martes, 3 de diciembre de 2013

DESDE ESTA LUZ DE FRANCISCO BASALLOTE



DESDE ESTA LUZ  DE FRANCISCO BASALLOTE
Antología  1988_.2012
REAL SDAD.ECONÓMICA DE AMIGOS DEL PAÍS. VEJER. 2013














Con las siguientes palabras  define  Francisco Basallote la influencia de Vejer en su poesía. Vejer y su luz están presentes en toda su obra, sin embargo tiene escrito libros en los que esta presencia es absoluta, total, y esos libros son los que se antologan en este DESDE ESTA LUZ, que el autor ofrece y dedica a su pueblo: Frontera del aire, Retorno a Mellaria, En las colinas de Bashir, Cuaderno de Buenavista, Palimpsesto de Plazuela, Naturalezas muertas y La sombra de Euclides. Ellos, escritos desde esa intensa luz, muestran una parte de su obra poética: la más cercana al corazón.


“No puedo descender a la memoria sin encontrarme en sus más profundos estratos la presencia de una luz y de un mundo de color que todo lo inunda: Vejer o mejor, mi Vejer infantil, el Vejer de Puerta Cerrada ¡ay!, del Barranco, del Castillo, de Las Monjas, de la Puerta de la Iglesia, de la Plazuela… el Vejer de los patios de mi infancia, el naranjo y el melocotonero de mi abuelo, la celinda, la parra, los geranios… el Vejer de las azoteas blancas, de los tejados empinados, de su cielo azul, de África, tan cerca desde sus pretiles… el Vejer de las noches serenas, en las que se oía el ritmo de las estrellas, la respiración de la luna, blanca, reflejándose en la cal o el terso raso de la oscuridad callada… , el Vejer del levante, como desatada pasión de la tierra o de los suspiros de la Breña, lejana, a su impulso…al húmedo Vejer de los inviernos, al cariño marino del vendaval y al verde esplendor del musgo entre las piedras…”

Algunos poetas han comentado esta Antología: 


DESDE ESTA LUZ 
Cuánta luz pone en sus versos tersos como cuerdas sobre las que palpita un resplandor que viene de lo hondo, no de arriba. Se acicalan los cielos, las palomas, los cálidos jazmines, los arriates tocados por la magia de un lirismo que al mismo tiempo seduce y emociona.
Uno agradece ver los pasos del poeta ascendiendo por una blanca senda que lleva a los rincones de la infancia, a los cañaverales del amor.
"Entre las sombras del tiempo", como él dice, hallas el huerto de las zarzamoras, la magia del molino, los arroyos. Francisco Basallote ha escrito un libro donde reúne el milagro de su tierra, el rostro dulce y puro de un Vejer al que uno entra cuando pisa este poemario, cuando abre la ventana de unos versos que son dorada sombra, magia y sol.


Alejandro López Andrada.(Diario Córdoba)




“Desde esta luz”, haciendo honor al título, es mucho más que una antología, pues proyecta, sin duda alguna, el resplandor de un pueblo que, para quienes hemos tenido el privilegio de visitarlo, parece hecho de luz y es esa evanescencia, transmutada en materia, la que captan, entre mágica y geométrica, tus poemas del ciclo vejeriego: un auténtico lujo para la sensibilidad, que acredita al poeta verdadero.
Y lo que digo siempre en casos como el tuyo: bendita tierra, la que honra a sus poetas y benditos poetas los que saben amarla.
Domingo F. Faílde




Desde esta luz, de Francisco Basallote, fanal encendido en oscura noche.


La mirada inflamada del poeta vejeriego prende, como pavesa encendida, en cada verso de esta bellísima obra antológica. Donde la memoria de la luz es estancia prodigiosa.
El tiempo poético tamiza la dimensión del que inexorable nos atraviesa como golondrinas surcando el celeste cielo en su retorno primaveral. “El ángel de la verdadera poesía” expresaba y definía con extrema sencillez -¡Esas… no volverán!- el pulso que contiene la cadencia de su paso, y el malogrado empeño en retener la esencia. La evocación es un canto herido. Se manifiesta como el albor que libera al mundo de la espesa oscuridad. No sin antes sangrar su ingrávida naturaleza en el claror del horizonte. Tiempo y luz son capitel y cúpula. Arquitectura mundana y celestial de las ruinas que fueron muros insalvables en la niñez, cabalgadura pétrea en la adolescencia, linde de sueño y realidad en la ufana complacencia de la juventud y leve roce de los arrugados y entumecidos dedos, barruntando la decadencia, en la linea de sombra del periplo existencial.
Desde esta luz -Edición de la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Vejer- se consagra a la ciudad de Vejer de la Frontera, “Y eres, como un lejano sueño / inaccesible alcázar / ciudad que blanca emerge / como espuma de cal / de las verdes colinas de Bashir“. Una obra antológica que recoge durante un periodo de veinticinco años, a modo de cosmogonía geográfica y anímica, la percepción del inveterado espacio que pervive con sin igual viveza y exorno en el patrimonio emocional del autor de Julio Mariscal y la revista Platero. Con una poderosa y hermosísima dicción lírica, sostenida por un trabajo de decantación paciente de la palabra poética, esta obra acuna el gozo de la recóndita belleza, “Como siempre, he subido / a Buenavista /para detener en su oro / el tiempo del crepúsculo / su instante de arrogancia / en que la tarde / quiere emular / con artificios / de cúmulos y estratos / tu geoda de luz”, la fiera venganza del tiempo, “Quisimos retornar / al paraíso / y beber en la fuente / de los días felices. / Pero vuelvo con más sed. / En su caño seco / los despojos de una luz” y la reflexión mascullada en soledad, “Si como un reptil / se te enrosca la emoción / al árbol de las lágrimas / al poner los pies en este umbral / no lo hagas porque evoques / los días del limbo, / hazlo precisamente / porque es triste / que el único destino de las puertas / sea cerrarlas…“.

Sencillez, claridad y emoción son los ejes vertebrales que inciden con luz propia -desde la que nos habla- en los resquicios más íntimos en los que abunda esta panorámica del universo vejeriego. El poeta ciñe su escritura a la cartografía de un mundo sumido en los recuerdos. Puntal efímero y frágil del que se nutre para enunciar en el viario urbano, en el firmamento y en la conjunción de cielo y tierra, el amor por su localidad natal, “Cercarte ha sido siempre / labor de mi impotencia, / jalonaron mis ojos / tu silueta como borda / su lascivia el deseo / del desamado / en las sedas turgentes / de su tristeza” que es, a la par, amada y esquiva. Su dicha y desventura se hallan en el corazón de almagre sobre el que deposita el cúmulo infecundo de un tiempo dormido en la memoria. Tacto y sensación de pérdida, que es prefacio de lo tristemente imaginable, como expresaba Luis Cernuda -en este año 2013 se celebra el cincuenta aniversario de su fallecimiento en el exilio-, “los que se amaron perdieron / como un recuerdo en sueños“. El título de la obra es la consumación de ese apartamiento que tanto gusta al autor. Sitúa su posición en ese lugar que para él es principio y fin: el mismo lienzo para acoger la vida y acunarla pero también como mortaja para despedirla.

Francisco Basallote, en su aquilatada, fecunda y solitaria trayectoria poética, alberga el afán hospitalario, desde su faceta de crítico literario, de mantener una especial disposición y atención a los nuevas voces poéticas que inician su camino, componiendo en sus análisis literarios una caleidoscópica aproximación a los reflejos en los que sea aprecian la naturaleza de la materia transparente, inherente a la palabra poética. Con esta obra antológica moldea a aquélla con manos de gasa. La luz se filtra entre su trama hasta despertar el alma y esculpir su voz dormida. La inquebrantable decisión de mantenerse en la senda del silencio fideliza sus principios, al prescindir de la banal y fútil presencia social y literaria. Señala Antonio Gamoneda que “la poesía es un asunto que se resuelve en soledad“. Soledad y silencio son compañeros de viaje de quien hace de la poesía su mandamiento de luz. Una luz que es canto y camino de levedad, “Cendal flotante de leve bruma“.



domingo, 1 de diciembre de 2013

CÁDIZ EN LA POESÍA DE JOAQUÍN ROMERO MURUBE




CÁDIZ EN LA POESÍA DE JOAQUÍN ROMERO MURUBE










 


JOAQUÍN ROMERO MURUBE









 

Joaquín Romero Murube

Nació en el pueblo sevillano de Los Palacios y Villafranca, el 18 de julio de 1904. Durante toda su vida participó activamente en diversos acontecimientos propios de la ciudad de Sevilla, de la que fue un amante y defensor empedernido; este poeta fue Redactor Jefe de la revista Mediodía, ateneísta,  Director de los Reales Alcázares, pregonero de la Semana Santa del 1944, Rey Mago en la cabalgata del 1937 y Hermano de la Hermandad de la Soledad de San Lorenzo.

Vinculado a los vanguardistas de su época, su afición por la escritura comenzó a una temprana edad. Así en 1923 publicó La tristeza del Conde Laurel y Hermanita Amapola en 1925. En 1929 escribió Sombra apasionada, libro dedicado a Gabriel Miró, donde alterna diversas técnicas narrativas como expresivas: prosas sensitivas y creacionistas, surrealismo, poesías clasicistas y neopopularismos. En este primer periodo narrativo y poético de Joaquín Romero Murube se denota la influencia de autores como Ramón Gómez de la Serna, Valle-Inclán o Pedro Salinas. 













En 1934 publicó el ensayo José María Izquierdo y Sevilla, fruto de la concesión del Premio Izquierdo de ese año, otorgado por el Ateneo hispalense. Ese mismo año publica otro ensayo titulado Dios en la ciudad, que más tarde incluyera en su obra Sevilla en los labios, en 1938, uno de sus libros más importantes. En 1943 publicó Alcázar de Sevilla - Guía turística, y su Pregón de Semana Santa en 1945, Memoriales y Divagaciones entre 1950 y 1951, Lejos y en la mano en 1959 y Los cielos que perdimos en 1964; las tres últimas obras forman su trilogía sobre los espacios de la memoria. También escribió una obra sobre la figura de Francisco de Bruna y Ahumada, sobre sus experiencias y logros en sus 42 años como responsable de los Reales Alcázares de Sevilla, justo como dos siglos más tardes lo sería nuestro poeta.









También se deben destacar sus obras Ya es tarde (1948) y una hermosa elegía de su pueblo, bajo el título Pueblo lejano (1954).

 Su poesía fue evolucionando a lo largo de sus obras, desde Sombra apasionada, pasando por Siete romances (1937) -que dedicó a García Lorca, sin nombrarlo-, por Canción del amante andaluz -donde vuelve a la mirada interior del poeta- Kasida del olvido -asomo a la poesía arábigo andaluza-, Tierra y Canción -recuerdos portugueses y florentinos-, su última obra.

 Gran amante de Andalucía, tiene sentidos poemas a la región y a sus ciudades, además de los que dedicó a  Sevilla.


A Cádiz dedicó, entre otros poemas, éstas












FALSETAS EN LA BAHÍA

Anoche, con luz de luna,
sin que nadie me escuchara,
dijo su canción más honda
mi soledad de guitarra.






Por el malecón subía
al filo de la muralla
un perfume de guajira
triste de Cuba y de España.




Y luego cante de Cádiz…
Hondura de madrugada
con estrellas en las voces
y el mar amargo en las almas.


Los hombres tienen su pena
en intimidad cerrada,
pena de nardo y orgullo
con raíces ignoradas.

¿Y qué se te importa a ti
el color de mi desgracia.
Te enteras porque te enteras.
Por culpa de esta guitarra.

Entre salinares rosas
y jardinillos de agua
hay un camino camino
de San Fernando a Chiclana.

Tengo una mujer en Cádiz
y otra mujer en Triana.
Las dos de carne y de  sueño.
Las dos se ven en el agua.

¿Qué dónde vivo en Sevilla?
No tengo alcoba ni casas
Vivo en el barrio de espejos
que hace el río en Triana.





Tuvo una intensa relación con Cádiz y su provincia, -veraneó en Conil-, por lo que fue intimo conocedor de sus  playas, a las que poetiza en innumerables poemas, escogiendo de todos ellos , como representante de su  amor el siguiente:












LAS PLAYAS DE HÉRCULES

 De Roche a Trafalgar, playas de Hércules
trono del sol y puerta de dos mares
por donde mi dolor paseó un día
llama de angustia en puras claridades.

Luz sin final, esencia de sí misma
que ahonda el horizonte en lumbraradas,
donde los ojos mueren impotentes
para seguir, de Dios, la veste en llamas.

Montes de sal, pinares sobre el oro
del roquedal batido por las olas.
Aguas por donde el sol vuelva sus luces
creando los caminos de las horas

Y un latido de espumas fugitivas
que acompasan las olas en la arena
con una sideral música blanca
de onda que lame el borde de la tierra.

Nácares, conchas, luz petrificada
que su alma en iris lanza por los aires.
Arenales que al viento se doblegan
guardando su caricia en suavidades.

Perdido en esta luz ¿qué son los ojos?
¿Qué junto al mar, el cauce de mis venas,
ni el ritmo de mi canto y mi palabra
junto a la voz del aire en las canteras?

Sólo tu fuerza, amor, tirano y rey
de mi sangre y mis ojos, dulce fin,
puede llenar tan vastas soledades…

¡Y en esta soledad, yo vivo en ti!















Y en esta RUTA DE CONTRABANDISTAS, recorre la costa desde Tarifa a La Isla, siguiendo los pasos de los contrabandistas:

RUTA DE CONTRABANDISTAS  




Tarifa, castillo y playa,
Tarifa, con sus balcones
sobre el Estrecho y la costa
negra de Sierra Bullones.




Zahara de los atunes
no tiene calas ni abrigos.
Hacia los Caños de Meca
por Bolonia y sus castillos.





Entre dunas y palmares.
Los pies en la arena blanca
se hunden en suavidades
como el viento por el agua.






Ya en la trocha de Vejer
los cinco contrabandistas.
Ya se han quitado el sombrero
por la Virgen de la Oliva. 








Y en Facina y Benalup
hacia las sierras de Bornos.
Montes dorados de ocaso.
Valles de azúcar y mosto.









El peñón de los ingleses.
Las serranías de Ronda.
Y hasta los barcos de Cádiz
desde Medina Sidonia.











San Cristobal de los montes
por Grazalema se empina,
con torrenteras azules
y soledades de sima.







 


...En una casa de sal
con molduras encaladas.
En una casa cualquiera
de la Isla o de Chiclana.






F.Basallote