domingo, 3 de noviembre de 2013

ARTÍCULOS. PAISAJE Y POESÍA



PAISAJE y  POESÍA












INTRODUCCIÓN

Según Julián Marías los hombres de la  Generación del 98 inventaran el paisaje español, correspondiendo sin duda a  Antonio Machado el primer lugar en la tarea de impregnar de sentimiento la impasibilidad material del paisaje.

Azorín dice: “La característica de Machado(...) es la objetivación del poeta en el paisaje que describe(...) Hace tres siglos un poeta contemplaba el paisaje y lo describía impersonalmente...Ahora no, paisaje y sentimientos son una misma cosa; el poeta se traslada al objeto descripto, y en la manera de describirlo nos da su propio espíritu”.

EL PAISAJE EN LA POESÍA ANDALUZA


 Tras Antonio Machado, el recurso emocionado al paisaje es frecuente, especialmente en Juan Ramón Jiménez y , desbordadamente, en la Generación del 27.  Intentaremos recorrer el sentimiento y la plástica de esos paisajes,  mágicamente eternizados en sus poemas en los que en un ejercicio de cosmología lírica logran el reencuentro de la identidad del  hombre con una tierra hecha a su medida. .

 Para aproximarnos a ellos procuraremos sistematizar nuestro recorrido deteniéndonos en algunas visiones poéticas del paisaje: desde la que denominaremos  paisaje absoluto a  las que, sin ningún ánimo de fraccionar, podríamos llamar parciales: nocturnos, marinos, fluviales, urbanos...










EL PAISAJE ABSOLUTO

Incluimos en este concepto aquellas descripciones poéticas que, independientemente de su extensión, nos trasladan a una visión total, cosmogónica y absolutamente plástica del paisaje:

“Mas si trepáis a  un cerro y veis el campo
desde los picos donde habita el águila
son tornasoles de carmín y acero
blancos plomizos, lomas plateadas,
circuidos por montes de violeta
con las cumbres de nieve sonrosada...”

nos dirá Antonio Machado  en sus Campos de Castilla , en los que el paisaje en torno a Soria será visto así:

“¡ Colinas plateadas,
grises alcores, cárdenas roquedas
por donde traza el Duero
su curva de ballesta
en torno a Soria, oscuros encinares...!”

aunque a veces su descripción certera y absoluta sólo precise dos versos:

“Soria de montes azules
y de yermos de violeta”,

de su Canciones de tierras altas. Verá  asimismo con mayor certeza telúrica, si cabe,  el paisaje andaluz:












“¡ El campo andaluz, peinado
por el sol canicular
de loma en loma rayado
de olivar, y de olivar !”

nos describirá en Los olivos o con toda fuerza en  A la manera de Juan de Mairena:

“Sol en los montes de Baeza.
Mágina y su nube negra.
En el Aznaitín afila
su cuchillo la tormenta.”

Esta visión de Machado tiene su contraposición en la sencillez lírica de Juan Ramón Jiménez, cuyas descripciones  totales del paisaje  trascienden en radiantes triunfos de la tierra:










“ El sol ungía el mundo de amarillo
con sus luces  caídas;
¡oh por los lirios áureos,
el agua clara, tibia ! ”

leemos en Primavera amarilla, mientras en Jardines galantes nos dirá:

 “ Hay un oro dulce y triste
en la malva de la tarde,
que da realeza a la bella
suntuosidad de los parques.”


 . No es ajeno Juan Ramón a la pasión por Castilla, así en su poema Octubre , nos dice:

“ Estaba yo enfrente
del infinito campo de Castilla
 que el otoño envolvía en la amarilla
 dulzura de su claro sol poniente”.

Es Vicente Aleixandre, fundamentalmente en Sombra del Paraíso, el poeta de la Generación del 27 que con mayor intensidad  amalgama lo telúrico con el esplendor de la naturaleza, trazándonos en la frondosa  exaltación de la vida los paisajes aurorales del mundo:
 “..allí cada día presenciasteis la tierra,
la luz, el calor, el sondear lentísimo
de los rayos celestes que adivinaban las formas, que palpaban tiernamente las laderas, los valles,  los ríos con su ya brillante espada solar..”

leemos en el poema Criaturas en la aurora, y en El río:








 “ Desde esta lisa tierra esteparia veo la curva
de los dulces naranjos. Allí libre la palma,
el albérchigo, allí la vid madura,
allí el limonero que sorbe al sol su jugo agraz en la mañana virgen...”.

La profundidad del campo andaluz,  su paisaje total es a veces definido con la certeza de muy pocos versos, transidos siempre de la personal visión de Federico García Lorca. En el famoso Romance sonámbulo del Romancero Gitano  leemos:

 “ La higuera frota su viento
 con la lija de sus ramas,
 y el monte, gato garduño,
 eriza sus pitas agrias.”

 en Espigas :












“ El trigal se ha entregado a la muerte.
Ya las hoces cortan las espigas.
Cabecean los chopos hablando
con el alma sutil de la brisa.”

 El momento posterior a esta siega , como si fuera una escena inmóvil, casi de muerte, nos lo describe en Se ha puesto el sol: 

“Se ha puesto el sol. Los árboles
Meditan como estatuas.
Ya está el trigo segado.
¡ Qué tristeza
  De las norias paradas !”.

A veces como en el Poema de la Soleá, unos versos cortos tienen la hondura absoluta del paisaje andaluz:

 “ Sobre el monte pelado
un calvario.Agua clara
y  olivos centenarios.”

La luz, el color, la vida en suma, desbordan la poesía de Rafael Alberti, para quien “Todo es belleza a mi alrededor”, y esta visión de belleza circundante se plasma en sus poemas, en los que el paisaje es elemento esencial para esa poesía de eclosión natural. En el poema “A Federico García Loca,  poeta de Granada, 1924 de su Marinero en Tierra  dirá:

 “ …Vega florida. Alfanges de los ríos
tintos en sangre pura de las flores
 Adelfares. Cabañas. Praderíos…”. 

En Geografía  política, describirá el paisaje de los montes de Toledo:

“¡ Los Montes de Toledo,
los ojos con que sueña el Guadiana,
los sauces abren paso 
velando el frío, desvelando el miedo…”
Y se impregnará de naturaleza en su Carta a Horacio:











“ Laureles y romeros y zarzales,
restos de mirtos, la salvaje higuera,
 raquíticos manzanos, viejos robles,
lastimados, agónicos olivos,
 fieros castaños y el avance mudo
 de la impasible yedra mordedora…”

El gran poeta del misterio, como Lorca definió a Luis Cernuda, en su sensibilidad exacerbada y vulnerable plasma en su voz dolorida el paisaje andaluz:

 “ Algunos chopos secos, llama ardida
Levantan por el campo, como el humo
Alegre en los tejados de las casas.
Vuelve el rebaño junto al arroyo oscuro.”

leemos en Atardecer en la Catedral,

 Y en Urania:

“ Es el bosque de plátanos, los troncos altos, lisos,
Como columnas blancas pautando el horizonte
Que el sol de mediodía asiste y dora,
Al pie del agua clara, a cuyo margen
Alientan dulcemente violetas esquivas…”,

En  A un muchacho andaluz  nos describe en tres versos una preciosa imagen de Huelva:

 “ …al caer de la luz por tu Conquero,
 Tras la colina ocre,
 entre pinos antiguos de perenne alegría ”.  

Finalmente dos poetas sevillanos de la Generación del 27, Rafael Laffón y Joaquín Romero Murube,   nos describen   paisajes  de la tierra con la concisa exactitud de sus versos. En Es una novia Sevilla,  Rafael Laffón  dice:

“De una banda, grana el trigo,
de otra banda, el olivar;
 detrás se empina la sierra
 con tocas de madroñal.”,

y en Canción con ella , Joaquín Romero Murube escribe:

 “ Los olivos, dulcemente,
subían collados mansos
hacia invisibles contornos/
de soledades y pájaros.” .




viernes, 1 de noviembre de 2013

RESEÑAS DE POETAS SEVILLANOS.JUAN MARTÍNEZ IGLESIAS- ABOROJUAN.



POESIA SEVILLANA
 







 
 
 “ESFERA DE CUATRO ARISTAS”  de JUAN MARTÍNEZ IGLESIAS - ABOROJUAN
Ediciones En Huida. Sevilla. 20113

Juan Martínez Iglesias – Aborojuan, ( Sevilla,1956).Licenciado en Ciencias Exactas, Ferroviario, perteneciente a  la histórica Institución Literaria “Noches del Baratillo”  de Sevilla, en la que realiza una gran labor en el mundo de la poesía, con una activa participación en numerosos eventos y llevando por medio de la red, su rico mundo creativo a todo el mundo, en un formato en el que combina con verdadero acierto imagen y poesía.  Es  miembro activo de la Escuela de música Tierrapercusión; afición que compatibiliza con la poesía Una clara intuición  por la rima y posiblemente la influencia de su formación matemática y musical, lo llevan a profundizar en las estrofas más clásicas de la expresión escrita de la poesía: romance, copla, seguidilla, soleá, décima, soneto, etc., etc., para una vez establecido en ellos, dar el salto y zambullirse de pleno derecho en el inagotable mundo del verso libre.


De tan honda formación poética surge hoy este libro: Esfera de cuatro aristas, que él mismo define: “Esfera de cuatro aristas, mi primera publicación, nace con la aspiración de ser una pequeña ofrenda a Ella, a la Naturaleza, como expresión de mi sentimiento de gratitud, respeto e integración en la misma.
Obligado tributo a esta esfera -La Tierra- que siendo como es, origen y soporte de nuestro mundo, planeta y madre, las absurdas ambiciones de los poderes económicos  -que anteponen el peso de la moneda al de la armoniosa ecología- la tienen hoy en día tan  perjudicialmente deteriorada.”


Y como ella es un poemario redondo    , unitario, cerrado, en una palabra, completo. Una poética visión de los cuatro elementos que se hacen presentes en el desarrollo de una poesía naturalista, como testimonio de una experiencia emocionada que se transmite acertadamente:
 
 Incinerada la verdad/ solo se salvó la fe en la palabra." dirá del fuego, o mejor dicho a una versión de él, porque de otra lo dirá de otra forma: "...con su largo tacón y medias negras/ ennoblece los gemidos del amor./...", y cantará a la llama : “ Regia y libertaria/ agita sus confines ambarinos/ en ascendente baile…” y al viejo rito ancestral , conservado en las tradiciones solsticiales: “ Danzan sin cuerpo/ salpicadas de hechizos/ en las noches más cortas.

Del agua: " ...en su trote sonoro..." , "...como escurridiza libertad...", concepto que se repite, como incidiendo en la concepción moral del poeta , "...la libertad es el mar", y en su acendrado concepto de lo social, dirá a propósito del estuario:  “Nebulosas de sal y gotas dulces/ donde el más fuerte/ -como los peces- / se traga al debil.”  


Concepción ética del mundo que en la Tierra, y en el poema dedicado a su diosa dice: " El agua la hizo barro./ A sus pies /crece la espiga/ para matar el hambre." enseñándonos aquí el afán no sólo de libertad sino de justicia que late en su universo poético. Y asimismo la profundidad de dicho universo, vestido aquí de Machado: “ …Nuevamente la huella, / nuevamente el sendero./ Sigamos


Al tratar el Aire nos recuerda "...la enorme voz chillona/ del vendaval."; pero también se detiene  “ en el cimbreo del mimbral./ Un racimo de juncos bailarines / juegan a sorprender/ con sus sombras inquietas…”, o en la observación y meditación,  sobre las hojas secas arrastradas por el viento: “ El niño/…/ las persigue en su trote/ para oírlas crujir./ Algún día,/ Él  también será otoño.”


Universo poético,  trasuntando metapoéticamente una filosofía que en cierto modo pone estos cuatro elementos a disposición del hombre, al fin y al cabo piedra angular del poemario, no solo centro del mundo, sino objeto social del mismo, concepto muy presente en el ideario del poeta.


Aunque es una tardía opera prima,  es sin embargo una obra de madurez que no ha surgido de  absurdas premuras,  es fruto de una etapa que en su larga experiencia poética  nos tiene demostrado su exquisito dominio de la métrica , especialmente de la difícil estrofa del soneto o de la musical décima, amén de otras artes menores que domina con una suelta habilidad no siendo ajeno a esa llamada que el haiku hace a los poetas sensibles con la naturaleza y cuya acertada ejecución nos demuestra casi todos los días  en una constante presencia en los medios donde tiene un lugar destacado su buen hacer poético.


El dominio del soneto nos muestra ejemplares extraordinarios, especialmente el construido con unos magistrales alejandrinos:



SUSURROS (x)

Despiertas los aromas del seno de las flores
das cuerpo a los suspiros a la luz del ocaso
la brisa mañanera te adora en tu parnaso
tan útil como el llanto que apaga los dolores.

Laúdes perezosos exhalan tus valores
los vientres de las flautas se excitan a tu paso
melosas sinfonías rebosan de tu vaso
al brindis generoso de tus suaves licores.

Disfrazado de pájaro sobre enérgica rama
a tu grupa cabalga asombrado el latido.
Intangibles y nómadas son tu alcoba y tu cama.

En tus brazos dormitan el recuerdo, el olvido.
Tu existencia a los fuegos le revive la llama.
Cuando asoma la pena,  tú eres el quejido.


Un libro, como digo al principio, redondo, circular, definitorio de una poética al servicio de unas concepciones en las que la ética y el compromiso, el hombre y la Naturaleza son las otras cuatro aristas de esta singular esfera.


 F..Basallote.

Publicado en Papel-Literario 28/10/2013