jueves, 16 de enero de 2014

ARTÍCULOS. EL TIEMPO GRAN ESPECTADOR.




 EL TIEMPO GRAN ESPECTADOR













El tiempo, ese gran espectador, que diría Borges  o , el gran escultor, de Marguerite Yourcenar, se convierte en nuestra propia materia y ese tiempo incesante es fuente de experiencias que permanecen para elaborar sobre los cimientos de los recuerdos, convertidos en símbolos autobiográficos, fijados en el poema en una íntima arquitectura de elegías.  La importancia de la memoria para el escritor y ese renacer de los primeros símbolos emocionales es vital en la poesía en el sentido que dice Antonio Colinas: “toda la literatura es literatura de la memoria.” y el tiempo es testigo mudo de su desarrollo.


 En El tiempo entre los labios,(Renacimiento,2009) nos ofrece Víctor Jiménez (Sevilla, 1957) una Antología de su obra publicada entre 1984 y 2008, que es además un verdadero manifiesto de su poética en la que son esenciales, como dice en el prologo su editor Fernando Guzmán: “La búsqueda de la intimidad y la revalorización de la memoria”.Y es que la presencia en El tiempo entre los labios del yo íntimo y su fijación asintótica en unos parámetros de memoria no hace sino dar al sentimiento el lugar casi físico de su existencia simbólica, de instrumento de recuperación que vuelve a palpitar en la forma  que Borges dijo : “ Todo poema con el tiempo es una elegía”. Tiempo de volver es el retorno al tiempo primero, convirtiendo  la elegía en cántico de  de ternura: “De aquellos días tibios, serenos de la infancia,/ como vagos esbozos sobre lienzo de niebla/ apenas han quedado, suaves, en mi memoria/ algunas pinceladas …”,   O aquel índice del paso del tiempo que es el viejo reloj de la estación  cuyas agujas  “se clavan en la una, se te clavan…”Del tiempo y la distancia es la última parte en la que de alguna forma el poeta asimila espacio y tiempo, ajeno a cualquier pose euclidiana, llegando a decir que “Hay a quienes separa la distancia/ y a quienes siempre los separa el tiempo.” y que termina con la soleá: “Nos va separando el tiempo./  Tú siempre los mismos años/ y yo los que voy cumpliendo.”


Tomás Segovia, (Valencia ,1927)  ha sido una  figura fundamental de la poesía de México adonde llegó exiliado con nueve años y donde vivió hasta 1985.. Su poesía escrita a mano limpia es la que reúne en el presente Aluvial (Poemas 2007-2008), En Volverse a mirar hay como un retorno a un pasado, con cuyo recuerdo llegan con toda su fuerza vivencias, tiempos y espacios gozosos y doloridos, así dirá ”La evocación es siempre turbadora…”, y al recordar la infancia: “ Hubo un tiempo en el que el tiempo nos trataba/ Como a las bienaventuradas criaturas/ Que él mismo había criado…”  para .que de nuevo aquello que pasó se detenga en ese espacio ficticio de la memoria…de acuerdo con aquello que dijo un día : “ La metáfora del río del tiempo está profundamente arraigada en nuestra imaginación: sentimos que el tiempo no aparece y desaparece, sino que transcurre como un río, es decir que recorre un espacio. En "realidad" la metáfora inversa sería más exacta: es el espacio el que transcurre por el tiempo: el espacio era "el mismo" ayer, pero el tiempo ya no es el mismo que ayer.”

Acercarse a la ingente obra poética de José Emilio Pacheco (México, 1939) es entrar en un universo multidireccional en el que el lenguaje poético adquiere todas las formas y en el que hay una presencia constante del hombre y de los grandes temas de la poesía: El tiempo, la vida y la belleza, la naturaleza, la memoria personal e histórica, Contraelegia ,(Univ. De Salamanca, 2009) es el título de un poema definitorio de su poética, perteneciente a su libro Irás y no volverás: “Mi único tema es lo que ya no está./ Sólo parezco hablar de lo perdido./ Mi punzantes estribillo es nunca más. / Y sin embargo amo este cambio perpetuo, este variar segundo tras segundo,/ porque sin él lo que llamamos vida/ sería de piedra.”  En dicho poema leemos la presencia del tiempo en un concepto heracliteano, así en El reposo del fuego  y en su poema Don de Heráclito dice: “Fuego es el mundo que se extingue y cambia/ para durar(siempre) eternamente…”. Impregnado de este concepto existe en su poesía una celebración del instante, no sólo como culmen sino como  fugacidad. En su traducción de Netzahualcóyotl : “No tenemos raíces en la tierra/ No estaremos en ella para siempre/ sólo un instante breve/…”, queda patente este concepto de su efímera esencia; pero en su poesía hay una trascendencia mayor de esa fugacidad que puede llegar a perdurar en la intensidad de lo vivido, así en su  poema Venus Anadiomena, por Ingres dirá: “ En el cuadro rehecho sin sosiego/ tu carne perdurable es joven siempre./ El mar se hiende atónito y observa/ otra vez el milagro”.


El tiempo, su ineludible tiranía, es motivo para la queja existencial no exenta de la fina ironía que da la tierra y sus arcanos: en “Antología personal” (Ediciones Moreno Mejías. Sevilla, 2010) de Manuel Senra: “Sólo el que tiene el tiempo entre las manos, manda.”, dirá , ante lo que “ el escritor, en su impotencia, es nada:/ la diluida luz que se oscurece./ Pero/ el reloj sigue andando…”, ante lo que dirá: “Hay que vivir, para pasar más tarde./ Hay que reír, para pasar sin prisa…”, única forma de dilatar el paso del tiempo, una personal forma de vivir el presente, que en la belleza que  Abril descubre es gozo : “ Ay corazón, qué lejos late el tiempo/ cuando tu voz acerca claridades!”.  Mas hay una callada certidumbre en la finitud  pese a los esplendores de la luz: “…se entierra el tiempo que ya ha sido:/ una puesta de sol definitiva/…/ Es esa luz , esplendorosa y blanca,/ la que te ensalza y luego te sepulta/ un día ya sin pájaros ni nubes..” Y esa certeza, es también la de la presencia del dolor, que pronto se manifiesta rompiendo felicidades: “Adolescente todavía. Yo era/ un muchacho cualquiera que vivía feliz entre mis cosas/…/ Nunca sentí dolor, pero aquel día/ noté romperse un grito en mi garganta/…/ Después lo he sentido muchas veces…”.


En “Baladas de la memoria”, el poeta chileno Pedro Lastra, habla elegíacamente  del tiempo y de la    memoria: “Hace justo diez años/ Javier Lentini y yo éramos inmortales…”,  y tiempo y nostalgia hablan del maestro Ricardo Latcham : “ Todo es cuestión de tiempo, como se dice,/ para encontrarlo a Vd., también como se dice,/ a la vuelta de la esquina. Entonces /el discípulo y el maestro seguirán dialogando…” o de los amigos: “… Enrique Lihn, amigo de mis mejores días/ (esos que no llegaron)/ qué puedo hacer por fin/ para encontrar el reino que solo el sueño crea…”, “ Yo digo Roque, Roque,/ y empieza esta función como en un cine continuado/…”.Elegía que a veces deja transitar el dolor: “Deja pasar los años, Víctor Jara, / en el tiempo que viene/ nadie recordará/ al oscuro hombrecillo que ordenó que murieras…”. El tiempo, ese factor elemental de la memoria, con el que la elegía y el recuerdo traban la inconmovible presencia de lo pasado es asimismo factor primordial en esta poesía: “ El futuro no es lo que vendrá/ (de eso sabemos más de lo que él mismo cree)/ el futuro es la ausencia…”, “ Y vinieron los días/ ajenos a sí mismos, / y de nuevo el destello…”. Tan presente la fugacidad y el juego verbal de su contrario: “Y éramos inmortales. Nuestras flechas/ daban justo en el blanco…”
El paso del tiempo, su sedimentos en la memoria, llega a formar parte de esta poesía de la memoria, de la poesía más asentada y al mismo tiempo la que tiene el poder de revivir aquellos instantes que moldearon las poéticas, la que nos permite vibrar con el resurgimiento de los instantes  más decisivos en la vida del poeta, gracias a ese poder alquímico de la memoria, que con el tiempo elabora su más bella estructura

©F.Basallote


martes, 14 de enero de 2014

ARTÍCULOS.UNA POÉTICA DEL CAMINANTE



UNA POÉTICA DEL CAMINANTE










Desde los albores de la humanidad la literatura está llena de viajeros que no dejan de buscarse a sí mismo en la manifestación del mundo que hallan. Desde el Poema de Gilgamesh, hasta el Ulises de Joyce pasando por la Odisea o la Eneida,  el Libro de las maravillas de Marco Polo,  la Divina Comedia, o el Quijote, el universo poético no es sino un continuo sendero por donde el poeta –es decir el hombre- ejerce la inacabable tarea de intentar encontrarse.


Mas, ese sendero no conduce a certezas, sino al mismo corazón del hombre, ya Basho, el poeta japonés conmovido por el paisaje de Shirakawa, escribió: “Imposible pasar por ahí sin que fuese tocada mi alma”. O sea, es imposible tocar las viejas piedras de las ciudades sin impregnarse de emociones, hasta el punto de que el viajero llegue a decir con Antonio Machado: “ni sé si voy conmigo a solas viajando”, es decir, me acompaña la emoción continua del camino.  Así dice Alberto Silva: “Un camino, antes que nada, son personas que caminan”, lo que nos hace volver a Machado recordando que “el camino se hace al andar.”Cuando el poeta se hace caminante no hace sino profundizar en su misión, en el destino de la búsqueda de si mismo y del deslumbramiento en el espejo del mundo donde, de pronto, se ve reflejado en el asombro constante, en la iluminación de su poesía. Y hemos acompañado a algunos en su camino, descubriendo con ellos esos misterios tan sólo perceptibles por los ojos del alma.


En el Libro del Haiku, Alberto Silva dirá “ El haiku es una poesía que contraría la imagen tópica del escriba clavado a su escritorio, inmerso en el silencio….Desde el comienzo de su arte, al menos desde el siglo XVI o XVII, muchos hombres del haiku reivindicron su carácter pedestre, buscando conformarse con la condición de poetas callejeros… Quien dice sendero campestre sugiere, sin duda, intemperie sin techo….”..


Martín Lucía, (Sevilla, 1976), dirá en   Los desperfectos, (Ediciones La Huída. Sevilla, 2009): “Los poetas nos dirigimos al centro de la Tierra. / Caminamos presurosos entre versos labrados. / Y soñamos…/siempre hemos sido sueños antes que hombres.” Y ese viaje bajo la tierra está presente en  De Ida y Vuelta (Editorial Difácil. Valladolid. 2009), en el que Sara Herrera (Jerez de la Frontera, 1980)   transforma el viaje  subterráneo en la línea seis del metro de París que se inicia en la Place de Nation y termina en L´Etoile en un hermoso monólogo en el que el metro parece abandonar su itinerario habitual para adentrarse en un recorrido interior. No podemos desechar el simbolismo de este trayecto, iniciado en un sitio histórico de la Revolución que aún habla de muerte y que termina en el sitio en que el esplendor de la vida se manifiesta en plenitud.  .”.En este trayecto desde la muerte cuenta que “La historia sucede en un asiento viejo ocupado por un cadáver/ que lleva bastón y gafas retro…”, y bajo Montparnasse recordará a “Chagall, Soutine, Miró, Kandinsky, Picasso…”, vivos en su arte, para decir al final del trayecto que “…queda la luz, siempre, donde vayamos.” Es como una inversión del destino, de la muerte a la luz…


Con la agilidad  de ese “…antílope algo menor que un corzo…”,  Cristian Law,
 ( Madrid, 1973), recorre en Algo menor que el corzo,(Pre-Textos, 2009), ensimismado en la contemplación de la naturaleza que en algunos momentos se hace paisaje detenido en la mirada del espacio extenso de los parajes exóticos de un mundo en el que “...las gacelas/ ya sueñan con bandadas de alas libres…” , “cae la nieve islandesa de los nimbos de enero…”  o navega “ sobre el azul mestizo de unas aguas/ donde el mundo / se convierte en estela.”  Y es en esa estela donde se hace poema ese círculo que comienza  en el instante en que cae la tarde, el poeta se detiene en la visión mágica de un cielo rasgado por el paso de las aves que emigran: “Con cuanto afán se pierden las bandadas/ y sólo es el invierno lo que huyen.”, o ese “Azogue amotinado en raso negro/…/ La nada inmune, infatigable, tienta/la golondrina, el pájaro incendiario.  Se hace asimismo  canto a la naturaleza Escrito en la tierra, Ediciones Vitrubio. Madrid,  de Francisco Mena Cantero (Ciudad Real, 1934), Tierra en la que “Las aves –totovías, / alondras, estorninos, / alcaudones, zorzales…/…tienden su canto azul sobre la siembra y el mundo es diferente…”/ .Un mundo luminoso en el que “El espacio/ parece que se incendia/ forjándose en la luz…”


La búsqueda, a veces, en los caminos de la urbe se hace rutina, así en Deambulaciones, Ediciones En Huida. Sevilla, 2010,  Fran Nuño (Bilbao, 1973)    reflexiona sobre la ausencia, la soledad y la impersonalidad de la urbe.  Dirá que prefiere pasear por una ciudad desconocida porque “Quizá de esa manera/ llegue también/ a tu encuentro/ en la ciudad/ de mi propia vida.”, y  hasta cierto punto conforme con su destino dirá: “Pero la ausencia, / sin más, / acaba diluyéndose en nuestra rutina…”


. En cierto modo hay quien retorna como Rafael Suárez Plácido ( Sevilla, 1965) en  El descubrimiento del Bósforo, Diputación de Huelva,2008 , con el sabor acre de quien viene de regreso de la búsqueda de la Quimera, desde islas lejanas en las como punto de partida de un viaje iniciático hacia los terrenos desconocidos de la propia consciencia que suele terminar ,como siempre, en la soledad : “ Hay una isla-lejos/ más allá de donde suenan/ los cuernos de Avalon-/ donde nos reunimos para danzar /los que sabemos de Aklan.”. Hay una oculta sabiduría compartida tan sólo por los iniciados en esta búsqueda… Para los que siempre queda la voz de quien incide en la solidaridad de los caminantes y llama “…bienaventurados los errantes, / los que viajan sin mapa, sin destino, / los que aman sin urgir el estertor,…”como hace en la tercera parte de  Compañero enemigo, Libros de la herida. (Sevilla, 2007), Juan Antonio Bermúdez.

Hay una poética del caminante que ayuda al hombre a descubrir, no solo  los pasajes exteriores, sino ese mundo interior que el poeta digiere a base de emociones y sobre todo de la intensa y penetrante obra del mundo exterior de la Naturaleza con la que se alía en comunión para ofrecernos su obra más pura, la más cercana a la creación primordial.

© F.Basallote





sábado, 11 de enero de 2014

ARTÍCULOS. VISIONES POÉTICAS DE LA CIUDAD



VISIONES POÉTICAS DE LA CIUDAD
















La ciudad, ese espacio que para Spengler definiría la historia de la humanidad y que para  Ortega y Gasset era “ un ensayo de secesión que hace el hombre para vivir fuera y frente al cosmos..  ”., es para el poeta lugar de la nostalgia, paisaje encendido   con las más tiernas luces , las que llevan dentro las candelas del tiempo de la dicha, los instantes perdidos del paraíso. Todo poeta tiene un referente espacial, el lugar de la emoción  o de la dicha, ese sitio que marca el encuadre de una escena irrepetible, inevitable lugar donde la memoria se hace elegía, canto, pura nostalgia. 
Desde los albores de la humanidad la literatura está llena de viajeros que no dejan de buscarse a sí mismo en la manifestación del mundo que hallan. Desde el Poema de Gilgamesh, hasta el Ulises de Joyce pasando por la Odisea o la Eneida,  el Libro de las maravillas de Marco Polo,  la Divina Comedia, o el Quijote, el universo poético no es sino un continuo sendero por donde el poeta –es decir el hombre- ejerce la inacabable tarea de intentar encontrarse.


Luis Artigue (León, 1974) es uno de los poetas leoneses mas conocidos . Su obra “ Los lugares intactos” (PreTextos 2009)recoge las emociones que las ciudades han ido dejando en el camino de este joven poeta y que quedan en el poema como destilación de una experiencia similar a la de la vida y el amor…sendero que incide en los íntimos resortes del corazón. En ella manifiesta un cierto sentido del descubrimiento en las grandezas aparentes de la humanidad, como dirá en el Machu Pichu: “buena cuenta del éxito, del poder, de la vida/ y del amor eterno/da/ asomarse a las ruinas de un imperio.”o en los lugares escondidos como: “La oscuridad de una pequeña ermita/ es la de todos esos poemas que expanden el entendimiento”, en Aveiro. En Una ilusión de continuidad, dirá desde la capital del mundo: “Me siento como el árbol que se mira en un río desde que estoy en lo alto/ de Nueva York.” .Y desde las alturas del Duomo de Florencia: “…El  trémulo/ entramado de nubes. / La villa inmortal enardecida con cierta luz de ficción/ que han tomado prestada a crédito los cuadros del Cinquecento.”  Llegando  a “Jerusalén, la ciudad  cuarteada por las apropiaciones de Dios.” y terminando en Roma: “la ciudad cuya belleza aún es un edicto de alegría “

Hablando de Roma  hemos de citar a Paco Vélez, y su Roma antigua    ese espacio donde el tiempo y la historia se entrecruzaron a orillas del río de la Bética  creando esa metáfora de Roma o espejo que fue en “Itálica y otros poemas” (Nuño Editorial, 2010).Penetrar en los secretos de  Itálica, saber leer sus signos en el vuelo de las aves, en la melodía del canto del mirlo, en la música callada de los cipreses, en los colores del cielo, en ese olor del tomillo y de la retama entre mosaicos y muros vencidos , “Estos…, /campos de soledad, mustio collado/…” , donde con su paciente y buen hacer fue alma y poseedor de todos sus arcanos durante un tiempo que  en estos poemas perpetúa. Como un legionario que viniera de una lejana campaña dirá: “…Venimos desde Roma atraídos por este/ paisaje de luz y brisa azul y verde/ las viñas, los olivos, un río que endulza/…” y sorprendido por tanta belleza  dirá: “¡Queremos ser cautivos de este cielo!”. Y entre sus olivos recordará “…símbolos de mitos y lejanías de una niñez…”, a la par que evocará cómo “…del fruto de sus ramas/ luego oro fundido de la Bética/ en ánforas de barro hasta Roma./…”. Y Roma se transforma en su imagen, Itálica sentida y vivida , desde “…el ruiseñor cantando/ a Venus su amor diario”  al recuerdo de un tiempo: “En estas calles fue posible escuchar/ amor y odio, las risas y las lágrimas/…/también la ira desatada de los dioses…”,“…paseo recordando,/ aquel pasado en vuelto  en mármol grana…”, pasando, sensorial, en primavera por “Las amapolas,/ margaritas y lirios blancos/ coronan el Anfiteatro…”, admirando el duelo   de las diosas: “Desde su bosque Diana/Eterna a Venus contempla…” o el mosaico de los pájaros que le hace decir: “Si en esta tarde sonara la voz de Virgilio…tal vez estos pájaros levantarían el vuelo…” o la danza de la náyade, a la que pedirá: “ Huye del frío mármol de Carrara,/ baila, muestra danzarina/ tus placeres y pasiones/…”.

Las noches de la ciudad eterna, en una visión especial en un  hermoso y complejo libro “Cuatro noches romanas”, Guillermo Carnero (Valencia 1947)  poeta que domina no sólo el lenguaje de la mejor poesía sino que logra en esa dúctil materia con las sutiles herramientas de la emoción y los más hondos pensamientos, levantar un espléndido homenaje no sólo a Roma sino a la perenne gloria de la Poesía. Pero Cuatro noches romanas no es un libro elegíaco al uso, es algo más, es una especie de meditación final, una recapitulación de lo vivido, el amor, la belleza, el arte, y el hallazgo del vacío tras el tiempo … en un diálogo en cuatro fases con la Muerte. En Campo de Fiori, dice la Dama :” – Después de tantos años escribiéndome/ hoy has venido a verme.” y responde el poeta “ –Siempre supe/ que hacia ti me llevaba mi destino ,..”.En el Jardín de Villa Aldobrandini, donde “- Nadie, hace siglos, viene por la noche/ a este lugar oscuro y solitario”, dice la Parca y le contesta el poeta: “–Lo sé; pero me atrae su rüina/…/ la fuente muda cuya taza cubre/ un amasijo de raíces muertas. / Hoy no quería verte/ entre las luces y el bullicio. En el Cementerio Acátolico se desarrolla la tercera noche romana. la Dama dice: “-Mira a tu alrededor; no te complazcas/ sólo en la destrucción y la rüina. /No hay lugar en el mundo donde brille/ más alta/ la belleza de la muerte.” 


En Desde este otoño, el poeta tinerfeño  Miguel Martinón, escribe la elegía simultánea del tiempo y del espacio, de la  vivencia intensamente renacida: “.Ciudad tan próxima y tan lejana/ puedo verte a través de las palabras,/ que vuelven al nacer el día/ oírte desde dentro y desde fuera/ inestable en el filo de la hora…”/, “ Te veo desde fuera y desde dentro/ te veo entre la lava y la palmera…”, “..y te llamo y te oigo,/ Oh ciudad de los flamboyanes,/ por los mares sin bordes del insomnio,/ cuando la luz callada llega hasta esta hoja,/ hasta los ojos que la leen/ y todavía pueden verte.”


En otras ocasiones la ciudad evocada forma parte de lo que Spengler llamó historia ciudadana, es decir historia de la humanidad, como sucede con José Emilio Pacheco, que en su libro  Ciudad de la memoria,(ERA, México, 1989) canta a las culturas desaparecidas, como en Presagio de Islas a la deriva: “  -Vuelven los dioses- dijo Moxtezuma-/ Las profecías se cumplen. No habrá oro/ capaz de refrenarlos. Del azteca/ quedarán sólo el llanto y la memoria.”


Sara Herrera Peralta ( Jerez de la Frontera, 1980) en “De ida y vuelta” (Editorial Difácil. Valladolid. 2009) hace un recorrido interesante.   En El Trayecto formado por veintiocho poemas, cada uno titulado con el nombre de una estación de la línea seis del metro de París que se inicia en la Place de Nation y termina en L´Etoile. Sara Herrera transforma el viaje  subterráneo en un hermoso monólogo en el que el metro parece abandonar su itinerario habitual para adentrarse en un recorrido interior. No podemos desechar el simbolismo de este trayecto, iniciado en un sitio histórico de la Revolución que aún habla de muerte y que termina en el sitio en que el esplendor de la vida se manifiesta en plenitud.  No podemos perder este simbolismo, ya la poeta dice al comienzo: “ Una vez creí que la vida estaba muerta, me adentré en el túnel..”.En este trayecto desde la muerte cuenta que “ La historia sucede en un asiento viejo ocupado por un cadáver/ que lleva bastón y gafas retro…”, encontrando en los pasajeros  a “ la madre que amamanta con el dolor bajo la lengua…”  y bajo Montparnasse recordará a “Chagall, Soutine, Miró, Kandinsky, Picasso…”, vivos en su arte y en el andén observará como una pareja se separa: “Ya son andén,.Ya son distancia.” , para decir al final del trayecto que “…queda la luz, siempre, donde vayamos.” Es como una inversión del destino, de la muerte a la luz…La segunda parte, El Viaje, consiste en otros veinte poemas, cada uno podríamos decir que “etiquetado” con los códigos de los aeropuertos con que las compañías aéreas rotulan las tarjetas del equipaje, el origen o el destino de sus vuelos. Inicia el viaje en Fiumicino [FCO] y tras hacer escalas en aeropuertos de los cinco continentes, diciendo “ Las maravillas del mundo exploran mis dedos…” o “Al llegar al límite de los besos, aún en el destierro,/ las sábanas se agotan…”, al llegar a Tokio dice “ Hoy , que renace Madame Bovary./…/ Y sólo tengo un arma,/ que es la herramienta de mis manos,/ el vértice de mi garganta:/ la palabra.· ” Llegando a decir en París [CDG]:  “ Hoy soy todos los paisajes que quise ser…” y al terminar en Lisboa dirá: “Admito que sólo busco/ la compactación de la esperanza..”

En el  poemario Ocho islas y un invierno, de Marta Navarro (Zaragoza), que desde un estadio de sensaciones luminosas nos traslada a un archipiélago intenso de emociones, en un fecundo artificio de creación en el que suenan cercanos los versos de Baudelaire y las restallantes pinceladas de los impresionistas. Colores asimismo de los lugares, de las ciudades luminosas, “El bosque urbano que habitamos/ nos cede la memoria de la nieve.”, color a veces triste como  “Hoy no escribo palabras, hoy las escupo, / las derramo una a una/ contra el cielo plomizo de Yakarta.”, o llenas de frenesí como “Regreso a Taormina,/ a la intimidad de sus curvadas calles/ …/con el sudor rubí en la cintura/ y el deseo trenzado/ sobre infiernos de seda.”

En  La  Ciudad, (Pretextos, 2011), el poeta salvadoreño Jorge Galán( El Salvador, 1973).nos habla de la ciudad agredida por la falta de convivencia, constituyendo un alegato contra la desestructuración urbana de la vida moderna.  La niebla es la agobiante presencia de la cotidiana pesadumbre de la ciudad asediada, en la que las pérdidas elevan la categoría de  la tragedia, “La ciudad se ha reducido a un murmullo lejano…”  y en ese paisaje:” la veo marcharse calle arriba como quien ve su propia alma/ abandonar su cuerpo y ascender y perderse./…” y el tiempo vuelve a ser una medida de lo imposible: “…¿Cuántos años de espera me acompañan?...”, en el que sólo la nostalgia pone una cierta luminosidad:  “…Pequeño antiguo amor y si tus brazos/ y si todo tu cuerpo cayese sobre mi/ como esa nieve que cubre los caminos…”. En Lo real,  se manifiesta con mayor intensidad el desasosiego de una ciudad sombría: “ …la ciudad que se hundía en el fango/ como una viuda ensombrecida,…”. La vida en un barrio joven protegido por barreras  “Como una ciudad solemne de hace quinientos o mil años/ este pequeño barrio joven está rodeado de murallas…”, una terrible cotidianidad en una ciudad que “ha modificado nuestras almas originales,/ las ha provisto de una esencia distinta/ y esa esencia es semejante a la del animal/ en el instante de proteger la cueva del refugio/ a punto de la primera nevada.”.

La voz de los poetas en todos sus registros nos ofrece un abanico de visiones donde la nostalgia y el canto ejecutan la trama más sutil de ese espacio donde la humanidad manifiesta su vocación de colectividad, la urdimbre de la historia…

©F.Basallote