domingo, 6 de enero de 2013

OPINIONES SOBRE MI POESÍA-III






JUAN MANUEL PRADO ANTUNEZ.

Basallote Muñoz, Francisco, Libreta del caminante, Edita Consejería de Educación del Gobierno Andaluz, 2007.
Basallote Muñoz, Francisco, Calendario Manuscrito, Edita Ayuntamiento de Villanueva de la Cañada, Madrid 2007. Premio de poesía Encina de la Cañada 2007.





El poeta andaluz, de Vejer de la Frontera, sigue en su línea ascendente en la comprensión poética de la naturaleza, y nos ofrece los dos últimos trabajos en ese sentido, La libreta del caminante y el Calendario Manuscrito. Este último, se ha convertido además en el último premio de poesía que se entrega en Villanueva de la Cañada.

Francisco Basallote es una persona primordial, claro, sencillo y emocionante; y las tales características las refleja en su concepción de la poesía, cristalina. Los poemas de Basallote se construyen en un lenguaje elemental, fundamental e indispensable, esencial y primario, buscando transmitir los elementos paisajísticos que pinta. La poesía de Francisco Basallote, es pictórica, muy pictórica. Pinceladas construidas con una lengua viva y primordial, palabras “posees el antiguo/ oficio de los ciclos”, para hacer evidente lo puro y palmario, casi palpable la naturaleza íntegra “en la claridad de la arena/ el silente abrazo de la mar”. En esta sencillez que emociona se encuentra la creatividad poética de Basallote. La natural fruición de la naturaleza en la natural sencillez, he ahí la elemental catarsis que comunica nuestro ser con el paisaje y la naturaleza, y emerge la belleza. 

Cuando comenzamos a leer un libro, y más si es de poesía, buscamos de inmediato la atracción de lo extraordinario, un algo de más que resulte raro o extraño, al oído o en la sintaxis. Piensa el lector e incluso el crítico y el autor como autor, que la extrañeza, la rareza, configuran la originalidad de los que leemos. Así, en lo expresivo o representativo, en lo sensible o material, queremos hallar lo extraordinario, la rareza. En la simbología extraña, en la elaboración de ideas o sintaxis, en las palabras que se eligen y entrelazan. Si no hay rareza, no hay originalidad. No lo intentéis con Basallote, que su originalidad surge de inteligir la naturaleza con un lenguaje sencillo “la memoria es luz/ en esta puerta de Purchena/ donde el aroma de la tarde/ es tiempo revivido…” o “la misma espuma/ del sol en los castillos del viento;” : conjuga mar, sol, arena y viento, en los castillos, fusionando lenguaje y naturaleza, con originalidad que no necesita extrañeza.

Busca Basallote atrapar la armonía que expresa la naturaleza, esa armonía que se encuentra en la relación de la partes, y que él traspasa a su lenguaje, a sus poemas, y utilizando el contraste en la metáfora “bebe el agua de las clepsidras/ y sigue el ritmo de la sangre”, “la vega es fuego/ de llamas verdes”. Es curioso, que a través de la armonía y el contraste, se llegue a expresar y atrapar, la unidad de la naturaleza y el lenguaje. De esta manera, consigue el poeta que nos asombremos de la realidad que el poeta nos ha hecho observar, que deja de ser al de su Vejer natal, la del sur soleado, y se convierte en nuestra propia mundanidad. Si la poesía quiere sublimar la realidad, distinguirla y realzar, pero también evaporarla y volatilizarla, ennoblecerla al disiparla, la poesía de Basallote lo consigue “Un resplandor/ viste de luz las cosas,/ entre lo oscuro/ su palpitar/ es alegre lascivia/ como preludio/ adivinado/ de su cumplida gloria”.

Al ir leyendo, es evidente que nuestro poeta busca la expresión de la belleza apolínea, la belleza de la rectitud, del sol y de la luz, de la unidad. Sin embargo, la embriaguez que nos inunda, proviene de la junción de la naturaleza y lenguaje, y se la da el lenguaje mismo. Este lenguaje se implica con la naturaleza y la convierte en un puro reino onírico. El lenguaje de la claridad, de la sencillez, que impregna la armonía de la naturaleza con la embriaguez narcótica de la individualización.

Este lenguaje de la emoción, tan sencillo y puro, que la disipa, tan claro, que la honra, es el que nos reconcilia con la naturaleza.
Brais de Besteire 

3/15/2008


viernes, 4 de enero de 2013

OPINIONES SOBRE MI POESÍA-II



Francisco Basallote: Pintura y poesía de síntesis

ANDRÉ CRUCHAGA



Tengo sobre mis manos: Como agua sobre piedra, (Diputación de Huelva, 2007), Tiempo deshabitado (Aranda del Duero, 2006), Calendario Manuscrito (Madrid, 2007), Lujo de la pintura y En los senderos del bosque, (Cádiz, España, 2008) de Francisco Basallote Muñoz, (Vejer de la Frontera, Cádiz, España, 1941). Poeta, ensayista, arquitecto e investigador. Francisco Basallote es poeta de “riguroso pensamiento” y refinado lenguaje. Poesía intensa y emocionada, elegíaca, con “pinceladas de sutil humanismo”. El poeta construye de y hacia la pintura haciendo suya la pincelada y la grafía, el óleo y la palabra, la imagen que se torna hoguera en su memoria: esencia del poema y la pintura.

En tiempo deshabitado (2006) y con versos de José Ángel Valente empieza cada apartado del libro: “un día nos veremos/ al otro lado de la sombra de del sueño”. Sombra y sueño, fronteras de la nada, territorios, acaso, para oficiar la liturgia de la poesía, lecho donde sangran las fuerzas telúricas de los celajes, el enigma desvelado en la cábala: tiempo fugaz y sin embargo permanente en los espejos de la certeza que augura lo que está al otro lado de ese andar y convocar el retorno… Ese tiempo deshabitado es el de nuestros días: caótico, herrumbro, sin abrigo a menudo para la realización humana plena. Pero el poeta nos habla no sólo del tiempo cronológico, sino de ese tiempo vital que se nos escapa de las manos y que sólo la memoria rescata a manera de atenuar las desesperanzas.

De la vida a la muerte nos iniciamos en la inocencia, luego se es fuga y ceniza, sombra que en realidad no reivindica los pasos andados, ni los zapatos agotados de tanto trajinar. De repente nos perdemos en la heladez del mármol y ahí nos consume el reino de la inminencia y la impotencia. El calendario aún entre la bruma permanece; la vida en cambio, siempre se torna áspera noche o ansiosa ceniza: ráfaga de vacíos que sólo la nostalgia recobra. Sin duda el mundo y la vida son así: “transparente brevedad” donde la noche seduce con su espejo.

Como agua sobre piedra, (2007) nos introduce de la mano de un epígrafe de Alejandra Pizarnik: “A quien retorna en busca de su antiguo buscar/ la noche se le cierra como agua sobre una piedra”. Noche, destino y memoria se entrelazan en esa búsqueda de lo interminable para hallar la certeza, el fluir del tiempo como un fuego de ritos y designios.

El poeta busca en el río que se fue la transparencia de su sombra; en la piedra, el desvelo —el señuelo falaz de los espectros o la dureza hecha soledad de tanto aliento enardecido. Aquí los días van como ríos a la caverna, negros de principio a fin, herrumbrosos en la profundidad de su raíz, pero que es necesario olvidar para recobrar memoria, según Paul Celan. Así, al pie de la duda y todo lo que entraña el azogue, se torna revestido aliento de la herida.

A menudo el viento nos adentra en su pelaje, los espejos se tornan laberintos y en su asombro emergen inventarios, senderos transmutados, certezas, vahos, vitrales difuminados. Sin embargo, por suave que sea la niebla y albedrío la incertidumbre, la aurora inaugura párpados de luz. Si bien “La noche es muerte para quien habita/ en el dulce confín de la mirada”… el día nos da sus manos y así se construye la palabra y el “cuerpo interminable del pálpito”.

Calendario manuscrito, (Ayuntamiento de Villanueva de la Cañada, 2005), constituye una celebración al tiempo donde el poeta hace gala de diversas formas poéticas, entre la que destaca el haiku. “Este es el tiempo/ —acota el poeta— de tus contradicciones:/ el frío del olvido/ y las cálidas tardes/ que sube la memoria/ hasta el dolor/ y sus rituales”. Luego “la nada,/ la noche irreversible”, la brevedad del calendario que los ojos devoran en su destello.

Cada mes es tiempo de sorpresas. El ser humano se hace desnudando calendarios, cincelando en cada hora, en ese escenario, el rictus laborioso del devenir que puede ser edificante o caótico según las propias circunstancias. La memoria es el almanaque donde se guardan las indagaciones mientras la materia se yergue en su inicial desnudez. El día palpita en los cristales del aire: enigma, acaso, que el reloj avienta con la certeza que en el vivir se va construyendo un inventario de historias y espejos premonitorios.

Francisco Basallote hace gala en este libro de su fuerza poética y, reivindica como buen versador, formas métricas diversas que hoy en día muy poco se usan, pero que en manos del poeta se vuelven joyas de resplandeciente incienso. “De oro fundido/ —dice el poeta— la luz del mediodía/ sobre los árboles”. “El río de la memoria” no es de espejismos, sino de espejos: trasmutado tiempo en la alquimia de las campánulas, incendio que no caduca sino que se cristaliza en la geometría primera del designio.

Aquí surge el deseo y la brasa, la íntima certeza de las cornisas, los recuerdos, la sombra de los muros tratando de perder el latido de cada aurora. Libro de musicalidad envolvente, si bien la caducidad saca sus alfileres, la sed es más potente cuando se patean los guijarros y la ebriedad de los ojos llega al alba sin noches de azufre. En este calendario cada quien oficia la sombra que se aleja de su propio espejo. Porque “En el ocaso,/ tan cerca de su muerte,/ el día, alza la curvatura/ rebelde de su alfanje/ y certero en su oficio,/ cercena de la noche/ su decisión de vida.”

En la poesía de Francisco Basallote y en particular en este libro, “el tiempo alcanza una de las expresiones más sobresalientes a causa de las peculiaridades de la poesía del autor. Dentro de la variedad de su poesía, uno de los principales temas es, en efecto, el tiempo, pero no como ente metafísico, sino vinculado con el yo desde el sentimiento de la soledad y el sentimiento de la nostalgia”… “…trate el tema que trate, [su poesía] está transida de temporalidad, pues el poeta analiza los hechos desde varios puntos del tiempo: el del momento vivido o narrado y desde el momento de la escritura, donde el hecho se vuelve palabra.”

Lujo de la pintura, (Sevilla, 2004), constituye un homenaje a pintores de la talla de Monet, Cezanne, Paul Serusier, Van Gogh, Matisse, pasando por Picasso hasta Jackson Pollock. El libro es una perfecta simbiosis entre pintura y poesía, fusión que el poeta Basallote sabe aquilatar con su estro de auténtico orfebre. En cada poema-pintura el gozo nos ofrece un tafetán de presencias como la luz incandescente de los ríos. El poeta se reafirma en cada cuadro “Pues no existe la verdad/ sin el espejo de su magia”.

Ya poetas coterráneos suyos como Rafael Alberti en su larga tradición poética han hermanado la palabra y la pintura. A la pintura (poema del color y la línea, 1945-1976) se intitulan los poemas que Alberti escribió, “Al color”, “Goya”, “1917”, entre otros. En uno de esos poemas, nos dice el poeta gaditano: “El aroma a barnices, a madera encerada,/ a ramo de resina fresca recién llorada;/ el candor cotidiano de tender los colores/y copiar la paleta de los viejos pintores;/ la ilusión de soñarme siquiera un olvidado/ Alberti en los rincones del Museo del Prado;/ la sorprendente, agónica, desvelada alegría/ de buscar la Pintura y hallar la Poesía,/ con la pena enterrada de enterrar el dolor/ de nacer un poeta por morirse un pintor,/ hoy distantes me llevan, y en verso remordido,/a decirte,¡oh Pintura!, mi amor interrumpido.” [Biblioteca Cervantes]

Y por último tengo entre mis manos su más reciente libro publicado: En los senderos del bosque, Cádiz, 2008. Se trata de un poemario escrito a la usanza de la poesía japonesa, [Siglo VIII de nuestra era]. En él revive hoja a hoja el haiku. Esta composición muy ligada a la filosofía ha cobrado vida en poetas de Hispanoamérica de la talla de Jorge Luis Borges, Mario Benedetti, David Escobar Galindo, etc. Su estilo del cual no se aparta el poeta Basallote es “la naturalidad, la sencillez (no el simplismo), la sutileza, la austeridad, la aparente asimetría que sugiere a la libertad y con ésta a la eternidad.”

Rafael de Cózar, de la Universidad de Sevilla dice entre otras apreciaciones que la poesía de Basallote cumple con uno de los cometidos del haiku: la “relación entre paisaje y literatura”, es decir, la naturaleza en todo su esplendor. Para Basallote no es extraño este “prototipo poético dado que igual practica otras formas de similar construcción y condensación lírica”. Como andaluz, y según palabras de Cózar, Basallote trabaja la soleá y la poesía cancioneril que no son ajenas al haiku.( Prólogo, Rafael Cózar, pág.8).

Basallote acompaña estos haikus con acuarelas de su autoría. Esto hace doblemente atractivo el libro porque pintura y poemas, forman una unidad visual que pocas veces se ve en la poesía de síntesis. Y mientras “Arrecia el viento,/ revuelo de papeles/ en la plazuela”. “Conmigo va/ a mi compás, mi sombra,/ no me abandona”. Y en efecto, la poesía va alada al horizonte: uno la vive desde la propia sombra de transeúnte.


André Cruchaga,
Barataria, 03/../VIII/2008
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Leer más de Francisco Basallote y André Cruchaga en: www.artepoetica.net


jueves, 3 de enero de 2013

OPINIONES SOBRE MI POESÍA-I



ANÁLISIS DE LA POESIA DE FRANCISCO BASALLOTE

Por  Alejandro Pérez Guillén


El campo de visión de un individuo es demasiado estrecho como para abrazar el abanico de matices del que se nutre el universo. De ahí que Francisco Basallote abandone el yo íntimo y personal para extender sus raíces en un yo coral, colectivo, que se cuela, sin que nos demos cuenta, en la conciencia del lector como si nos cogiera de la mano para acompañarnos en silencio por los páramos de la lírica. Un yo que quiere pasar desapercibido, pero se intuye en cada latido del bosque, en cada ola del mar, en cada calle de su pueblo. Un yo que recorre los parajes más recónditos de Vejer, que trasciende el tiempo real y deambula solitario por el alambre de la historia.
La luz no es más que una pluma que escribe en el aire retazos de una infancia, una memoria recobrada a través de la palabra, antes de que caiga rendida a los pies del olvido. La poesía consiste en reconstruir y reinventar un pasado que se filtra entre una existencia antigua, llena de casas blancas, un mundo que se detiene ante el espejo con el fin de que no se pierdan los matices por el camino, una naturaleza que posa de manera espontánea con el fin de salir airosa en el boceto del poema. Un juego de ajedrez cargado de sombras y de luces que oculta entre los recuerdos el aroma de la inocencia.
Esa capacidad de síntesis que muestra Francisco Basallote en sus versos se hace más que evidente cuando aborda con maestría la composición de haikus. Los haikus son una herida abierta a la vida, un relámpago que pinta de colores el cielo, un tractor que remueve las entrañas de la tierra, una nariz que derrama el aroma de las flores inclinadas a su paso, unos oídos atentos al murmullo de unas aves, la conciencia de un dolor que late irremisiblemente en nuestros corazones.
Una poesía clara, tranquila, nítida, como el espejo del mar que se divisa en lontananza, como ese sol de otoño que baña los recuerdos y las calles.
Una poesía dura, fuerte, sólida, como las piedras milenarias que han cincelado la arquitectura de los sueños, como las ansias por saber que se ocultan entre el folio en blanco de unas paredes de cal.
Una poesía cromática donde el ocaso estalla con toda su gama de colores, donde la naturaleza florece en el papel como si diera rienda suelta a la primavera.
Francisco Basallote camina sobre el filo de la historia hacia el precipicio del presente en una geografía de nostalgias que duermen sin descanso en las fuentes nevadas del papel. Son las huellas del pasado, las pisadas de antaño las que quedan retratadas en los versos.
El silencio se detiene a poner unas palabras en el cuaderno misterioso de la niebla y la luz dibuja en el aire la esperanza del hombre entre las sombras, en una soledad de noches embrujada por la tierna mirada de unos ojos desvelados.
Francisco Basallote crea una poesía urbana que se diluye en el laberinto sin salida del tiempo, en la búsqueda cotidiana de la belleza, en la locura de rescatar las derrotas y remover las cenizas como un intento fallido de volver a vivir el pasado, como el único medio de volver a quemarse en el fuego tibio de la memoria.
Crea una poesía rural donde el locus amoenus cuenta con una flora y fauna autóctonas, unas flores que recorren el paisaje de La Janda, un aroma que se desprende en el camino diario por el campo, una fauna que se oye desde el cuadro sin pintar de las ventanas de su casa, con un rumor azul que proviene del mar y una caricia blanca que nos trae el levante. Un misterio indescifrable que se divisa más allá de la cortina que establece la niebla.

martes, 1 de enero de 2013

LA PREMONICIÓN DE JAVIER EGEA













LA PREMONICIÓN DE JAVIER EGEA

Sólo los poetas tienen la capacidad de ver en la oscuridad, como Homero, y sólo los poetas tienen la voz suficiente para decir – como los niños y los locos- la verdad. Pero es más, tienen el don de la clarividencia , que en el caso de las Coplas a Carmen Romero , de Javier Egea, viene acompañada del caldo magmático de una conciencia social inmutable, crítica a lo que los puros del momento llamaron la traición a las esperanzas del pueblo español o de la izquierda española del momento.

Y si la Historia se repite, generalmente cuando lo hace es con ampliación y desgarro, cuando no mofa de todos nosotros. Hoy aquellas Coplas a Carmen Romero  tienen el mal sabor de lo ya dicho, es como un regurgitar amargo de lo que entonces se decía.  Lamentablemente no tenemos un Javier Egea que escriba hoy unas Coplas, que como está la cosa no tendrían ningún efecto, estando como está todo el pescado vendido.
Habría que ver lo que escribiría el poeta granadino con lo que está cayendo y sobre todo con lo que aún tiene que caer.


Coplas de Carmen Romero
Díselo, Carmen Romero,
dile que estamos aquí,
que él parece estar allí
y es aquí donde lo espero;
dile que ningún obrero
entiende que un presidente
mande guardias a su gente
en vez de mandar trabajo,
dile que va cuesta abajo
frente a la Cuesta de Enero,
díselo, Carmen Romero.

Dile que están encendidos
los faros de un pueblo oscuro,
dile que mire al futuro,
no a los Estados Unidos;
dile que estamos perdidos
en medio del capital,
que una rosa sin rosal
naufraga en las oficinas
dile que por las esquinas
anda el sueño prisionero,
díselo, Carmen Romero.
Dile tú, Primera Dama,
cuando hagas su equipaje,
que a veces también viajé
por los campos de Ketama
y dile, cuando la cama
anula la presidencia
y el amor dicta sentencia
contra todos los misiles,
que aún florecen a miles
banderas del sueño obrero,
díselo, Carmen Romero.
Javier Egea, Contra la soledad (edición de Pedro Ruiz Pérez), Barcelona: DVD, 2002, página74 .

JULIO MARISCAL Y LA REVISTA PLATERO




JULIO MARISCAL Y LA REVISTA PLATERO





En la desolación general tras la guerra civil española, el mundo poético español se encontraba fraccionado en dos mitades: El Norte y el Sur. En el Norte, dos revistas Garcilaso y Espadaña, centraban la poesía: una desde la militancia oficial de los vencedores, cultivadora de una poesía seca y fría, de rígida perfección formal, ausente del tiempo  y otra,  en una situación pretendidamente  opositora, defensora  de un falso existencialismo y con una clara  despreocupación por lo formal. Mientras, en el sur, la poesía vivía  ensimismada, de espaldas a la fea realidad vigente en una posición entre añorante y reivindicativa de la herencia de la Generación del 27, con la que algunos poetas y revistas logran una conexión espiritual y de transición, en cuya función destacan las revistas Cántico, en Córdoba y Platero, en Cádiz.


Según Manuel J. Ramos Ortega, “Platero es(…)la publicación más importante del segundo tercio de este siglo en la literatura gaditana. Su importancia radica en el hecho de que, a pesar de los escasos medios con los que contó logró superar el reducido marco local y provinciano de los años cincuenta y, más tarde, incluso convertirse en una revista con repercusión en el ámbito nacional.” 


Platero nace gracias al impulso de Fernando Quiñones, que logra reunir un grupo formado por los poetas Serafín Pro Hesles, Felipe Sordo Lamadrid, y Francisco Pleguezuelo, amigos de colegio, a quienes se les unen J. Manuel Caballero Bonald, Julio Mariscal, José Luís Tejada, Pedro Ardoy y Carlos Edmundo de Ory, que había fundado en Madrid el movimiento postista y la revista Postismo.


Antes de editar Platero, este grupo había publicado una Revista llamada Parnaso, cuyo número 1 apareció el 1 de diciembre de 1948 y el 30 y último el 15 de febrero de 1950, que es la antecesora de Platero, que aunque con portada distinta conserva la numeración antigua, ya que  su primer número, de marzo de 1950  ostenta el n º  31, no existiendo pues un número 1 de Platero. Así se mantuvo hasta el n º 39, constituyendo estos nueve números lo que se conoce como su Primera Época. La Segunda Época que fue la más importante y divulgada contó  con 24 números, apareciendo el 1 en enero de 1951 y el 24 en 1954.(...)


La colaboración de Julio Mariscal que se iniciara en la Revista Parnaso (1948- 1950)  continuó en Platero, donde con altos y bajos se mantuvo hasta el último número. Es interesante relacionar las colaboraciones en Platero con su actividad poética, su nombre como poeta ya era bastante conocido, en 1949 fundaba con Antonio Murciano, Alcaraván, cuyo primer número, como luego los de la primera etapa de  Platero, sería mecanografiado.(...)

La participación de Julio no sólo en la génesis sino en el desarrollo de Platero, como se ha visto, fue intenso no sólo en colaboraciones sino en su participación en la consolidación de un grupo que fue compacto, pese a las diferencias abismales que existían entre ellos a nivel personal, no sólo como imagen externa sino como de acción poética, marcando un estilo y una categoría que hicieron de Platero un referente a nivel nacional e incluso internacional,  objetivos que sólo se logran si hay una fe y un empeño en lograrlo, y eso fue manifiesto.


Colaboró en los siguientes números : desde el num. 31, de marzo de 1950,  hasta el 38, de octubre del mismo año, con el que acaba la denominada primera etapa de Platero. Continúa en la segunda etapa, iniciando su colaboración en el num. 1, de enero de 1951, hasta el núm. 5, de mayo del mismo año.  Este periodo coincide con la estancia en Cádiz  durante el ejercicio profesional del curso 1950-51, en total trece colaboraciones ininterrumpidas.  Desde junio a octubre de 1951 (números 6/10 de la 2ª época) no hay colaboración, probablemente el verano y la preparación del traslado a El Bosque debieron de influir en ello, ya que en noviembre de 1951, num. 11 de la segunda etapa, recomienza su colaboración que hasta el último número de la revista, el num. 24, sólo conoce una abstención, la del núm. 23 de diciembre de 1953, quizás motivada por los preparativos que ocasionaran la aparición de su primer libro, “Corral de Muertos”.(...)



 

CARPETAS DE HAIKUS Y ACUARELAS

En estas carpetas  se recogen en papel de alta calidad unas ilustraciones de haikus, con cierta aproximación a los primitivos "haigas" japoneses.

Cada una de ellas consta de doce láminas y 12 haikus, con una tirada de 200 ejemplares, numerados.





Pinceles para la poesía. 

Sobre "Sendas del aire", de Francisco Basallote 

DOMINGO F. FAÍLDE


A veces, un poema, un libro, un cuadro o un arpegio son suficientes para alumbrar la sombra y devolver al tedio cotidiano el brillo y el temblor de lo primigenio. Es el caso, sin duda, de la hermosa carpeta que Francisco Basallote (Vejer de la Frontera, 1941) acaba de publicar. Pulcramente editada, contiene una docena de acuarelas, precedidas de otros tantos haiku, un arte nada fácil, dada su extrema densidad expresiva, del que ofrece el poeta -finalista a la sazón del premio andaluz de la crítica- una cuidada muestra.


Estas Sendas del aire, se suman a Queda la luz, componiendo una atmósfera que sólo con la magia del lenguaje poético es posible crear y percibir, ya se materialice en trazos caligráficos, ya en esos signos plenos de forma y colorido con que el pincel se acerca a la realidad. Creo que las acuarelas dan réplica precisa a los haiku o quizás al revés, elevando entre unas y otros la levísima sinfonía de un corazón enorme que celebra la belleza del mundo. Porque eso es el haiku y es tal la pincelada del poeta que pinta escribiendo y escribe pintando, imbuido hasta la  médula de su espíritu de ese latido cósmico que vivifica cada pincelada y le arranca la esencia de la canción.


            Sendas del aire eterniza lo efímero y convierte lo eterno en momentáneo, porque así es la belleza, un destello, un chispazo, que nos permite vislumbrar cuanto de perdurable habita en cada ser. Y la mirada, un flash, sencillamente, que renace en la imagen de versos y acuarelas. Árboles, flores, ríos, muestran su plenitud o se adelgazan hacia su propia idea en nubes de color. Esto es Sendas del aire, belleza químicamente pura, una razón sencilla, franciscana, sublime, para volver a la naturaleza.


BREVE ANTOLOGÍA -XI


 

Prisma de la luz,
                                   la tarde,
en su cristal se rompe
la blancura,
                        la lluvia
de color multiplica
en rosas sus corolas,
tan cromática orgía
en lirios y alhelíes.

Bajo la parra
dormita,
                        azul,
                                    la sombra.

© F.BASALLOTE. LA SOMBRA DE EUCLIDES. N.YORK, 2012.

Blanca pirámide
de luz,
            el tejado de cal.
Tan vertical el sol
lame los bordes
del alero
                        y su filo
añil de sombra,
y como cascada
de luz
            sobre los muros
se precipita.

Tan blanca inundación del mediodía.

© F.BASALLOTE. LA SOMBRA DE EUCLIDES. N.YORK, 2012.

Cierras los ojos
y ves la luz aquella,
el desnudo esplendor
del arco abierto
a la sorpresa
de su deslumbramiento,
la elipse de su curva
sobre la cal luciendo
candelas de blancura.

Cierro los ojos
y la memoria
                        me deslumbra.

© F.BASALLOTE. LA SOMBRA DE EUCLIDES. N.YORK, 2012.

Como un vitral
el patio cierne
la luz,
            fragmenta
su cuerpo en los haces
prendidos de color
que incendian las corolas
en el fuego
                        de su transformación:
mayo encendido


© F.BASALLOTE. LA SOMBRA DE EUCLIDES. N.YORK, 2012.

No se detiene
la cal en el pretil,
pasa por su cimera
y su nieve desciende
vertical hasta el plano
de la azotea,
receptáculo de blancura
en cuyo centro
hurgas como si fueras
a encontrarte de nuevo.


© F.BASALLOTE. LA SOMBRA DE EUCLIDES. N.YORK, 2012.


Vuelan los últimos
pájaros de la tarde
mientras las nubes
y los muros se tiñen
de rosa,
                        vira
a magenta y violeta
el fuego del ocaso
y se detiene el tiempo
en las campanadas del ángelus.

Dulce muerte del día.


© F.BASALLOTE. LA SOMBRA DE EUCLIDES. N.YORK, 2012.


En el designio
de la luz,
                        la piedra
es ámbito,
                        concavidad
de nácar,
                        cuna
para un tiempo cuyos vectores
fluyen desde la nada
al río inmenso de la vida
abierto al goce
de su esplendor.

© F.BASALLOTE. LA SOMBRA DE EUCLIDES. N.YORK, 2012.


Era mi casa en la muralla
por la noche centinela
de aquella Puerta Cerrada.

© F.BASALLOTE. LA SOMBRA DE EUCLIDES. N.YORK, 2012.


Vuelan los brillos
del mar en su distante
azul,
            bahía
cercana,
            cóncava
luz suspendida
entre montaña y cénit,
entre oscilante plata
y la certidumbre solar
del mediodía.

Desde aquí,
                         como quien se asoma
al espacio único
de su deslumbramiento,
ineludiblemente retorno
a la blanca azotea
de los días felices
en la casa perdida
de la memoria.

© F.BASALLOTE. LA SOMBRA DE EUCLIDES. N.YORK, 2012.


Sobre la cal la luna
disecciona las sombras
 con su bisturí claro.

No es blancura su seno,
aura de plata
en la que se escriben los nombres
 olvidados,
                         los cuerpos
 sin rostro que perdimos,
las horas detenidas
en su reloj blanco.

A la luz de la luna
al recuerdo jugamos.

© F.BASALLOTE. LA SOMBRA DE EUCLIDES. N.YORK, 2012.


La luz delimitó
el ámbito,
                         la cerca
de la ciudad dorada,
la curva de tus pasos
sobre  la nuez de tu delirio:
 tu blanco alcázar.

En rondas de cal
                                   y de sombra
el ritmo de tus pasos
 por  adarves del viento,
 coracha del levante,
barbacana de tu destino.

© F.BASALLOTE. LA SOMBRA DE EUCLIDES. N.YORK, 2012.


Lees en la cal
los signos inmutables,
están escritos en el mismo
lenguaje con que el viento
acaricia las palmeras
y el agua canta lentamente
por  caños de verdina,
con el idioma
                        de las rosas
y del jazmín,
las únicas palabras
que al aire suenan con la música
y el ritmo de los versos
antiguos de  la sangre…

© F.BASALLOTE. LA SOMBRA DE EUCLIDES. N.YORK, 2012.


El viento mueve
lento las sombras
de las palmeras
mientras la plaza sueña
su siesta azul.

La tarde es un trapecio
de lados desiguales
donde la luz descansa
de su blancura
y se abanica
con las sombras de las palmeras.

La plaza sueña
mientras la fuente
canta la nana
del surtidor.

© F.BASALLOTE. LA SOMBRA DE EUCLIDES. N.YORK, 2012.


Quien pudiera abrir la puerta  que conduce a un niño
 feliz rodeado de un mundo de flores y pájaros,
en un jardín en el que crecían el romero
y el almorajud   y frutales de oro y de almíbar,
bajo la blanca  luz que es hoy una dulce nostalgia.

© F.BASALLOTE. LA SOMBRA DE EUCLIDES. N.YORK, 2012.


Era tan lenta la caída
de la tarde que Mayo
se demoraba en el espejo
de sus crepúsculos,
tasando el fluir del rosicler
a las púrpuras exaltadas
de su agonía
como si en tal medida
encontrase motivos
de ostentación para el lujo
de sus candelas.

© F.BASALLOTE. LA SOMBRA DE EUCLIDES. N.YORK, 2012.