tierra negra (Ed. Guadalturia, Sevilla, 2009), Majarón (Ed. Baile del Sol, Tenerife, 2009) y Las cenizas de abril (Alianza Ed., Madrid, 2011), relacionada con la reciente historia portuguesa (lengua a la que ha sido traducida Su traducción de Libro del desasosiego de Fernando Pessoa, apareció a principios de 2010 (Ed. Baile del Sol), y viene a sumarse a la edición de La poesía completa de A. Caeiro (Ed. DVD, Barcelona, 2009),El banquero anarquista (Ed. Berenice, Córdoba, 2011) o Vasques&cía (Ed. Berencice, 2013). Al margen de Fernando Pessoa ha traducido a autores lusófonos como José Saramago, Mia Couto, Miguel Torga, Fernando Cabrita, Paulo Kellerman, Conceiçao Lima o Lidia Jorge... Ha sido incluido en numerosas muestras colectivas de relato y poesía, tanto en España como en el extranjero.


Para hablar de la poesía de Manuel Moya hay que tener presente su poética, que él mismo define en la “Nota final” de este libro: “Tonterías las mínimas. Gilipolleces, las mínimas. A veces en  mil sesudas líneas no logramos decir nada y en cambio en un poema de cinco versos cabe el mundo. Quién se lo explica.”


Y la mejor definición de Salida de emergencia es, la que el propio autor hace en la ya citada Nota: “La primera versión de este poema fue escrita en los primeros días de abril de 2002. Desde entonces he trabajado intermitente y a veces febrilmente en él. Debo confesar que desde su nacimiento albergo innumerables dudas acerca de su posible interés, pero en este ya largo camino sus versos me han ido acompañando y creciendo com0o el árbol que uno siembra ante su casa, hasta el punto que ya hace mucho tiempo que , formando parte de mi paisaje interior, ya no consigo verlo…”. En realidad, como dijo José Emilio Pacheco: “Toda la poesía es memoria”  y  Valente la definió como  “ejercicio primordial de no existencia, de auto-extinción”. Memoria y auto-extinción las dos coordenadas fundamentales de esta obra-río, que en palabras del poeta:”…La vida sigue y quizás este poema-río, este poema –nube, este poema- tierra continúe su lenta metamorfosis hasta que ambos desemboquemos en el mar…”


Sofía Serra, poeta, dice de esta obra: “Salida de emergencia o el absoluto ejercicio de la propia negación del ser de poeta. Leer Salida emergencia es contemplar cómo el poeta se revuelve contra sí en un cuestionamiento sin par sobre la propia labor poética, para terminar, sin previsión, siendo más poeta que nunca, o que todos, o, quizás, El Poeta. “Salida de emergencia” está autorizada para todos los públicos, es necesaria para todos los públicos, lo mismo para ese aficionado y hecho a los quehaceres literarios poéticos, que para ese otro que aún anda en pañales en torno al manido concepto de la escritura de La Poesía.” 



Dice Alvaro Valverde: “·Este "poema-río", "poema nube" y "poema tierra" le ha acompañado durante trece largos años, desde que fuera escrita la primera versión en la primavera de 2002. Muchas cosas han ido pasando en ese tiempo que, a la fuerza, habrán ido condicionando su definitiva versión, esta que tengo en las manos. Y así habrá sido porque se trata de un extenso monólogo en versículos donde Moya pone su vida bocabajo. O bocarriba, según se mire.” Sigue diciendo  el poeta y crítico, Álvaro Valverde: “"Elegí el oficio de ser", proclama alguien que dice de sí: "yo soy, tú lo sabes, un jodido poeta sin ideas, / un poeta provincial". “


Violeta C.Rangel, heterónimo de Moya, le cede estos versículos para abrir el poemario: “…un poema es una sepultura, / y, cielo, tú debes caber dentro.”, a ello el poeta contesta nada más empezar este poema-río: “Una sepultura, sí, y un río navegable/ y allá al fondo, su salida de emergencia./…” para decirse   : “ Y te querrías a la vez sepultura y navegable…/…/Pero en fin, amigo mío, cielo mío, uno debe caber dentro,/ y desnudo tumbarse hasta que nada, nada le salve de sí mismo,/…”    acto de solidaridad con el mundo, con el entorno, identificación, tierra, tierra, tierra, “ porque al fin soy más mi calle, mi esquina, mi casa, que yo mismo,…”, pero es una encerrona, no hay salida , “...Pero tienes que saber que tampoco en este sitio hay una clara salida de emergencia,/ porque una ventana donde uno puede lanzarse hacia el vacío no es, / no puede ser, una salida de emergencia,…/”, y para aguantar es necesario afianzarse en las cosas: “…Agárrate a las cosas, defiéndete en las cosas, haz tuyas las cosas,/ pro ah, ah, despréndete de todas esas cosas./…”.Un  largo camino que, no obstante, el poeta se encarga de hacérnoslo agradable, mostrándonos la belleza del sendero: “…y cada día hay begonias y sol gratis en los tejados/ y la gente se sienta cada día a comer y hay alegría/ y hablan de esas cosas pequeñas como alondras, nubes que pasan,/…”.Aunque , en el fondo,  sepa que : “…sobre todo todo, /el que no haya aquí, en esta sepultura, en esta esquina,/ en esta tierra, tierra, tierra, yo lo sé, excuse, mira,/ ni una maldita salida de emergencia./.  Palabras finales del libro.


Un poema-río, que a lo largo de doce años se ha ido construyendo-deconstruyendo en una reelaboración constante dice mucho de un  poeta que, incluso con el poema concluido y publicado, no lo da por terminado absolutamente, porque va acompañado de su propia vida, en la búsqueda inacabada de una Salida de emergencia.

F. Basallote